sábado, 22 de agosto de 2009

Viaje a la adolescencia

No lo llamé los años maravillosos, a pesar de que esos cinco años fueron una de las épocas más bellas de mi vida, mis años maravillosos son los presentes…


Aurelio, pelo negro y bigote poblado como un corregimiento, el tío que siempre me pareció muy grande me saluda, hoy sé que soy más alto que él, conserva ese acento y ese gesto de la ceja fruncida que comparte con Pedro, camina por las calles de un pueblo renovado, las casas coloniales han desaparecido, las hierbas que crecían sobre un pasaje, al igual que el pasaje ya no existen, Pabas el loco, ya no usa pañoleta ni ruana, continúa gritando en las calles con saco y corbata.

El parque ya no tiene cuatro fuentes sin agua, ahora hay una sola, también sin agua, sí, hace 17 años las cosas eran muy diferentes. El viaje de negocios se convierte en un viaje a mi adolescencia, hoy jóvenes punk y emos caminan por las calles mientras abuelos con sombrero y ruana de lana se les cruzan. Un niño de 12 años conduciendo un camión y mi madre exclama "que irresponsabilidad", parece que olvidó que a esos mismos 12, tacos de madera me servían para alcanzar el acelerador, el embrague y el freno del ya extinto Nissan Patrol en el que en ocasiones llevé a mis profesores de séptimo al colegio.


Mi colegio...





Los gomelos le dirían campestre pues está en el campo, yo le digo rural, 15 años después los muros ya no son blancos y rojos, la cal ha sido reemplazada por un vinilo verde que contrasta con naranja, extraña combinación no apta para los niños enguayabados; la cancha de micro que es patio, el lugar donde con mi compa Fredy batimos las marcas de izadas de bandera; los muros donde hicimos los primeros y creo únicos grafitis en la historia del colegio, en ese entonces, no fue difícil saber los responsables, sólo Fredy y yo leíamos a Confucio.

Aún existe el túnel en medio de los árboles, ese que lleva de la huerta a la cancha y del que sales verde y oliendo a pino, desde luego hoy ya no cupe. La piscina, aquel esperpento arquitectónico sin calentador en el que con 12 grados de temperatura nadar era heroísmo, donde reforcé mi fobia al agua, aún sigue desocupada. La cancha de futbol tiene el mismo morro en el que los balones se desviaban, la pista atlética desapareció y con ella las marcas que hicimos con las vueltas campana en el tractor... recordé que soy agropecuario, ver cerezos, ciruelas, duraznos, ovejas, vacas, cerdos y conejos...

Quién no se enamoró de su profesora de física, la más bella, pelo impecable, la profe que te trataba mal porque según ella sabía que eras bueno…pues estaba allí, 20 años después de haber entrado a la clase de física, 12 años después de que al verla le dije que ella tenía el secreto para hacerse más bella a medida que maduraba, hoy el sol ha cumplido su papel, su larga cabellera negra ostenta hilos que en mi adolescencia hubiera jurado eran de plata, hoy me vuelve a regañar, ¿de qué sirve que sea tan juicioso y le vaya bien en el estudio si se está degenerando?...


Los primeros amores...

“Hola F”, me dijo hace 10 años…- ¿cómo me reconociste? Le pregunté....- esos ojos nunca los olvidaré. Ella, Claudia, rubia y de ojos verdes, conserva un dejo de ternura, sumados al paso de los años, el paso de la familia y de los hijos.

- Buenos días, - Dígame señor en qué le puedo servir?, - ¿Claudia?, - Si señor dígame… Hoy, la niña que a sus 13 me dio mi primer beso, ha olvidado los ojos que dijo no olvidaría…

Con los recuerdos revolcados regresamos, un paso por Tunja, esa ciudad fría que nunca me ha gustado, sus calles angostas, sus aceras casi inexistentes, la hicieron en una loma que queda junto a un valle; entre vueltas de negocios se requiere ir a Corpoboyaca, allí, mientras aguardo en la entrada, aparecen unas pecas sin igual en un rostro casi igual salvo por algunas arrugas y unas canas, “hola, qué milagro", "si se acuerda de mí"…increíble, más de 15 años sin vernos y nos recordamos mutuamente con la primer mirada, bien dicen que uno nunca olvida su primer … 
Polvo que se mueve quizá por ser agosto y con sus vueltas me ha traído a estos sitios, pecas tiene tres hijos, se casó con un amigo, se separó de mi amigo, es prima de Fredy a quien hace 12 años no veo y eso que fue mi mejor amigo.

Es la hora del regreso, mi madre en un café me mira a los ojos, hoy 34 años tarde hace un descubrimiento: -“qué te pasa en los ojos?, en la mañana eran verdes y ahora son azules”.

Me preguntó ahora, de qué color los recordaba Claudia.

Sutatausa

Dadas las limitaciones de tiempo del 13 de agosto, en que una maleta Totto azul, unas flores y una cena en el Sandwich me parecieron insuficientes, quise celebrar su cumple por lo alto, si Sutatausa parece más alto aunque en realidad está a la misma altura que Bogotá, caminatas agotadoras en las que mis 34 y su juventud se notaron, sonrisas, risas, energía. Cada rato me sorprende, la compañera perfecta de viaje, no se enoja, no se rinde, ve el lado positivo, hasta comer sentados en un andén le parece chévere.
Con el ánimo de una declaración subimos al cerro de Lourdes en Cucunuba, el viacrucis de agosto da como resultado sus nuevos sueños que de paso cohiben mi declaración.

A veces quisiera poder expresarle lo que significa para mi vida, a veces quisiera que supiera que para mi es perfecta, que luego de estos años de experiencias locas y de muchas locas, su llegada me llena de felicidad, si, quise celebrarle el cumple de manera diferente, puedo decir que cada sonrisa me recompensó, más no sé aún si ella sabe que el regalo es de ella para mí.

viernes, 7 de agosto de 2009

La cédula de mi abuelo

Uichhh ¿y esa cédula?....fijo es la de tu abuelo...



Siempre sospeché que fue la última de su estilo, Felix tan sólo un mes menor que yo, recibió la nueva edición, esa cédula plástica con código de barras, RH, y dos huellas digitales, bueno una, la otra era la cara de Felix quien en esa época tenía cara de huella.
Aún recuerdo el día en que mí abuelo la vio, él a sus 84 años sacó su cédula, el mismo modelo que la mía pero con 66 años más de historia, la puso junto a la mía, sonrío y me dijo "mire la boca y la quijada, igualita a la de su abuelo...mire el peinado...igualito"... no me sentí mal por tener un corte de pelo de los años 40, al contrario, la cara de orgullo de mi abuelo, ese campesino que aprendió a sumar, restar, multiplicar, dividir, leer y escribir en las únicas cuatro semanas que estudio en toda su vida, se conserva en mi memoria.
Hoy, quizá por la cercana época electoral me entregaron de manera anticipada mi nueva cédula, tiene el mismo escudo del que aún no entiendo por qué conserva el istmo que perdimos hace más de 100 años, el oro que perdimos hace 500 y, la libertad y el orden que perdimos hace 50.
Hoy, mientras recibía mi cédula recordé a mi abuelo, a mi infancia allá en la finca, a las tardes en que subíamos por el agua y bajábamos a su paso (el del agua), a las tardes de aguaceros con sus verdes, a las tardes en silencio viendo el sol. 
Hoy 16 años después mi abuelo ya no está, tampoco está esa cara de juicioso, ni ese corte de pelo y mucho menos la corbata, mi ciudad ya no es santa y tampoco tiene fe. Hoy mi cédula dice que soy O como mi apellido y también soy positivo. Hoy ya no tengo cara de niño, hoy no sé a quién me parezco.