martes, 10 de noviembre de 2009

Chocó, somos pacífico

Quibdó

Llueve en Bogotá, las 6:30 am se hacen 7:00am y la cubierta de nubes grises se atraviesa con cierta vibra, ventanas en blanco invitan a leer y 25 minutos bastan para aburrirse; un vistazo a la izquierda y el blanco da lugar a una postal, con el alma en la mirada los nevados del Ruiz y del Tolima (o eso creo) son los protagonistas de la mañana, lástima grande, 30 más en el avión que nos los ven.

El vuelo continúa, se siente el descenso, las nubes no se abren, de pronto estamos cerca, un aeropuerto invisible se sabe que está allí, en medio de dos nubes se ven dos o tres árboles y en menos de un minuto el suelo hemos tocado. De prisa tomo un taxi con rumbo hacia el hotel, las calles destapadas, o mejor empedradas, con curvas y altibajos, con orden aleatorio, aquí soy minoría.

Quibdó, los negros y mulatos dan cuenta de su historia, no obstante entre sus calles se siente el abandono, en medio de la selva se siente un desarraigo y no el de los nativos, es el de forasteros…

La lluvia es la constante, igual las mototoxis, sombrillas de colores protegen pasajeras, shakiras en el pelo de niños con su ritmo, yo, trabajo una vez que otra muy cerca del Atrato. La gente es diferente, se sienta una tensión, soy blanco y forastero entiendo en cierto modo; entre ellos se hacen bromas, le temo a decir algo, mejor sigo en mi cuento y ya somos amigos.

En tres atardeceres que predijeron lluvias, yo no supe nunca, si fue desde el cielo o fue del río Atrato, que dos niños surgieron bailaron y saltaron el teatro de siluetas para un espectador, al tiempo que el telón mostraba al río hacerse oro.


Nuquí - Utría.

Atrás queda Quibdó, el verde de la selva inunda la ventana, lo cortan líneas ocre de curvas acentuadas, tan sólo en minutitos manglares son la unión del mar con la gran selva, intuyo que esa entrada es el Golfo de Tribugá.

Estamos en Nuquí, almuerzo con pescado y de una a la lancha, el mar está calmado, al cabo de hora y media reencuentro con Utría, hoy como hace cinco años tampoco vi ballenas, hoy veo el mar más verde, más lindo el hotelito, tampoco veo el sol.

Las noches son hermosas, si uno está de buenas se observan las estrellas, la luna que está llena convierte noche en día, el canto de la selva se mezcla con las olas que vienen y que van y crecen con la lluvia, que aquí nunca termina.

Pescado en la mañana, pescado al medio día, pero eso si variamos la cena es con guacho, especie de risoto de piangua y queso entremezclado.

La noche tiene magia oculta entre las aguas, dibujas con las manos, dibujas con los pies y miles de estrellitas se expanden de los trazos, me dicen que es el plancton o tal ves photoplancton, lo cierto ya no importa tan sólo hacerse niño jugando con el agua.

Tan pronto como vine y tengo que partir, termino con mi charla y me recoge Luis, los dos en una lancha con rumbo a la tormenta, Pacífico es apodo para este mar picado, con lluvia que en minutos te moja hasta el… Los saltos de la lancha acaban con mi cola, de paso me preocupo por mi pequeña Mac, le sumo mi acuafobia que solo se me olvida cuando en Jurubida, los morros de su frente se cubren de colores que en forma de arco parecen una entrada.

La lluvia que se arrecia, el cielo aún más gris oculta tierra firme y entonces Luis da el giro, entramos a un manglar y henos en Nuquí. Sus calles hoy son ríos que andamos en chancletas, abunda el reggaeton que bailan los pequeños no importa cuanto llueva.

Llega el día de regreso, hay tiempo para ir de compras, artesanías en okendo y otras en werregue, al fin me dí ese gusto. Dos horas de retraso y de vuelta a un avión, adiós a Tribuga, el vuelo está movido es sólo una tormenta que tiñe las siluetas de los cerros. De nuevo en Quibdó, de nuevo las esperas, al cabo de cuatro horas la noche ha llegado, con rumbo a Bogotá y mañana a San Andrés, así como les suena, hoy en el Mar Pácifico, mañana al Mar Caribe…



PD: de Nuquí con amor una camisetica para Bones, la talla se midió con la palma, si su cintura mide una cuarta y dos deditos...lo divinas que se verán esas tiritas sobre su piel canela

2 comentarios:

Anónimo dijo...

El domingo le conté a Vicente y Manu que Colombia tiene oceano Atlántico y Pacífico, no lo podian creer. Aprovecha esas bendiciones!

Vex k'uj dijo...

Seguiremos aprovechándolas, nos fuimos para Amazonas...y ya te contaré.