









Habiendo cumplido la tarea que me dejó Zlop, inició en lo que para mi es madrugada, el nuevo periplo. Samaná, Victoria, Marquetalia y Norcasia en Caldas son los destinos esta vez, pueblos similares, pueblos de difícil acceso, pierdo la cuenta de las horas de carretera, si, lo sé, me quejo mucho, pero es que luego de 5 horas por terreno pavimentado y 4 por una trocha en la que el bus se zarandea como perro cojo bailando reguetón se le acaba la cola hasta… pobre de mi, se dejó aún más plancheta.
Las primeras horas cuando la carretera pavimentada rodeada de bosque y cultivos se veía verde, pensaba en que los extranjeros se sentirían en medio de la selva apenas saliendo de la Dorada; con el paso de las horas bellos paisajes repletos de bosques exuberantes, agrestes montañas, filos a lado y lado, plantas de hojas grandes, incontables caídas de agua, trochas en las que un 4x4 gozaría su estreno, quien se sentía en medio de la selva andina era yo.
Al llegar al primer pueblo recuerdo mi lema: Lo bueno de que no te hagas expectativas es que una vez conoces la realidad no te desilusionas.
No les contaré mucho, he de volver a tomar fotos de los paisajes y atractivos, he de volver con una mirada menos crítica pues esta vez las altas expectativas respecto al turismo generadas por otros procesos, el sueño creado de turistas europeos que vienen a ver aves, las ideas de motores 400, yates, lanchas y hoteles flotantes en sitios a los que no llega carretera me dan grima. ¡Es que F hacemos unos paquetes turísticos hermosos, espectaculares, el problema es que nadie viene¡, me dijo el Doctor asesor departamental… da grima.
El diseño de todos los pueblos guarda elementos comunes que garantizan la satisfacción de visitantes y turistas, así, en cada municipio se ubican estratégicamente los hoteles de forma que durante la noche puedas apreciar el bello espectáculo cultural, común también en todos los pueblos: bajo una horrenda música a todo volumen, grupos de personas desordenadamente, beben, gritan, hasta emborrachare, garantizando así un implácido sueño.
Casi una semana en estas, con talleres, con gente ilusionada, sin Internet ni celular, extraño la tecnología y quiero regresar a Bogotá.
Llego casi a media noche a Bogotá, el invierno ha sido inclemente, por el invierno un árbol del frente de mi casa se cayó; con su caída se llevó las cuerdas de energía; con la llevada de las cuerdas se generó un corto y un apagón, si hay apagón debe volver la energía, así que con su regreso me quedé sin lavadora, TV, teléfono, modem, Internet y sistema de sonido.
¿Señor y es que usted no desconecta todo cuando sale de la ciudad?... respuesta oficial de Codensa quien en pleno siglo XXI parece del XIX.
Extraño la tecnología y eso que ya estoy en Bogotá.