domingo, 26 de diciembre de 2010

En busca de la nieve



3:30 am, "Amor, me traes un vaso de agua", en terreno aún desconocido camino hacia la cocina, enciendo la luz, saco un vaso y lo ubico sobre en el dispensador de agua de la nevera, frente a mi "water, ice, cubes, crushed..." la duda me invade, presiono el botón "water" que es lo que busco, el LED se enciende pero no pasa nada, muevo el vaso en busca del sensor que pienso detectará el vaso y lo llenará pues al fin y al cabo estamos en EEUU, pero no, medio segundo después me doy cuenta de que habría de presionar con el vaso un botón grande... por los dioses, ¿de qué me sirvieron los 5 años de diseño si ni siquiera sé usar una nevera?... esta sería la primera pero no la última anécdota, así me pasaría con la máquina lavaplatos, la ducha, el calefactor, los cajeros, los carros... con todo.


Bones está convencida de que los días y las vacaciones hay que aprovecharlas, su ritmo acelerado comienza con un paseo en bici hacia el sur de la ciudad; en mi segundo día en EEUU recorremos senderos que borran en minutos la imagen triste de los paisajes ocres del primer día, ahora los azules del cielo contrastan con los naranja y rosa de las nubes en los atardeceres, ahora casas como las de El Hombre Manos de Tijeras, si casas de cuento, se ven hacia donde mire; sobre el pequeño y hermoso lago veo patos que caminan sobre el agua, habría de esperar a que Bones me dijera que no era un milagro sino que la superficie se había congelado; encantado de la vida sigo a Bones a través de la ciudad para ir hasta los almacenes donde era urgente comprarse ropa de invierno.
Bandadas de patos por doquier, ardillas que suben los árboles de las casas y la U, águilas, cuervos, halcones, hasta coyotes deambulan por las calles...
Cena en restaurante italiano, allí se enriquece mi anecdotario, mi nivel de inglés no da ni para pedir comida, en el país de las opciones pedir un café es un complique: café tostado, semitostado, grande pequeño, mediano, azúcar, morena, light, splenda, crema, media y media, crema de nueces, vaso de cartón, vaso de plástico, trajo su mug?...todo eso suena fácil pero mis clases de inglés llegaron hasta el "sugar" y el "cream".

El ritmo acelerado duraría las dos primeras semanas, 6 reuniones, tres fiestas, 4 idas al supermercado, dos de compras, el cumpleaños de uno, la ida del otro, el regreso del uno; la visita a un parque natural en la ciudad, las visitas a los centros comerciales donde me sorprende la variedad; hasta la ida al supermercado me sorprende, uno mismo registra las cosas en la caja y paga.... la pantallita pide tu firma y después te dice "Thanks F".

Fort Collins es un pueblo Hippie según Bones, reinan la amabilidad y la hospitalidad, todo el mundo te sonríe, el peatón es primero, te piden permiso por todo y te preguntan cómo estás. El centro de la ciudad como la ciudad es muy pequeño, algunos pub, pocos restaurantes pero una decoración de navidad que aunque modesta me encanta.

Pero Bones sabe que vine a ver la nieve y en Fort Collins la promesa de yahoo de que nevará sigue incumplida, no crean yo ya estaba feliz de ver los árboles desnudos con sus gruesos troncos que le dan al paisaje un aire de nostalgia, pero debemos ir por la nieve.
Rentamos un carro, primero vamos a Denver, es importante conocer la ciudad capital, compras, visita al consulado de México, Bones me pregunta si me gustan los acuarios, pienso en que he estado en el del Rodadero y el de Islas del Rosario...mmm con un poco de duda le digo de mi ignorancia en el tema y que por supuesto no hay punto de comparación, así que vamos al Acuario de Denver...por los dioses, nuevamente mi rostro es una mezcla de cusumbo y niño explorador, desde nemo hasta tiburón tres, pasando por doris y caballitos de mar, pero Bones no se queda atrás, parece rasguñar los vidrios donde están las nutrias (y eso que es la tercera vez que viene).

Pero sigamos con la nieve, en Fort Collins seguía sin nevar, salimos hacia el Rocky Mountain, esta vez con Lili y Dany, minutos después el paisaje cambia, seguimos la ribera de un río que se congela, subimos poco a poco, hacia las montañas nevadas, !voila¡, venados, guapitis, caribus y otros bichos cuyos nombres por supuesto no sé, pasan tan cerca que nuevamente me sorprendo. Llegamos a nuestro destino, allí por fin veo nevar, la sensación de pisar la nieve, de que te caiga en los labios, de verla acumularse sobre las ramas de los árboles y el ver un lago congelado son la emoción al 100%.

Al siguiente día y aprovechando aún el carro, fuimos a otro parque, otro sendero junto al río Cache La Poudre, se sumó la Brit, esta vez no hubo nieve pero si material para mi trabajo.

Así, repleto de actividades continuamos, una fiesta de regalos tontos, donde me gané música de cantinero mexicano y conocí al archifamosísimo G.W. que tanto he citado en mi tesis y en mi trabajo. Probé delicias de la gastronomía mexicana y aunque no se crea, vine a los EEUU para ver el final de "la Dueña", telenovela mexicana de la que había visto un comercial en Caldas.

Se llegó la navidad y con ella los regalos y más cenas, a una de esas viene Eugenio, esposo de Lili, padre de Marian, diseñador industrial como yo, y como yo no ejerce; Marian pide un vaso de agua, Eugenio se dirige a la nevera, pone el vaso en el dispensador, presiona el botón "water" que es lo que quiere, espera a que la nevera haga algo, mueve el vaso en busca del sensor que detectará el vaso y lo llenará, para que medio segundo después yo le diga, "presiona este botón con el vaso"... por los dioses, el problema es de todos los diseñadores industriales de latinoamérica ¿o será de los que no ejercemos?.

La noche de navidad es romántica, no les contaré mucho, Bones cocina como las diosas (si es que las diosas cocinan), vino, velas y la música que nos gusta... Feliz navidad para todos.

Volveré a escribir el año entrante, feliz año mis escasos lectores, hablaremos de California a mi regreso, ahhh y de Lucky, aún no les hablo de Lucky.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Welcome to USA

La extraña sensación colma los días previos, Pantaleón y las Visitadoras la novela que no leí se junta en un día con el recuerdo heredado del paso por el Cusirí que se hizo experiencia, los diez almuerzos de despedida se hacen una tarde de cocteles en el planetario, 6 cocteles, dos cervezas, tres vinos, al fin el Samurai y nos veremos en mes y medio.

Se llega el día, Sala 4 destino Houston, 4 requisas en Colombia, vendrían 3 en EEUU, he dormido 4 horas, escribo en mi agenda que harina es flour por si me preguntan en la aduana de Houston qué es la areparina, por fin estoy abordando con la sensación que combina la alegría, la ansiedad, los nervios del primer viaje a un sitio en el que no hablan mi idioma. Por mi trabajo es normal, subir a un avión, las pocas horas de sueño y las largas horas de viaje eso si siempre sin visas, pero hoy es de turista, viaje de placer a ver a Bones, conocer la nieve y el invierno, las montañas nevadas el puente de San Francisco...
Por los dioses ya me están hablando en inglés, cinco horas entre Bogotá - Houston, mar, mar y más mar, hasta el Golfo de México, ahora grandes planicies se extienden hacia donde vea, los ocres reemplazan los verdes que acostumbro, líneas que parecen infinitas trazan las carreteras que atraviesan la gran planicie, geometría pura, círculos perfectos, el paisaje luce como un macrochip (versión amplia de microchip).

Poco a poco se observa Houston, cuadras iguales con casas que lucen iguales, por fin veo bosque, luego vería el bosque de árboles sin hojas que soñaba ver.

Damas y caballeros bienvenidos a los Estados Unidos de América, Houston les da la bienvenida. Sigo las instrucciones de Bones, seguir la bolita, la imponencia de la infraestructura es lo primero que me sorprende, un aeropuerto inmenso en el que recorres el mundo entero leyendo los avisos para ubicar tu maleta. Mi precario inglés sirvió para hacerme entender, explicar en migración y en aduana el motivo del viaje "sustainable tourism adviser" eso es en tres palabras a lo que me dedico.

Almuerzo un jugo y el tiempo justo para el siguiente vuelo hacia Denver, ahora si, cero español, dos horas y media más, el atardecer es más temprano aquí de forma que las 4:45pm son como las 6:20pm de Bogotá, con 30 minutos de retraso sé que Bones me está esperando. Nuevamente sigo las instrucciones, sigo a la bolita, nuevamente un aeropuerto inmenso en el que pasas de banda transportadora en banda transportadora, luego al metro que te lleva por tus maletas.
Me sorprenden las bobadas tecnológicas, hay sensores para todo, si eso es normal en Colombia, pero hay hasta para las toallas de papel :).

En busca de mi maleta sigo el mapa, tomo el metro, ya sé dónde me debo bajar, en medio de rostros de todo el mundo, árabes, orientales, gringos, latinos, mi cara de cusumbo asustado es la clave para Bones, luego de meses sin vernos, salta a mis brazos y para todos es evidente de dónde somos, los gringos no son tan afectuosos en público, besos y un par de abrazos que se extienden por minutos, nuevamente su esbelto cuerpo y su piel canela, no hay fotos, pero la escena las valía.

Lalo, Helena, Lili y Dany, acompañan a Bones y me dan la bienvenida, con la noche ya entrada salimos rumbo a Fort Collins sin sentir aún el frío del invierno, la oscuridad cubre el paisaje que hasta ahora luce triste. (Luego les contaré).
14 horas después de haber iniciado este viaje heme por fin en el hogar de Bones, fiesta de bienvenida con todos sus compas de semestre, tratando de entender lo que me dicen, pronto me doy cuenta que con mi nivel de inglés apenas mañana entenderé los chistes de hoy.


Primer día, en otro país, otra cultura, otro idioma, descubriendo como niño cada cosa diferente, sorprendiéndome en silencio para que no se me salga el ....
Primer día con el amorómetro al 100, el sorprendimétro al 100 y el happymeter también al 100.
Welcome to USA, close to Bones...

domingo, 5 de diciembre de 2010

Invierno

Con el mareo fruto de las horas de carretera, las curvas, el almuerzo de 5 pm y un calor que cubre el cuerpo de sudor, espero resignado a que salga el bus a Victoria, pues ya no llegaré hasta Samaná.
Mientras pienso en que en el último mes he recorrido cientos de kilómetros por carreteras que cruzan montañas y dejan ver una Colombia que no conocía, no hablo sólo del paisaje, de los bosques secundarios que parecen cubrir las vías, hablo de pueblos de los que las noticias hablan únicamente cuando se inundan o hay derrumbes, hablo de comunidades campesinas para las que los $2000 de un refrigerio son los ingresos que salvan una semana.

Mi trabajo aunque es el soñado, no es fácil, lo digo y siempre causa risas, "te la pasas de paseo, viajas, conoces y no estás una oficina", pero cuando esos viajes se hacen de semanas, cuando ni en los fines de semana descanso, cuando se suma el insomnio, cuando se suman las penurias y necesidades de las comunidades que visito, lo soñado se hace triste.

Los cerros de Gualiva son la foto permanente en la ventana de los muchos carros en que me subo, me coge la noche, con ella todos los gatos son pardos así que debo preguntar si he llegado Victoria.

Llueve toda la noche y sigue lloviendo, las carreteras son pistas de motocross que debo recorrer para conocer los sitios turísticos; Paula una joven y bonita paisa es mi transportadora que se hace experta en el barro y los saltos, lo confieso tuve que tomarla fuerte de su cintura para no caerme de la moto.
Con las lluvias, los derrumbes y con ellos el cierre de la carretera y quedo preso en ese municipio, nadie va los talleres y creo que perdí este viaje. Lo mío no es grave, mientras recorro las veredas me enteró de las tragedias de familias que se llevó el agua.

Sigue lloviendo en este pueblo en el que la niebla es la constante día y noche, siguen las lluvias, menos mal con Gretta no esperamos a que escampara para ir a cenar, pues estaríamos allá. Se llega la tormenta eléctrica y parece que las nubes se unieran a la tierra con columnitas de agua, los flasches se disparan en menguante y las carreteras se han cerrado.



Un arriesgado y viejo Ford de los 80, intrépido nos lleva por la trocha recién abierta, justo antes de que nuevamente el derrumbe la cierre, ya en Victoria la historia se repite, las lluvias no cesan y esta vez estamos atrapados en este municipio, aquí no hay niebla, pero la lluvia es tan fuerte que conciliar el sueño es complejo, la mañana siguiente otro fracaso, nadie llega a la reunión, ni siquiera Estella que no se pierde ni la peluqueada de un piojo.


La constante en las conversaciones de las cafeterías es la carretera, si se podrá salir o no. Quién va a ir a un taller de ecoturismo cuando no hay vías, quien va salir a mojarse de cheveridad, quién piensa en esto con tantas tragedias en las noticias. Decido cancelar este viaje.


Mi regreso toma horas, la espera por los múltiples derrumbes sobre la carretera, el cambio de bus al menos tres veces, el almuerzo de rapidez; 11 horas eternas echando globos, se acerca el día, se acerca el viaje; justo cuando estoy bajando del taxi en mi casa me llama Bones, le quiero contar lo que han sido mis último cuatro días, pero se va de galería de arte.

Por ahora me sigo cuestionando, por ahora sigo echando globos, solo como de costumbre.

PD: hacía muchos años no veía la vitrina en la que el bombillo es la fuente térmica que mantiene las costillitas de cerdo en su punto...

Se veían buenísimas, lástima que no las probé.