Las locuras propias de los momentos críticos del desamor guiaban las decisiones de aquel tiempo en que se vivía un nuevo despertar.
Pasar de un apartamento propio a uno rentado, pasar de viajar dos horas diarias en bus, a caminar 15 minutos diarios a la oficina, pasar de ver Monserrate del tamaño de una lenteja, a estar a una lenteja de distancia. Es la zona bohemia (pero no soy bohemio), es que allá vive Zlop (aunque luego se fue), es que allá es muy bonito (aunque eso si es cierto), es que allá es muy seguro (y a los tres días me atracaron).
Así, sin mucho escoger, sudando por la empinada caminata, con desconfianza por la vista desde afuera, me encantó la mirada desde adentro, mi ventana sin edificios ni casas al frente, el bosque en mi ventana.
Mi casa en la Maca era de puertas abiertas, Zlop, Male, Iv de Vill y Aleja en los primeros días, tardes de tertulia y vino, tardes de cocina donde Zlop; "es que allá se van los divorciados" dijo Ednaed por esos días, poco a poco, y aunque no me di cuenta pasaron cuatro años repletos de historias de las que este blog apenas se ha enterado.
Cuatro años, 120 viajes (entre cortos y corticos), 6 países, 4 plantas, 18 peces, 2 portátiles, 3 cámaras, 12 jeanes, 8 tenis, 4 empleos, incontables restaurantes y mmmmm la otra cuenta nunca la publicaré.
Hoy mientras empaco se recuerdan las historias, "...pero vos por favor no te vayas", sonrío, pensar que hace rato ya nos fuimos.
Nuevamente miro la ventana, busco la lluvia de los últimos días, sonrío, siempre tuve nube propia; busco el águila que Bones me mostró alguna vez, sonrío, sólo mirlas es lo que hay; busco la luna llena que hoy se pone, esa luna que desde aquí se ve cerca, sonrío, la luna se ve cerca en todas partes.
Termino de empacar, chau pues Maca.
Hoy las locuras propias del amor guían las decisiones que me llevan a vivir el nuevo sueño.
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