sábado, 16 de julio de 2011

Palenque - 36

1500 años después de ser abandonada la ciudad de piedra se mantiene alzada como si hasta hace unos días los mayas la siguieran habitando, lo que hasta ayer había visto en fotos adquiere profundidad, altura, energía, fruto de los más de 30 grados y los casi perdidos colores, la roca se siente cálida, palacios de roca, con figuras de dioses, gobernantes, pobladores y la muerte. Musgos y líquenes de colores vivos, los habitantes modernos de esta antigua ciudad.

Con motivo de mis 36, Bones me lleva 1500 años más atrás, Palenque, una de esas maravillas que sueñas toda la vida conocer. Mi primer hotel cinco estrellas "Cha Nab Nal", la suite presidencial llamada palacio del sol parece la mejor de las casas mayas, el recinto del rey.
Una cama colonial del tamaño de una piscina, espejos por doquier, un baño del tamaño de mi apto en Colombia, tres salas. Senderos que recorren un hotel que en medio del bosque te hacen sentir como los únicos huéspedes, comida increíble, colibríes, carpinteros, garzas, libélulas, mariposas, lagartos, lagartijas, ardillas, me siento en esos programas en los que te ganas las vacaciones perfectas.

De regreso a Palenque, la fortuna de llegar a uno de los sitios más visitados de México justo cuando no hay casi turistas, la energía y la admiración, recordar mi clase de historia del arte cuando el profe Guille nos dijo: "si van a México o a Egipto, no se les ocurra pensar como gringos, no se limiten a decir, cuántos pobres murieron haciendo esto"...hoy lo entiendo perfectamente.

Recorremos el inframundo, los patios y plazas, una ciudad rodeada de bosques con monos, aves, árboles hermosos y bromelias, varios ríos la atraviesan, los mayas modificaron sus causes para que el acueducto llegara hasta sus hogares. Los turistas empiezan a llegar, mexicanos, árabes, indios, gringos y europeos, entonces el paso se hace más rápido, el parque cerrará y es hora de cenar. Respiro profundo una bocanada de historia y pasado.

Rápido paso a la piscina en medio del bosque, vendrían más libélulas, hormigas, más lagartos, heliconias, el masaje, otra noche y más piscina, el descubrir que aquí también los árboles se desnudan.

Sin muchas ganas de partir tomamos el bus de regreso, el mismo camino que nos trajo, nos lleva hacia los Altos de Chiapas, en medio de bosques y selvas, en las que el nativo pino encino es el rey, selvas cubiertas de nubes y bromelias.
Carreteras repletas de curvas que me recuerdan a Colombia y sus montañas, las huertas y chagras de allá, son milpas aquí.
Fincas divididas con cercos de madera, potreros cercados, grandes pinos, muestran que ya estamos muy cerca de SanCris, pasamos por tierras zapatistas y luego de 5 horas de viaje ya estamos en casa.

Bones se iria de campo, pero los males se lo impiden, así que vendrían más días de celebración para mi y cuidados para ella, entre restaurantes italianos, cafés en las nubes, tardes de sol, en medio de arañas que cazan gotas de rocío, junto a aves azules, la ardilla y el gato mascota de Bones cumplo 36, una vela, dos trozos de pastel y una voz que me canta.

Confirmo la teoría de que a medida que te haces viejo te felicitan menos, confirmo la teoría de dejar de planear, hoy como hace años no sé dónde estaré el próximo año, confirmo mi teoría de la vida sencilla y los placeres simples. Total la vida siempre me regala más de lo que espero.

martes, 5 de julio de 2011

Otra fortuna

A miles de kilómetros de la tierra madre, Escobar y el Pacífico colombiano aparecen, la academia no precisamente propia, me lleva a los días de trabajo en San Cipriano, Quibdó, Bahía Solano, Utría, Nuquí. Aquí la lejanía del área de estudio, no sólo en kilómetros sino en cultura y tiempo, hace ajenos e incomprensibles modos de organización social diferentes, aquí "political ecologic" pasan desapercibidos en las lecturas. 
Retorno a mis días de trabajo en el Amazonas, en el Pacífico o en la Guajira, donde los modos de vida, la cultura, la sociedad no correspondían con el imaginario que mi formación occidental me había creado, pero que gracias a la fortuna de haber crecido y estudiado en ámbitos rurales me abrió la mente a formas diferentes. En ese entonces era un niño de ciudad que vacacionaba con campesinos, luego sería un niño de ciudad, viviendo en el campo y vacacionando en la capital. 
En ese entonces una de las 17 materias llamada TPC, -técnicas de promoción para la comunidad- pasaba para mi, como religión, la forma correcta de hacer las cosas.
Muchos años después estando trabajando con comunidades indígenas del Amazonas, donde no existe la división de las disciplinas, ni lo ambiental se separa de lo social, donde somos uno solo, me movía en esas aguas con una habilidad que casi no entendía, no me explicaba cómo podía resolver ciertas situaciones... leer Augusto Angel Maya y Morín me ayudó a entenderlo.
Asimismo, recuerdo mi trabajo en el Pacífico, recuerdo un viaje con mis compañeros de maestría algunos de los cuales al conocer San Cipriano y ver a los niños jugar descalzos en medio de la lluvia, exclamaron "que pobreza, que dura esta vida", nada les dijo, las sonrisas de los niños, nada les dijo el contacto del agua con los píes, nada entendieron de la arquitectura en madera de cuartos chicos, sin ventanas, pero salas grandes, abiertas y sin muros. 
Recuerdo alguna reunión en medio de afrocolombianos, yo el único blanco en un ambiente tenso, tampoco entendí cómo pude resolver esa situación, más tarde al leer a Leff, Escobar y Martinez- Alier entendí un poco más. 
Hoy vuelvo al pasado, vuelvo a preguntarme cómo pude resolver y entender ciertas cosas, aún cuando me he quejado de las escasas salidas de campo de pregrado y maestría, creo que he sido afortunado, mi vida ha sido la sucesión de salidas de campo, he tenido la fortuna de aprender viviendo.