1500 años después de ser abandonada la ciudad de piedra se mantiene alzada como si hasta hace unos días los mayas la siguieran habitando, lo que hasta ayer había visto en fotos adquiere profundidad, altura, energía, fruto de los más de 30 grados y los casi perdidos colores, la roca se siente cálida, palacios de roca, con figuras de dioses, gobernantes, pobladores y la muerte. Musgos y líquenes de colores vivos, los habitantes modernos de esta antigua ciudad.
Con motivo de mis 36, Bones me lleva 1500 años más atrás, Palenque, una de esas maravillas que sueñas toda la vida conocer. Mi primer hotel cinco estrellas "Cha Nab Nal", la suite presidencial llamada palacio del sol parece la mejor de las casas mayas, el recinto del rey.
Una cama colonial del tamaño de una piscina, espejos por doquier, un baño del tamaño de mi apto en Colombia, tres salas. Senderos que recorren un hotel que en medio del bosque te hacen sentir como los únicos huéspedes, comida increíble, colibríes, carpinteros, garzas, libélulas, mariposas, lagartos, lagartijas, ardillas, me siento en esos programas en los que te ganas las vacaciones perfectas.

De regreso a Palenque, la fortuna de llegar a uno de los sitios más visitados de México justo cuando no hay casi turistas, la energía y la admiración, recordar mi clase de historia del arte cuando el profe Guille nos dijo: "si van a México o a Egipto, no se les ocurra pensar como gringos, no se limiten a decir, cuántos pobres murieron haciendo esto"...hoy lo entiendo perfectamente.
Recorremos el inframundo, los patios y plazas, una ciudad rodeada de bosques con monos, aves, árboles hermosos y bromelias, varios ríos la atraviesan, los mayas modificaron sus causes para que el acueducto llegara hasta sus hogares. Los turistas empiezan a llegar, mexicanos, árabes, indios, gringos y europeos, entonces el paso se hace más rápido, el parque cerrará y es hora de cenar. Respiro profundo una bocanada de historia y pasado.

Rápido paso a la piscina en medio del bosque, vendrían más libélulas, hormigas, más lagartos, heliconias, el masaje, otra noche y más piscina, el descubrir que aquí también los árboles se desnudan.
Sin muchas ganas de partir tomamos el bus de regreso, el mismo camino que nos trajo, nos lleva hacia los Altos de Chiapas, en medio de bosques y selvas, en las que el nativo pino encino es el rey, selvas cubiertas de nubes y bromelias.
Carreteras repletas de curvas que me recuerdan a Colombia y sus montañas, las huertas y chagras de allá, son milpas aquí.
Fincas divididas con cercos de madera, potreros cercados, grandes pinos, muestran que ya estamos muy cerca de SanCris, pasamos por tierras zapatistas y luego de 5 horas de viaje ya estamos en casa.
Bones se iria de campo, pero los males se lo impiden, así que vendrían más días de celebración para mi y cuidados para ella, entre restaurantes italianos, cafés en las nubes, tardes de sol, en medio de arañas que cazan gotas de rocío, junto a aves azules, la ardilla y el gato mascota de Bones cumplo 36, una vela, dos trozos de pastel y una voz que me canta.

Confirmo la teoría de que a medida que te haces viejo te felicitan menos, confirmo la teoría de dejar de planear, hoy como hace años no sé dónde estaré el próximo año, confirmo mi teoría de la vida sencilla y los placeres simples. Total la vida siempre me regala más de lo que espero.

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