martes, 5 de julio de 2011

Otra fortuna

A miles de kilómetros de la tierra madre, Escobar y el Pacífico colombiano aparecen, la academia no precisamente propia, me lleva a los días de trabajo en San Cipriano, Quibdó, Bahía Solano, Utría, Nuquí. Aquí la lejanía del área de estudio, no sólo en kilómetros sino en cultura y tiempo, hace ajenos e incomprensibles modos de organización social diferentes, aquí "political ecologic" pasan desapercibidos en las lecturas. 
Retorno a mis días de trabajo en el Amazonas, en el Pacífico o en la Guajira, donde los modos de vida, la cultura, la sociedad no correspondían con el imaginario que mi formación occidental me había creado, pero que gracias a la fortuna de haber crecido y estudiado en ámbitos rurales me abrió la mente a formas diferentes. En ese entonces era un niño de ciudad que vacacionaba con campesinos, luego sería un niño de ciudad, viviendo en el campo y vacacionando en la capital. 
En ese entonces una de las 17 materias llamada TPC, -técnicas de promoción para la comunidad- pasaba para mi, como religión, la forma correcta de hacer las cosas.
Muchos años después estando trabajando con comunidades indígenas del Amazonas, donde no existe la división de las disciplinas, ni lo ambiental se separa de lo social, donde somos uno solo, me movía en esas aguas con una habilidad que casi no entendía, no me explicaba cómo podía resolver ciertas situaciones... leer Augusto Angel Maya y Morín me ayudó a entenderlo.
Asimismo, recuerdo mi trabajo en el Pacífico, recuerdo un viaje con mis compañeros de maestría algunos de los cuales al conocer San Cipriano y ver a los niños jugar descalzos en medio de la lluvia, exclamaron "que pobreza, que dura esta vida", nada les dijo, las sonrisas de los niños, nada les dijo el contacto del agua con los píes, nada entendieron de la arquitectura en madera de cuartos chicos, sin ventanas, pero salas grandes, abiertas y sin muros. 
Recuerdo alguna reunión en medio de afrocolombianos, yo el único blanco en un ambiente tenso, tampoco entendí cómo pude resolver esa situación, más tarde al leer a Leff, Escobar y Martinez- Alier entendí un poco más. 
Hoy vuelvo al pasado, vuelvo a preguntarme cómo pude resolver y entender ciertas cosas, aún cuando me he quejado de las escasas salidas de campo de pregrado y maestría, creo que he sido afortunado, mi vida ha sido la sucesión de salidas de campo, he tenido la fortuna de aprender viviendo.

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