sábado, 22 de junio de 2013

Chile, volvimos. II- Atacama: Iquique, la ponencia, pueblos y fantasmas

Des-cubriendo a Iquique
Con ganas de ver los Andes, es el viaje sin ventana de día y con ventana de noche. Los chilenos por costumbre piden ventanilla para ver adentro mientras duermen y yo a tres sillas apenas veo las cimas con nieve, algo de Antofagasta y el desierto de Atacama que desde el avión se hacen pintura de pasteles sin sombras. 


Mientras vuelo a Iquique, cinco extranjeros hablan en inglés preparando su ponencia, "sustainable enterprises, leadership" pienso que van al mismo evento, pero luego el "benefits of GMOs seeds by Dupont" me aclara el panorama o quizás lo oscureció. 



Una montaña acompaña la carretera hacia Iquique, ni una planta, apenas arena, es la región de Atacama. Cubierta por la niebla del oleaje se observa una ciudad pequeña sobre la costa, mezcla de casas chicas y altos edificios de coloridos, llegamos por la avenida Arturo Prat a mi hotel, que resulta naranja y mi cuarto con una estupenda vista y el arrullo de las olas, golpeando apenas a unos metros. 


Salgo a caminar por el sendero costero, las olas alcanzan los seis metros, la gente trota y toma la playa como gimnasio, la municipalidad ha instalado parques infantiles y de skateboarding. Una rápida visita al Zofri, nada del otro mundo, me recordó a los sanandresitos feos de Bogotá.  Busco dónde almorzar y ya sé que los viáticos no alcanzarán pues la comida cuesta cuatro veces lo que en Colombia. 

A primera vista no me gustó la ciudad, esos cerros de arena ocre sin plantas contrastan con mi imaginario de cerros verdes que acompañan a Bogotá. Pero me faltaba caminar la ciudad y escuchar sus historias. El paseo Baquedano y la plaza Arturo Prat con casas de madera y hojalata que le dan un toque de autenticidad, el tranvía turístico y el amueblamiento urbano que invita a la tranquilidad. Conocer la tradición del salitre que moriría con la aparición del sintético pero que se mantiene con la minería extendida en la región. El barco la Esmeralda, recreación de aquel en que Arturo Prat libró la batalla contra los peruanos, ganándola a pesar de que su nave era en madera y la de los enemigos en metal. Las delicias gastronómicas, más peruanas e incluso bolivianas que chilenas.



Recordé entonces, cuando en una conferencia dije que descubrir significa quitar lo que cubre, y que muchas veces el velo que cubre esta en nuestros ojos y no en la realidad, alcancé a des cubrir a Iquique.


Ponenciando: inspiradora, 
Horrible costumbre colombiana de llamar a todos doctor como forma de distinguir, de excluir, si tienes corbata, si eres funcionario, si eres profesor, te dicen doctor. Entonces la secretaria de la facultad, escribe a Chile anunciando al Dr y al Dr, vergüenza siente uno cuando se sienta con doctores reales y te preguntan sobre tu doctorado.

Extraño mundo el de los investigadores y académicos, critican a los consultores que presentan proyectos exitosos, por no ser científicos: "parece ponencia de primer semestre"; pero cuando ellos deben presentar, muestran un proyecto de consultoría, lo llaman investigación, los éxitos son gracias al investigador, pero si la comunidad no avanzó, no es responsabilidad del investigador. Con el susto de escuchar estas críticas, ajusto mi presentación.

Mi defecto-habilidad de apropiar acentos me sirvió para el taxi, pero llega la hora de mi ponencia y recuerdo que Bones me dijo que si no me gusta mi voz, la puedo modular. 
Con mi acento más colombiano y los nervios guardados en los bolsillos inicio como siempre con un par de bromas, media se entendió. 

De los 20 minutos asignados, mi ponencia toma 19:50, sigo la respuesta de los asistentes en sus rostros, unos asienten, otros sonríen. Aparecen la checa y la argentina, llega la sesión de discusión, muchas preguntas para mí, guardo la esperanza de que sea interés por el tema y no que lo hice tan mal que nadie entendió.
Debatimos sobre el desarrollo, la sostenibilidad, la sustentabilidad y la economía ecológica, discutimos de la costumbre colombiana de crear leyes para todo, definir todo por ley, desde el ecoturismo hasta el desarrollo sostenible, con la tristeza de que este último se define como crecimiento económico.

Se acaba la discusión y resulta una fila de interesadas en hablar conmigo (los interesados ya  me habían dado su tarjeta y datos de contacto), me entero entonces que les gustó mi forma de ver el mundo y discutir, dice la checa que hablo con tal seguridad y tan bonito, que muestro tranquilidad y genero confianza; remata la argentina, con que luego de haber escuchado en su maestría sobre ecología política y economía ecológica, se había dedicado a lo economía tradicional, pero que al escucharme, considera mi ponencia inspiradora.
La tarde sería para más ponencias y conversaciones con las interesadas e interesados.

Al finalizar la jornada, llega el tiempo de la integración, caminata de una hora por el paseo Baquedano en busca de Sumapuriwa gastronomía aymara y quechua que se mezcla. Prueba de varios piscos: pico sour, huacatay sour, coca sour y el teconte con sus 90 grados de alcohol.
Luego el pusy, la bebida aymara que son no por sus 95 grados de alcohol sino con su nombre hace sonrojar a la checa.  De remate rissoto de quinua con mariscos 

Atacama y los fantasmas
Sabía de la importancia de la minería en Chile, había leído de las guerras con Perú por las minas del norte en Atacama y había visto las minas junto a la carretera de Iquique. 
Lo mismo sabía de la alta radiación y que Atacama es la región más seca del planeta, estando allá ¿cómo no visitarlas?





Gracias a César que me incluyó en su salida, rentamos un auto para los validivianos y el colombiano, que se juntó al de Luis y los ticos. Ascendemos rápidamente esa montaña que rodea a Iquique y bordea la costa. 
Esa montaña que desde el primer día me sorprende por la ausencia de plantas, ni siquiera pasto en kilómetros. 
Llegamos a Alto Hospicio, sándwich de luca (mil pesos), lo atravesamos rápidamente para encontrarnos con montañas y la niebla de la mañana, a donde miro alrededor no hay plantas, únicamente el suelo en colores terracota y ocre, salpicado de una que otra mina y el único verde es el eléctrico de un montón de azufre. 
La temperatura del desierto que nos hace cerrar ventanas, usar suéter, va ascendiendo. Superamos las montañas y nos encontramos con un gran valle, la pampa, me dicen mis compañeros de viaje. Imágenes surrealistas de una carretera recta que se pierde en el horizonte, más tarde imágenes de un horizonte que se hace borroso por el calor. 
Con la prisa que da el saber que hoy mismo viajamos de regreso, visitamos como turista japonés pueblos en oasis, a veces sin bajarnos del auto observamos la arquitectura, mezcla de madera, adobe y lo que en Colombia llamamos bahareque, los muros han perdido su piel y dejan ver esa mezcla de huesos en madera y músculos de barro.


Rápida visita a la Reserva Nacional Pampa del Tamarugal, un famoso arbusto capaz de soportar este seco ecosistema, que se extiende en kilómetros y luce como un esquelético y delgado árbol, por muchos momentos son los únicos seres vivos presentes aparte de los humanos que vamos en los autos.

En ella los Geoglifos de Cerro Pintado, muestra de culturas milenarias que se asentaron en el desierto mucho antes de los aymaras y quichuas, grandes figuras zoomorfas, geométricas y antropormas hechas con piedras sobre el suelo, la energía aquí es grandiosa, y no me refiero al sol que hace guardarse a Cesar en el auto.

También encontré las huellas de Penélope, quien cuando se canso de esperar decidió acostarse, aun cuando había desaparecido y el tren es quien ahora la espera.




Llega la hora de Humberstone, me recuerda las imágenes de pueblos fantasma de películas gringas, me recuerda las imágenes de campos de concentración. Con Guillermo compartimos la sensación de malas vibras y malas energías, el viento se hace canto y susurro, las viejas fotos de familias en las paredes ( como en Los Otros), los muebles estancados en el tiempo y los chillidos de la madera y las latas parecen hablarnos, si antes no dudaba de los fantasmas, hoy ya sé de un pueblo que habitan.







Luego de una hora de fotos, el tiempo apremia y emprendemos la carrera hacia Iquique, poner gasolina al auto ( en monedas colectamos las 2 lucas), acelerar a fondo y ver desde el Alto a la ciudad, para descubrir que Cesar tiene miedo a las alturas y se cambiará de carril, correr y correr, sin tiempo para despedidas, tanto que olvido mi billetera en el auto.
Correr en busca del transfer, el vuelo a Santiago y el vuelo a Bogotá. 

No me deja de sorprender, hoy a 2600msnm, hace 24 horas 7000 km de vuelo y 300km de carretera en el desierto más seco del planeta, Atacama

miércoles, 19 de junio de 2013

Chile, volvimos. I- Santiago nublada y más bella

Con el objeto de un congreso de investigación, la U me envía a Chile y mi viaje comienza a media noche por aquello del precio de los tiquetes, eso si, dos días antes para tratar de ver a mi hermana y amigas. 
El renovado aeropuerto de Bogotá ahora si camino a ser internacional y mi encuentro con un cinturón abandonado en busca de su hogar, junto con el suponer los Andes que no dejan ver la noche sería el sueño de las seis horas siguientes. 


Santa mi crema para las ojeras, una mala noche desaparece en una sola pasada.

Aún sin que amanezca aterrizamos en una Santiago nublada, me alegro, ya no aplauden al aterrizar, Uribe estaría triste pues hace unos días confundió los aplausos típicos de los paisas al aterrizar con una ovación hacia él.

No se sí es niebla o smog, pero nada más allá de un kilómetro es visible.
La amabilidad de la que nos ufanamos los colombianos se hace polvo en los primeros cinco minutos del aeropuerto, yo desconfiado bogotano, soy ayudado por un taxista que me lleva a cambiar dólares, me aconseja no cambiar muchos pues los pagan mal, me ayuda a usar un teléfono público para lo cual le entrego mi iPhone y hasta me presta su celular para llamar.

El tiempo, el valioso tiempo que se hace corto, tan solo da para un corto saludo con la Pao y con Ivo, luego de más de tres años sin vernos. 

Recorro la ciudad, recuerdo algunas de EEUU, incluso de México. Las ciudades más ordenadas dejan a Bogotá como la más fea.
No importa la calle, no importa la comuna, si es edificio alto o casa chica, los árboles adornan las aceras y para mi fortuna es otoño cuando las hojas se hacen ocre y caen dejando a los árboles en su forma esquelética.

La ciudad en medio de la niebla y el smog que durante tres días no dejan ver el cielo, que no es cielo ni es azul, y el sol en el mejor de sus momentos se hace luna detrás de las nubes.

Rápido recorrido al mercado de las pulgas. Almuerzo de la comida tradicional, pero peruana que se ha extendido a lo largo del mundo, caminata por el centro de la ciudad, por los paseos, la arquitectura de siglo XX, los mimos que  enseñan a respetar las normas me recuerdan la Bogotá de Mockus. 

Lunes que se convierte en trabajo, la tarde sería para ir en busca de un abrigo que quiero y para cambiar los tiquetes del regreso a Bogotá. Los 500 dólares de mover mi regreso, cambian los planes y nos vamos en busca de los regalos para mi familia que mi hermana mandaría, ahora ya no habrá chance de fin de semana recorriendo Valparaiso. 

Las charlas con el esposo de mi hermana sobre su futuro, su trabajo y su enfermedad, me ponen a pensar. 

Admiro a mi hermana, salir a un país en el que solo conoce a una persona, hacerse vida, los primeros días la entiendo, salir te hace pensar en la calidad de vida, en Colombia no tenía buen empleo, el tráfico, la ciudad, las calles desordenadas.

Con el pasar de los días, y en su caso, de meses y años, la nostalgia de la familia y los paisajes con los que crecimos, que en su momento desvalorábamos, cobran ahora colores vintage y cálidos, las imágenes de la familia y la infancia, la finquita y nuestros bosques. 
Quizás ella no extrañe el paisaje rural, ni el urbano, únicamente el familiar.

Mi conclusión de Santiago, extraña sensación de extrañar, cuando ver a Pao luego de 3 años solo alcanza para 40 minutos y a mi hermana para 10 horas. Santiago me gusta más en esta segunda visita, Bogotá me gusta menos y las ganas de salir de Colombia se acrecientan.

Llego al aeropuerto rumbo a Iquique, pinches chilenos, comparten la mala costumbre colombiana de hacer fila cuando no se necesita. 
¿Por qué esa prisa por hacer fila como si les fueran a quitar la silla del avión o fueran a llegar más temprano?




martes, 11 de junio de 2013

De la utopía a la esperanza

"Esas quejas por el contrario hablan muy bien de ti". La respuesta de la jefe cuando le planteé que los estudiantes de tercer semestre habían pasado una queja porque les puse muchas lecturas, densas y les exigía mucho.

"Profesor sobre teorías de desarrollo pongamos un video" una de las frases pidiendo bajar lo denso de las lecturas, mientras otros ya lo empezaban a entender: "leí a Esteva y a Escobar, no entendí nada, no me queda claro qué es desarrollo, hay muchas versiones, sé que muchos lo ven únicamente como crecimiento económico, pero no es claro finalmente a qué se refiere", como ven lo empezaron a entender. 

Paralelo los alumnos de maestría no superaban el primer artículo sobre desarrollo y consideraban imposible no asociarlo a crecimiento. 

Pasaría el semestre, es la clase final, hablamos de economía ecológica, de la diferencia entre sostenibilidad y sustentabilidad, de ecología política y cerramos con un diálogo que lleva del feminismo al ecologismo. 

"Nunca dejen de cuestionar y cuestionarse, no se queden con lo que dicen sus profesores. 
Sé qué estudian administración de empresas, pero no todo es para hacer negocio, no todo es rentabilidad, están en libertad de ver la vida como empresa pero la vida no es una empresa, imagínense qué pasará si el gerente de sus vidas no les gusta, ¿lo echarán y quién gobernará sus vidas?, cuando la vida es empresa no se habla de sueños sino planes y metas, se habla de eficiencia y no de felicidad, permítanse entonces equivocarse". El cierre de mi clase.


Pasarían dos semanas y mientras presentan sus informes finales escojo un representante de cada grupo para el debate en frío sobre sustentabilidad y desarrollo del turismo, las siguientes algunas de sus respuestas:

Nos educaron y nos han educado para competir, para ser individualistas, una nueva mirada supone ir más allá, no se trata de competir, se trata de construir entre todos.

Hablamos de la cultura muisca como extinta y del pasado, desconocemos la cultura actual, nos enseñan a buscar modelos de Japón, EEUU, como si fueran lo mejor y no buscamos construir soluciones desde aquí. 


Lo primero y lo más importante es consultarle a la comunidad local, si esta de acuerdo, si quiere o no el turismo, no podemos llegar como los expertos administradores con la solución que creemos adecuada, sin haber hablado con ellos


Los cambios se dan paso a paso, nuestra generación ya se preocupa por esto, hace 50 años no se hablaba de turismo responsable, Hoy los futuros profesionales ya sabemos que no se trata de rentabilidad y nada más, ya sabemos que debemos preocuparnos por mucho más. 

El cambio solo será posible a través de la educación, antes de esta clase pensaba como los demás, como nos lo enseñan que sostenibilidad solo es mantener las cosas en el tiempo, mantener la empresa rentable, y no es un concepto más integral. 


Si nos preguntan si es sostenibilidad débil o fuerte lo que acabamos de presentar, por supuesto que es débil, desde el momento en que nos referimos a medio ambiente lo sabemos. 


Seguimos bajo una mirada antropocentrista, hablamos de conservar la cultura y los recursos naturales, pero porque pensamos en el valor de uso que tienen para nosotros. 


Atrás la generación de docentes de vieja escuela, los administradores de otrora, duermen hasta que el hambre les recuerda que el debate debe terminar. 


Mientras los escucho y sus palabras me conmueven, siento un orgullo mezclado con satisfacción, todas las posturas de desarrollo a escala humana y posdesarrollo que los economistas llaman utopías, hoy se hacen esperanza de un futuro mejor. 


Hoy me acostaré sabiendo que si es posible cambiar el mundo.