¿Qué sentido tiene criticar las teorías y modelos económicos o la forma en que se hacen las cosas?, es algo que con frecuencia me preguntan y pregunto, ¿qué caso tiene?
Hoy me respondo, en parte o por lo menos por ahora.
Porque cuestionar las teorías es como escoger la ropa, algunos deciden vestirse como la moda y la sociedad lo dicen, otros, prefieren marcar la diferencia y cuestionarse, ¿por qué hay colección de invierno o de verano en un país sin estaciones? ¿Por qué no usar medias en una región húmeda donde fijó me dará pecueca? Otros simplemente usarán zapatos sin medias en Bogotá los cuales le tallarán y lastimarán, pues no se dan cuenta que el dolor lo causa el creer en esa moda.
No sé si en mi caso nací o me hice quejumbroso y cuestionador, quizás tuve la fortuna que desde la escuela mis profesores me dijeron "no crean todo lo que digo, busquen por su cuenta, investiguen".
Aunque debo admitir también que fui grounge porque compartía su pelea contra el mundo, que usé ropa de marca para no ser mosca en leche en la oficina; eso sí, nunca usé zapatos de montaña en la oficina, ni corbata en salida de campo.
Me he cuestionado, he cuestionado y seguiré cuestionando; no me considero experto en nada, solo eterno preguntón.
Hay quienes dicen que se mueven como pez en el agua, ya sea en economía, en administración o en cualquiera de esos oficios, ¿pero acaso todos los peces van a donde los lleva la corriente?, al menos los salmones y los bagres no, ellos deben nadar contracorriente, de lo contrario no se reproducen.
Por supuesto nadar contracorriente significa que te choques más, que te rinda menos y que te esfuerces más, pero por lo general las aguas de los ríos son más claras y puras a medida que subes.
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