sábado, 22 de noviembre de 2014

Scarface y la clase de investigación

Puede que todos los oficios tengan sus malagradecimientos y desagradecimientos, pero la docencia tiene en enseñar a pensar, uno de las actividades peor recompensadas. 


En el reencuentro con los compañeros de pregrado, quienes somos docentes universitarios, hablamos de aquellos profesores que en el pregrado nos marcaron positivamente, resultan ser los que mas nos exigían. Fulvio a quien tuve como maestro en primer semestre, rompía nuestros trabajos, rayaba con marcador rojo los planos que habíamos hecho a mano durante tres noches, era riguroso con las lecturas, que más bien poco eran de diseño y si de literatura universal y ciencias sociales. Era riguroso con la disciplina, teníamos entregas tres días a la semana y si te atrasabas en una, debías no solo hacer la de dos dos entregas, eran cuatro por tu incumplimiento. Un 3,5 (escala de 0-5) era un éxito con él. 

Hoy en el mismo reencuentro, hablamos también de los estudiantes que tenemos, de que no les podemos exigir mucho, de las quejas de los mas vagos cuando se les pone un 3,5 pues según ellos cumplieron porque entregaron el trabajo. 

Hablo luego con mis estudiantes, me cuentan la fama que he ganado, el profesor jodón, exigente, mamón; pero también la del profesor que los ha marcado positivamente y quien les ha enseñado mucho. 

Y llego al tema de las clases de investigación, ser profesor de investigación supone enseñar a pensar, a ser crítico y analítico. A diferencia de otras materias, en investigación no se trata de aprender unos conceptos y responder de memoria, no, en investigación no solo tienen que aprender los conceptos, tienen que entenderlos, criticarlos y construir, ahí hay un vínculo con el diseño. 

Ser profesor de investigación, requiere, o al menos así lo hago, leer semana tras semana los documentos de cada estudiante, corregirles, sentarse con ellos a discutir y leer en voz alta, para ajustar no solo la redacción, sino también, verificar si entienden las teorías y conceptos que escriben. 

Esta última actividad la tomo de manera divertida, leo con acento español, paisa, costeño, rolo, ñero, dependiendo de la forma de escritura, leo con las pausas mal puestas, leo y les pregunto de quién hablan y los hago caer en cuenta de sus errores, mientras se atacan de la risa. 

En una de esas Johnny me pregunta si no me aburro de leer, leer y leer; Paula me pregunta si no es infructuoso esto, si no siento que ellos no avanzan, algunas otras lloran, otros me odian. Incluso en maestría, donde los alumnos son mayores que yo, dicen enfurecidos que quién soy y quién me creo para evaluar sus trabajos así.. y me dejan de hablar. 

Por azares del destino me entero que los de noveno me dicen Scarface, (para quienes me leen por primera vez, tengo una cicatriz en la cara por una cirugía de cáncer de piel), recuerdo entonces que las compañeras docentes de la facultad dicen que soy cruel con mis comentarios cuando corrijo investigación, pienso, quién es más cruel. 

Vuelvo a mi conversación del reencuentro, ojalá en unos años sea el profesor bien recordado y valorado de mis estudiantes, ojalá sea el Fulvio... aunque recuerdo luego, que Fulvio siempre fue Fulvio, a diferencia de Juepucha, Mac Giver o 3M, los otros profesores. 

viernes, 14 de noviembre de 2014

Conferencia y taller en Salento, sin tiempo para ver sus calles

En avión más grande los huecos se sienten menos que en aquellos recuerdos de avionetas cruzando los Andes para llegar a esta ciudad a la que hace años no venía, Armenia. 
Entrada la noche, nos recibe en el aeropuerto un grupo de gente que grita "ueeeeehhh" cuando salimos de la entrega de maletas, mi cara de emoticón sorpresa produce sus risas. Una papayera aguarda hasta que llegan las que juro son tías que viven en Florida y vienen cada año cargadas de regalos de prenavidad.






Es invitación así que lo único que hay por hacer es esperar media hora a que me recojan, Liliana y su pareja aguardaban dentro de un auto, sin avisos, sin preguntar, tube que acercarme para saber si eran ellos mis transportadores. 

Es de noche así que debo imaginar las montañas, los yarumos y guadales a lado y lado de esta curva carretera. En la mañana de hoy tuve clase desde las 7:00am y salí a las 3:00pm directo al aeropuerto, agenda que los anfitriones no conocen así que cuando llego a las 8:00pm al parque de Salento, Javier me espera, me lleva al hotel a que deje la maleta pues debo ir a una tertulia de trabajo en un bar temático de los años 60. 

Tras dos horas de reunión, los prometidos aguardientes de los que solo se vieron las copas vacias, cuatro intentos de escapada para ir a preparar la conferencia, y una picada que entretiene el hambre, por fin casi a media noche del tercer día en que no duermo bien, me voy a descansar.

La lluvia comenzó a las 10:00pm, son las 8:00am del siguiente día, ya desayunamos, hablamos, sigue lloviendo y debemos iniciar la jornada por la que nos invitaron, aun no he visto las bellas casas y calles de Salento. Media mañana de discursos, la otra media somos conferencistas, Edna y Sandra arrancan aplausos con sus propuestas y yo, carcajadas. 

La única calle que conozco es la que atravesamos de lugar del evento al hotel-restaurante que queda justo al frente, la tarde es de taller y las lluvias no paran.

Edna me comisiona una vez más para que dirija los talleres, lluvia de problemas y planeación estratégica de soluciones, así se llegan las 5:00pm hora en la que los grupos presentan sus resultados. Las carteleras divinas producen en Edna una alegría que me sigue sorprendiendo, luego la explicación de las estrategias por parte de los locales aumenta la sonrisa de Edna, sonrisa que por momentos se convierte en carcajada cuando le dijo que hemos encontrado mi reemplazo para la clase de diseño de producto turístico.

Poco a poco el salón se oscurece, pues en el colegio en el que estamos no hay bombillos, así de pobre es o nunca se imaginaron que en la noche se hiciera algo. 

Sobre las 7:00pm terminamos. Javier esta vez nos espera en el hotel para llevarnos al aeropuerto, hora y media de viaje, la espera en el aeropuerto de Armenia, el vuelo, la espera en el aeropuerto de Bogotá y hacia media noche llego a mi casa sin haber podido pasear por las calles de Salento ni por el Valle del Cocora, en una viaje que paradójicamente era para trabajar por el turismo.

PD: durante los recorridos por carretera y los vuelos, vuelvo a los talleres, me sigue sorprendiendo la cara de Edna, pero me alegra que valore nuevas formas de construcción social del territorio.