Puede que todos los oficios tengan sus malagradecimientos y desagradecimientos, pero la docencia tiene en enseñar a pensar, uno de las actividades peor recompensadas.
En el reencuentro con los compañeros de pregrado, quienes somos docentes universitarios, hablamos de aquellos profesores que en el pregrado nos marcaron positivamente, resultan ser los que mas nos exigían. Fulvio a quien tuve como maestro en primer semestre, rompía nuestros trabajos, rayaba con marcador rojo los planos que habíamos hecho a mano durante tres noches, era riguroso con las lecturas, que más bien poco eran de diseño y si de literatura universal y ciencias sociales. Era riguroso con la disciplina, teníamos entregas tres días a la semana y si te atrasabas en una, debías no solo hacer la de dos dos entregas, eran cuatro por tu incumplimiento. Un 3,5 (escala de 0-5) era un éxito con él.
Hoy en el mismo reencuentro, hablamos también de los estudiantes que tenemos, de que no les podemos exigir mucho, de las quejas de los mas vagos cuando se les pone un 3,5 pues según ellos cumplieron porque entregaron el trabajo.
Hablo luego con mis estudiantes, me cuentan la fama que he ganado, el profesor jodón, exigente, mamón; pero también la del profesor que los ha marcado positivamente y quien les ha enseñado mucho.
Y llego al tema de las clases de investigación, ser profesor de investigación supone enseñar a pensar, a ser crítico y analítico. A diferencia de otras materias, en investigación no se trata de aprender unos conceptos y responder de memoria, no, en investigación no solo tienen que aprender los conceptos, tienen que entenderlos, criticarlos y construir, ahí hay un vínculo con el diseño.
Ser profesor de investigación, requiere, o al menos así lo hago, leer semana tras semana los documentos de cada estudiante, corregirles, sentarse con ellos a discutir y leer en voz alta, para ajustar no solo la redacción, sino también, verificar si entienden las teorías y conceptos que escriben.
Esta última actividad la tomo de manera divertida, leo con acento español, paisa, costeño, rolo, ñero, dependiendo de la forma de escritura, leo con las pausas mal puestas, leo y les pregunto de quién hablan y los hago caer en cuenta de sus errores, mientras se atacan de la risa.
En una de esas Johnny me pregunta si no me aburro de leer, leer y leer; Paula me pregunta si no es infructuoso esto, si no siento que ellos no avanzan, algunas otras lloran, otros me odian. Incluso en maestría, donde los alumnos son mayores que yo, dicen enfurecidos que quién soy y quién me creo para evaluar sus trabajos así.. y me dejan de hablar.
Por azares del destino me entero que los de noveno me dicen Scarface, (para quienes me leen por primera vez, tengo una cicatriz en la cara por una cirugía de cáncer de piel), recuerdo entonces que las compañeras docentes de la facultad dicen que soy cruel con mis comentarios cuando corrijo investigación, pienso, quién es más cruel.
Vuelvo a mi conversación del reencuentro, ojalá en unos años sea el profesor bien recordado y valorado de mis estudiantes, ojalá sea el Fulvio... aunque recuerdo luego, que Fulvio siempre fue Fulvio, a diferencia de Juepucha, Mac Giver o 3M, los otros profesores.

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