Me despierto en las mañanas con el cantar de las aves del jardín, luego las observo comerse las croquetas de Nirvana (la perra) y Kimosabi (el gato), entiendo que alimento al menos a 10 especies diferentes de animales. La primavera ha llegado, así que las flores y con ellas los insectos se hacen el nuevo objeto de fotografía. En las noches las luciérnagas vuelan por el bosque, mi jardín y hasta en mi cuarto. Así paso los días cuando me dedico a estudiar en casa.
Los sábados en su cotidianidad son paseos, ya sea porque ir al mercado me permite hablar con las mujeres indígenas que me venden las frutas, porque voy al centro repleto de turistas o porque ir al supermercado es la oportunidad para comer fuera o ver una película. A propósito, luego de seis meses volví a cine, y luego de 17 años volví a cine solo, Xmen doblada al español mexicano, la mala noticia fue perder los audífonos en el cine, la buena es que eso me permitió escuchar al Joe en el supermercado, me produjo la sonrisa que estoy seguro nadie entendió.
Las idas a estudiar son paseos que inician a las 9:45 am, si en este paraíso las clases comienzan a las 10:00 y estoy a 10 minutos en bici de donde estudio. Diez minutos en los que alcanzó a escuchar tres canciones, mientras veo el verde de los bosques en las montañas que rodean a San Cristóbal de las Casas. Cada clase, cada lectura es para mi un nuevo mundo que quiero habitar, una nueva puerta que quiero abrir, como niño en dulcería quisiera podérmelos llevar todos.
En algunas de las clases la pregunta de apertura es ¿cómo está tu corazón? La primera vez que la intenté responder fue difícil, no es algo que se pregunte en Colombia y menos en una clase. Aquí soy feliz, respondo casi siempre. La sonrisa de quien me pregunta es divertida, es un "me late", expresión que solo vine a entender hasta ahora.
Esto que les describo es mi nueva vida, una vida feliz en la que vivir solo no pesa, tampoco pesan las cargas del pasado de mi otra vida de hace solo cinco meses. Aunque por momentos me cuestiono el no hacer nada en un fin de semana, el levantarme tarde, el no ir al mercar en sábado, sé que son esos rezagos de esa vida pasada de presiones y afanes. Esta nueva vida es también la de tomar decisiones sin consultar, lo que implica asumir las consecuencias, pero igual no hay nadie que me las evalúe.
Ayer por ejemplo me compré un carro rojo, lo quería desde hace años, celebramos con Nirvana que dio tres vueltas a su alrededor, luego aprovechando el impulso, escribí un par de ensayos, de los tantos de estas las semanas más pesadas hasta ahora.
Hoy recibí un correo de la facultad en la que trabajaba, me cancelaron un módulo de clases que daría en un mes porque a los estudiantes no les caigo bien. No voy a negar que me enojé al nivel empute, luego, caí en la cuenta de que justo me enojaba algo de esa vida pasada, entendí entonces que parte de esta mi nueva vida feliz implica romper los vínculos y las cargas de ese antaño próximo.
Zlop me preguntó hace unos días cómo estoy, le contaba que me preocupa ser tan feliz, se rió y luego me dijo ¿por qué?, porque no estoy acostumbrado a ser feliz... Recordé luego que cuando me despedía de amigos, compañeros y alumnos les solía decir "que la felicidad te atropelle".
Quizás sea eso, literalmente la felicidad me atropella con una fuerza tal que me revuelca.