Hace treinta años me presenté a un concurso de cuento infantil, era una historia política, crítica a las elecciones de ese año protagonizadas por Buque, Cortado y Canal. Antes de entregar mi cuento, le había pedido a mi padre que lo revisara, recuerdo que en ese momento él leía la prensa y me dijo "usted qué va andar escribiendo, luego usted qué sabe", no lo leyó.
No era la primera vez de ese tipo de reacciones, cuando terminé Kinder con un promedio de 5.0 sobre 5.0, me dijo que debía mejorar, que si lo hacía me daría una bicicleta. Creo que por eso no me la dio cuando en primero, segundo y tercero el promedio fue 4,99, no había mejorado.
Yo era el típico niño que todo lo cuestionaba, en el colegio, en el hogar era callado, no cuestionaba a mis padres y para mis tíos era el "huevón", había que ver a mi hermano el avispado.
Yo era el típico niño que todo lo cuestionaba, en el colegio, en el hogar era callado, no cuestionaba a mis padres y para mis tíos era el "huevón", había que ver a mi hermano el avispado.
Mi padre era un poco extraño, creo ser de los pocos niños a los que su padre lo castigó golpeándolo en función de sus logros académicos: ¿cuánto se sacó hoy en el colegio? - 5,0 respondí, fueron cinco fuetazos, por fortuna fui el primero de la fila, mis hermanos decidieron que ese día les había ido mal, así que solo recibieron un fuetazo.
Busco y busco en mi memoria los recuerdos bonitos con mi padre, quizás uno de pocos fue cuando me regaló un muñeco nadador, aunque es extraño porque le tengo fobia al agua. Es triste, la mayoría de los recuerdos son negativos, sus largas ausencias, su fervor religioso, sus contradicciones, sus injustos castigos.
Era el viernes 16 de mayo de 1986, luego de sus habituales viajes, mi padre llegó con el teléfono anaranjado para la casa. Después del colegio y de almorzar, mi padre y yo subimos al techo a reparar una de las tejas plásticas que se había roto, arrodillados en las tejas de eternit, él remendaba y yo le pasaba las herramientas. De repente lo vi caer por la teja que estábamos reparando, una fracción de segundo y ya no estaba junto a mi. Corrí como loco, mi madre también, tuve que salir por la casa de la vecina para poder llegar a la mía.
En la sala, mi padre estaba inconsciente tendido junto al sofá, sangre brotaba por su nariz. Los vecinos vinieron a socorrerlo, recuerdo que uno levantó su cuerpo, lo llevaba hacia un auto y unos pocos metros antes de llegar a la puerta dijo "Este señor ya está muerto", lo regresó al lugar del que lo había recogido, le pusieron un espejo muy cerca de la nariz, le buscaron el pulso, en efecto se había muerto. Vi morir a mi padre.
En eso momento reinó el caos, me recuerdo llorando desconsolado junto a mi hermana mayor, mis hermanos menores eran aún muy chicos y aunque ya les habían dicho qué era la muerte, no alcanzaban a entender que nunca más veríamos a mi padre. Llegó medicina legal e hizo levantamiento del cadáver, al regresar de la lavandería de traer el vestido para mi padre, recuerdo la mano de un policía en mi garganta para no dejarme pasar, "es mi casa, era mi padre", le dije.
La vida nos cambió ese día, mi madre a sus 36 años tuvo que volverse padre, negociante, administradora. Yo a mis 10, me convertí en el hombre de la casa, nunca más hubo juegos de niños para mi. Al año acompañaba a mi madre a negociar, administrar y yo ya sabía conducir. Eso hizo que para mis hermanos menores yo fuera el padre, para mi hermana mayor yo fuera el hombre, que en una sociedad machista significa que yo decidía lo que ella podía o no hacer. En ese momento me pregunté qué sería de mi vida diez, veinte y treinta años después.
A los tres meses de la muerte de mi padre, participé en un concurso de pintura, recuerdo que me entrevistaron en el noticiero y eso me hizo famoso en el barrio, mi obra era una crítica a la exclusión social. Luego de eso, nunca más participé en concursos de cuento, ni de pintura.
Hace 30 años me gané un concurso de cuento y uno de pintura infantil. Me cuenta mi madre que cuando mi padre se enteró de que había ganado el concurso, leyó el cuento y le preguntó ¿Cómo Fredy puede escribir algo así?, dice mi madre que mi papá quizo felicitarme, decirme algo, pero justo ese día se murió.
Perdonar a mi padre ha sido uno de los procesos más difíciles en mi vida, sus duras críticas, sus inexistentes muestras de afecto, sus ausencias en vida y su ausencia con la muerte, determinaron lo que soy.
No creo en dios, por lo menos no en un creador, no creo en la vida después de la muerte, ni en infiernos, ni en paraísos, así que solo puedo decirte que espero que dónde sea que estés o lo que sea que seas hoy, seas feliz y estés en paz, te perdono papá.
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