martes, 3 de mayo de 2016

La iglesia ecológica de los próximos días

Nunca sonaron las campanas, el llamado se hizo a través de las redes, "Leonardo Boff viene a San Cristóbal de las Casas". Por la curiosidad de conocer a uno de los teólogos de la liberación más famosos del mundo, al fin asisto a un evento socioacadémico en la ciudad. 

Tarde me da por tomar un taxi que me lleve desde el píe de la montaña en la que vivo,  a la zona más norte de la ciudad, esa que ni siquiera sabía que existía. Entre las mil curvas y desvíos, con el susto que caracteriza a cualquier bogotano que va en un taxi sin conocer la ciudad, por fin veo incrustada en el píe de la montaña la universidad enterrada. 

Ni avisos, ni señales, los grandes portones de madera abiertos de par en par, son resguardados por dos niños cuyas únicas palabras son para responder el saludo. Sin saber dónde es, sigo la bolita de hipies que se dirigen a la parte más alta, escucho música tradicional, entonces empiezo a pensar que voy camino de una reunión de una secta hipiánica, contemplo la idea de escapar.

Hallo el punto de encuentro, rastas, mechilargos, punquetos, mochileros, europeos, sudamericanos, mexicanos, gringos, se saludan... todos se conocen, de nuevo pienso en escapar. En el salón de la izquierda hay una fila que supongo es la de registro, en el de la derecha parece que están en reunión. Intento hacer la fila y me doy cuenta que es para repartir el pan y el café (no vino) en una copa de barro que me recuerda el Santo Grial de Indiana Jones. Paso al salón, en el frente hay una especie de altar, con una gran mesa en concreto, detrás de la cual hay una especie de urna de esas en la que se guardan las hostias. Miro hacia el fondo, el inmenso salón está repleto de gente de todas las edades, además de los hippies de múltiples naciones, también hay indígenas y ladinos de la ciudad.

El vistazo y encuentro a Pablo solitario en la segunda fila, le hago señas, hay sillas libres junto a él, así que luego de saludar a doña Rosita, me siento. Conversamos con Pablo sobre los rockstars que poco a poco van apareciendo, llega Pete el gran Pete de la Vía Agroecológica, sin que me conozca lo saludo y le indico que hay lugar junto a nosotros. Pablo me pregunta si sé quién es el tal Leo, le digo lo poco que sé, mientras detallamos que todos los de primera fila leen su respectivo libro de Leo. Entran después nuestros maestros, aquellos con los que estamos creando una secta por ahora secreta.

Hora y cuarto tarde, ingresa un hombre de más de 80 años, 1.90m, pelo y barba blanca, vestido igualmente de blanco de hombros a pies, con una bufanda roja y una cruz que pende de su collar. Nos ponemos de pie, todos aplaudimos y algunos victorean. Se sientan en el frente Leo, su compañera, una indígena Tzetzal, uno Tzotzil, un hombre joven de barba y una guera que ya había visto en los ecos del sur.

Comienza la plática, el maestro se pone de pie, dice una frase luego de la cual hace una pausa, toma asiento y da paso para que la Tzetzal y el Tzotzil traduzcan cada uno la frase que acabamos de escuchar en español. Esto va para largo, decimos con Pablo, entendemos la rutina así que ya sabemos que luego de cada  frase del maestro, tenemos tiempo para que Pablo lea y yo dibuje.

Tras tres horas de charla (en español 45 minutos), el maestro acaba su gran charla y nos invita a la cristiandad y la ecología, las cuatro ecologías, solo a través de ellas alcanzaremos la salvación de la Tierra. Dan paso a las preguntas y son más los extranjeros que con español chancleteado participan, hablan del zapatismo y suman a las 6 R de Boff, la de R de revolución. Las últimas preguntas son más bien plegarias.

Pablo me dice "bueno, se acabo la misa", ahogo la carcajada pues Pete continúa junto a nosotros y él es uno de los discípulos co-fundadores de la iglesia ecológica de los próximos días. "Podéis ir en paz", le damos las gracias al señor y Pablo ruega porque el sermón del maestro haya hecho mella en las almas caritativas para que nos saquen de estas lejanías.

Buscamos conocidos entre los asistentes, no hay, preguntamos dónde tomar las combis, caminamos y nuevamente preguntamos, "ya a esta hora no consiguen, pero si quieren los acercamos a San Ramón". El sermón ha servido, en un viejo auto, dos coletos, una nicaragüense y dos colombianos nos dirigimos rumbo centro. Nuestras almas compungidas se despiden y esperamos cada uno un taxi para nuestras respectivas humildes moradas (caigo en cuenta que mi casa es más bien roja).

Al siguiente día nos encontramos con uno de los maestros de la secta secreta que además estaba la noche anterior en la platica:

  • La verdad yo me fui, no soporté... es que cuando empieza a hablar de Cristo...

Me pregunté, ¿acaso qué entenderá este cuate sobre teología de la liberación? ¿qué esperaba entonces?

PD: en serio fue un evento con una energía muy bonita, una bella representación de lo que es San Cristóbal de las Casas, un símbolo de cambios de la sociedad y la cultura, cuna no solo del EZLN, también de varios movimientos sociales, ecológicos y por supuesto espirituales.

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