Aeropuerto de Munich, 25 de noviembre de 2018, seis horas de espera entre mi vuelo de Paris y el que me lleva hacia Ciudad de México, mientras almuerzo, me llaman la atención los gritos de un hombre, me doy cuenta que se trata de una conversación entre dos personas cuya lengua materna no es el inglés, un asiático rodeado de su familia, y un alemán vendedor de relojes.
El vendedor le cuenta las características del reloj, el porqué vale $12.000 euros, le dice que al cabo de 200 años, ese reloj seguirá funcionando, será la mejor de las herencias. El asiático tiene mil dudas al respecto, sobre el color, dorado o plateado, si mejor este o aquel, habla con su esposa y con su padre, les traduce la conversación.
Doy una vuelta por las pocas tiendas de este piso del aeropuerto, somos muy pocos viajeros, debido a lo grande del mismo y a la puntualidad de los alemanes, desde todas las tiendas alcanzo a escuchar la voz del asiático conversando con el vendedor.
Tres horas después sigue la negociación, el vendedor exhibe sobre una mesa de la tienda tres relojes en lujosos estuches, el asiático en una silla tiene a su padre a la izquierda y a su esposa en la derecha, es un hombre joven con jeans y camiseta, zapatos tenis de lujo, su esposa con ropa de marcas reconocidas, su padre pelo blanco. El vendedor de alrededor de 50 años, pelo y barba con canas, hace bromas que los otros tardan en comprender, ya me enteré de los materiales del reloj, que fue hecho a mano, la esposa se mide los relojes. Me voy a dar otra vuelta por las tiendas.
Son casi las 10.00 pm, escucho el llamado de mi vuelo, voy hacia la puerta de abordaje, el asiático, ya solo, está pagando el reloj, el vendedor sonriente lo felicita por la compra. Soy del grupo 4 de abordaje, veo como el vendedor aún sonriente habla con su compañero de tienda de la venta, se pone su abrigo, su bufanda, cierran la tienda, activan la alarma y se marchan.
Minutos después, justo cuando hago la fila para abordar, veo al asiático que regresa, tiene una duda, al mirar la tienda cerrada mira con cierta tristeza su reciente compra, avanzo en la fila hacia al avión, al tiempo que el asiático se marcha también hacia su vuelo.
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