jueves, 24 de enero de 2019

Cuando te cambia la vida

Escribo esta entrada el 3 de septiembre de 2023, un día antes del día cumpleaños de Caro, mi hermanita. Nunca entendí por qué no fui capaz de escribir sobre esto en esa época. 

El 23 de enero de 2019 a solo 10 días de haber vuelto a México, cuando mis mayores preocupaciones eran el amor que se quedaba en Bogotá y que era mi último año de doctorado, recibiríamos la noticia que nos cambiaría la vida, mi hermanita Caro, la menor, fue diagnosticada con cáncer. Recuerdo que ese día me puse a llorar, sería el comienzo de días de muchas lágrimas, dolor y tristeza. A los tres días mi madre ya estaba en Chile, a la semana a través de una llamada grupal el médico nos dio el diagnóstico cáncer colorectal grado IV con metástasis en el hígado, en ese momento toda la familia se quedó en silencio, Caro en medio de las lágrimas me dijo "no me quiero morir", solo le atiné a decir, "no te vas a morir hermanita".

Respondimos en familia, acordamos turnarnos el acompañamiento. Le conté a Eduardo y a Erín, mis directores de tesis de doctorado... primero les dije que iría un mes a Chile y volvería a México, Eduardo, con la sabiduría que lo caracteriza me respondió que debía pasar por Colombia, que yo no tenía idea lo que significaban las labores de cuidado, que debía pasar a Colombia a recargarme de energía con mi familia, accedí, le dije que estaría una semana y luego regresaría a México. Aquí inició la pausa al doctorado.

Luego de hacer los trámites en migración para poder salir del país, viajé de San Cristóbal de las Casas hacia Santiago de Chile en algún día de febrero de 2019. Al segundo día de estar en Santiago, acompañé a mi hermana al centro del cáncer, en la entrada ya empecé a lagrimear aunque ahogaba las lágrimas para que mi hermana no me viera. En la cita el oncólogo nos explicó con dibujos,  mi hermana no paraba de llorar, era un cáncer incurable, pero el médico nos explicó de nuevo, que harían lo posible para sanarla. Recuerdo que cuando íbamos saliendo de su consultorio, el doctor puso su mano en mi hombro, me pidió que me quedara, cerró la puerta y me dijo que el cáncer de mi hermana no tenía cura, que si hubiera llegado a cualquier otro lugar la hubieran enviado a casa porque no había qué hacer, que su expectativa de vida eran entre 3 y 3 años medio, no le quise decir esto a mi hermanita, de hecho, no se lo dije a nadie en la familia, solo hasta la última semana de agosto de 2023.

En ese febrero comenzaron las charlas profundas con mi hermanita, las charlas sobre la vida, sobre la muerte, sobre el sentido de todo, sobre lo que ella pensaba, sobre sus temores. Recuerdo que me dijo que su pareja no era capaz de cambiarle un pañal al niño porque le daba asco, que cómo sería si le tocaba cuidarla a ella. 

A las dos semanas de estar en Chile, luego de la cirugía para ponerle el catéter y las primeras quimios, mi hermanita ya no podía ir al baño sola, yo la acompañaba y la limpiaba. Mi hermanita pasaba días y noches sumida en dolores intensos, en un sufrimiento que nunca antes vi a ninguna persona, nuestros días y noches eran repletos de sus dolores intensos, de su debilidad, de acompañarla, de poner mil alarmas para los mil medicamentos... de agradecer sufrir de insomnio porque así podía cuidarla día y noche.

Así, a la semana de estar en Chile, ya sabía que una semana en Colombia no sería suficiente, a las dos semanas en Chile ya sabía que un mes no sería suficiente, al mes de estar en Chile y rumbo a Colombia, ya sabía que dejaría México para regresar a vivir a Colombia, porque mi corazón no aguantaba lo que estábamos viviendo.



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