La ansiedad y el miedo antes del viaje, aunque en menor grado, fueron inevitables, el pensar en revivir la experiencia de hace seis meses, volver a ver a mi hermana sufriendo. La cancelación del vuelo me lleva a una noche en el hotel Tequendama, donde la sensación de soledad que desde hace tiempo me acompaña silenciosa, esta vez sube la voz. Una intoxicación con la comida casi me cuesta el viaje, con eso me di cuenta que en adelante mis males y tristezas me las guardaría.
Llego a Santiago, esta vez mi cuñado no me recoge, medio conozco esta ciudad, así que hago de las dos horas en transfer un paseo y así a las 9.00 pm llego a casa. Mi hermana está más delgada, pero no está demacrada, luce hermosa con su nuevo corte que nos recuerda que hoy, como cuando ella a los 17 tenía el pelo corto, yo a los 22 tenía el pelo largo; charlas cortas, al día siguiente iríamos a la clínica para que la internaran.
Jueves, menos de 24 horas después de mí llegada a Chile, ya estamos en la clínica, los médicos nos explican con detalles y riesgos la cirugía, comienzan los momentos duros, al día siguiente sería la cirugía, pero un transplante que hizo su doctor, la aplazó un día, así que el viernes fue el inicio de nuestras conversaciones profundas. Sábado en la mañana, cuido al bebé mientras mi hermana entra a cirugía, espero a que el padre vuelva para poder ir a la clínica, lo que sería una hora se hicieron seis, casi el tiempo que duró la cirugía, corro a la clínica, alcanzo a llegar antes de que salga mi hermana, luego de casi ocho horas al fin sale, su doctor nos explica que resultó el mejor de los escenarios. Esperamos un rato para poderla ver, luego de las indicaciones médicas la vemos, conectada a varias máquinas, cables y mangueras, para eso estaba preparado, no tanto para verle el rostro transformado por la hinchazón y el dolor, su mirada perdida y ojos como grandes bolas de agua, le digo que todo salió bien, su mejor amiga que me acompaña, no puede evitar las lágrimas y el shock al salir, la calmo.
Vendrían la recuperación postoperatoria, avances muy rápidos con varias molestias y vivir de nuevo algunas experiencias malucas. 10 largos largos días de madrugar y estar hasta tarde en la clínica, en esos ratos en que mi hermana duerme o debo esperar afuera mientras le hacen exámenes o la bañan, en la hora y 15 de cada trayecto en metro, vuelvo a la pensadera, y con ella, la sensación de soledad ¿Cómo resulté aquí? ¿Cuál es mi rol? el no tener hijos, ni pareja, ni nadie que me extrañe, ser el que puede dejar su doctorado, su casa, su nuevo país para mudarse, el que no tiene a quién llamar a contarle cómo se siente, ni quién le llame para preguntarle cómo esta, por todo eso estoy aquí.
Luego de ese drama, típico en mí, vuelvo como desde hace unos meses a hablar conmigo, pienso que me dedico aquí a ser hermano, que todo esto de lo que me quejo, no tener pareja, ni hijos, ni nadie que me extrañe, poder dejarlo todo, es positivo, pienso que eso me trajo aquí, que la vida me estaba preparando para esto. Pienso que he hecho mucho por mis ex, he hecho mucho por mis amigas/os, les he escuchado y aconsejado, es maravilloso poderlo hacer por mi hermana.
Pero los días de primavera son largos, mi nueva cotidianidad no da tiempo para leer, ver TV o avanzar en la tesis, además de dedicarme a ser hermano, me dedico a ser tío.
Pese a saber que esto es lo que debo hacer, que es lo mejor que puedo hacer en este momento, no puedo evitar la sensación de soledad, como no puedo evitar la necesidad de hablar con alguien y al no haber con quién, se hace un círculo vicioso que de a pocos aprieta y se hace un nudo en la garganta, nudo que debo soltar cada día para poder levantarme seguir dedicándome a ser hermano y tío.
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