Hace un año inicié el viaje a una estancia doctoral en España, nunca escribí al respecto, por vainas de la vida, luego se convirtió en un periplo. Hoy cumplo un año de andar no más de dos meses en cada lugar, con una maleta que es closet, una mochila que es oficina, en dos maletas guardo todo lo que tengo. Me despierto varios días preguntándome dónde estoy, reconociendo los acentos y las palabras, volviendo a cuadrar mis conversiones de una moneda a otra, reconociendo también metros, buses, calles. Un año ya de sentir que no tengo casa y de no tener la certeza de dónde viviré al final de cada viaje.
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