jueves, 3 de diciembre de 2020

Atrapado

Llegué un 2 de marzo a Santiago pensando en que estaría un mes, al cabo del cual viajaría a Colombia por dos días y luego a México a visitar mis amigues, haría un segundo viaje a México a titularme del doctorado, sin embargo, una pandemia se atravesó. Vivir una pandemia en un país ajeno, al que viniste por un mes, con ropa por un mes de verano, vivir en una habitación de 1.5m * 2.5m, terminar una tesis doctoral escribiendo desde una cama porque no hay escritorio, sentir la soledad de otra manera, saber que tu país te niega la entrada. 

Vivir la distopía me dije muchas veces, ver el cambio en la forma de funcionar de supermercados, ver el mundo completo usando tapabocas, ver el comercio cerrar, las empresas quebrar,  y en medio de eso, estar con mi hermana recuperándose de un cáncer mientras se separa de su ex,  a la par yo con el corazón roto por amor, pensaba en terminar un doctorado.

Fueron nueve meses que mi coach interior diría que me enseñaron muchas cosas, aprendí a vivir sin pareja, a estar solo, muchas veces me dije que hasta mejor, que había pasado de aquel septiembre de 2019 en que me moría de tristeza porque nadie me extrañaba, a estar tranquilo en el 2020 porque nadie me extrañaba, porque nadie me preguntaba cuándo volvería, ni cuándo nos volveríamos a ver. 

Según yo, aprendí a no contarle mi día a día a nadie, a dividir el narrar de mis días entre las personas,  a Caro una parte afectiva, mis preocupaciones sobre la vida, a mis amigas estudiantes de doctorado las cosas del doctorado, similar las cosas del trabajo. Volví a aquella frase de mis 20-30 de que no le contaba a una sola persona todo sobre mí, para que en caso de hacer mi biografía tuvieran que entrevistar a varios/as, sobre todo, para no ser vulnerable.

Según yo, aprendí de lo importante de la vida, a tener una vida tranquila, a ser aún más paciente, a preocuparme cada vez menos por el futuro, a planear menos...al fin y al cabo, quería terminar el doctorado en diciembre de 2019, no lo pude hacer en mayo, ni antes de mi cumple, ni el día de mi cumple,  lo terminé en septiembre de 2020. Al fin y al cabo no pude ir a México, ni irme al mes, no pude ver a mis amigues de Colombia, ni volver a campo.

Viví muchas cosas, tantas que opté por olvidarlas.

sábado, 8 de agosto de 2020

Mera amar-gura

Siempre he reconocido mi amargura, desde hace años pienso que soy mera amargura y hace poco tiempo caí en la cuenta de que amar-gura.
Ahora veo las películas y leo las novelas sin esperar que terminen bien, espero que al igual que la vida, todo termine mal, como es, como debe ser.
Terminé de leer una novela que me compré, muy buena, pero es que ando sin ganas de leer nada, nada académico y me excuso en que es porque luego del doctorado no quiero más
He visto series y películas de Netflix pero me maman, me suscribí a un canal de cine arte y no soporto más de 10 minutos una película.
Me mama la academia, la política, la CBS, mis compañeras de la CBS...me mama la idea de buscar otro trabajo...o el tener que pensar dónde quiero vivir, pensar si en Colombia, en Chile, en México y me produce una profunda mamera hablar con amigas, hablar con la mujer con que salí en enero y nos seguimos hablando.
Llevo tres semanas pensando en que podría iniciar a hacer la presentación de mi examen doctoral y no me dan ganas.

lunes, 20 de julio de 2020

martes, 10 de marzo de 2020

Exfabricante de sueños

Durante mucho tiempo y hasta hace pocos años, tenía la habilidad de poder definir lo que soñaba. En medio de un sueño, como por arte de magia, cambiaba rostros, personajes, historias, incluso si se trataba de una pesadilla.
Podía programar mis sueños, si no sabía qué hacer en un taller o en una clase del día siguiente, antes de dormir me decía que me lo soñaría, y así lo hacía ¡Ay los talleres y clases que me soñé! ¡Ay de esos sueños que creé!
No sé si fue el insomnio cada vez más fuerte, lo aburrido de las ciencias a las que me dedico, que perdí la conexión o simplemente, que me he hecho viejo, pero, ya no tengo esa habilidad. Ahora, aunque intento programar mis sueños para hacer las tareas de la sicóloga, como cualquier mortal, no puedo controlar lo que sueño. Ahora, como cualquier mortal trato de encontrarle significado a esos sueños inesperados que se sienten tan reales. 

lunes, 9 de marzo de 2020

memoria

Desde muy chico me dicen que tengo buena memoria, y sí, años después de ocurrido, puedo recordar conversaciones, la ropa que llevaban puesta el día de la conversación, las caras y muecas, puedo recordar los sonidos y las sensaciones. Ni hablar de lo absurdo de mi lío con las fechas, soy el sin fin de efemérides. Con los apps y sus recordatorios, pongo el contexto, los detalles y qué hice ese día, cada objeto de una foto es un mar de recuerdos.

A veces eso me aburre, sea por la nostalgia, por la tristeza, porque descubro una línea de mentiras, o porque simplemente, quiero dejar de pensar.

Que mi memoria es selectiva y se concentra en lo que me interesa, lo sé hace rato. No obstante, hace poco caí en la cuenta de que con el tiempo mi memoria cierra capítulos, como si momentos, lugares, personas, se redujeran a la portada de un libro que leí, pero no escribí.