lunes, 9 de marzo de 2020

memoria

Desde muy chico me dicen que tengo buena memoria, y sí, años después de ocurrido, puedo recordar conversaciones, la ropa que llevaban puesta el día de la conversación, las caras y muecas, puedo recordar los sonidos y las sensaciones. Ni hablar de lo absurdo de mi lío con las fechas, soy el sin fin de efemérides. Con los apps y sus recordatorios, pongo el contexto, los detalles y qué hice ese día, cada objeto de una foto es un mar de recuerdos.

A veces eso me aburre, sea por la nostalgia, por la tristeza, porque descubro una línea de mentiras, o porque simplemente, quiero dejar de pensar.

Que mi memoria es selectiva y se concentra en lo que me interesa, lo sé hace rato. No obstante, hace poco caí en la cuenta de que con el tiempo mi memoria cierra capítulos, como si momentos, lugares, personas, se redujeran a la portada de un libro que leí, pero no escribí.

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