martes, 10 de marzo de 2020

Exfabricante de sueños

Durante mucho tiempo y hasta hace pocos años, tenía la habilidad de poder definir lo que soñaba. En medio de un sueño, como por arte de magia, cambiaba rostros, personajes, historias, incluso si se trataba de una pesadilla.
Podía programar mis sueños, si no sabía qué hacer en un taller o en una clase del día siguiente, antes de dormir me decía que me lo soñaría, y así lo hacía ¡Ay los talleres y clases que me soñé! ¡Ay de esos sueños que creé!
No sé si fue el insomnio cada vez más fuerte, lo aburrido de las ciencias a las que me dedico, que perdí la conexión o simplemente, que me he hecho viejo, pero, ya no tengo esa habilidad. Ahora, aunque intento programar mis sueños para hacer las tareas de la sicóloga, como cualquier mortal, no puedo controlar lo que sueño. Ahora, como cualquier mortal trato de encontrarle significado a esos sueños inesperados que se sienten tan reales. 

lunes, 9 de marzo de 2020

memoria

Desde muy chico me dicen que tengo buena memoria, y sí, años después de ocurrido, puedo recordar conversaciones, la ropa que llevaban puesta el día de la conversación, las caras y muecas, puedo recordar los sonidos y las sensaciones. Ni hablar de lo absurdo de mi lío con las fechas, soy el sin fin de efemérides. Con los apps y sus recordatorios, pongo el contexto, los detalles y qué hice ese día, cada objeto de una foto es un mar de recuerdos.

A veces eso me aburre, sea por la nostalgia, por la tristeza, porque descubro una línea de mentiras, o porque simplemente, quiero dejar de pensar.

Que mi memoria es selectiva y se concentra en lo que me interesa, lo sé hace rato. No obstante, hace poco caí en la cuenta de que con el tiempo mi memoria cierra capítulos, como si momentos, lugares, personas, se redujeran a la portada de un libro que leí, pero no escribí.