Nuevamente el mismo desayuno frío, caigo en cuenta de que es el mismo que me hago todos los días. Al contrario de los días anteriores, este es nublado, el mismo camino de ayer pero nos dirigimos a La Nona, cafetales, guaduales y muchas aves azules que atraviesan una vía rodeada de montañas y grandes abismos.
Luego de una curva la carretera está pavimentada, resulta ser que por falta de espacio o porque es el único pedazo plano, que un fragmento de la carretera es la cancha demarcada de una escuela…lo mejor una niña hace parte de uno de los equipos.
45 minutos para un derrumbe impide que avancemos, El King (realmente se debe llamar así) sugiere cambio de ruta que supone un atraso de una hora.
Más café, más nubes y lluvia, que al cabo de otra hora nos muestran que a La Nona no iremos, pues otro derrumbe nos impide avanzar. Salimos a otro parque natural Las Hortensias, esta vez una hora y cuarto para llegar. Un ascenso de unos 400 metros por un sendero fuerte, siento que piso algo y Julián se ríe, “pisó una culebra y no se dio cuenta”, ya no iré de primero. Llegamos al mirador, al fin salgo en una foto, Germán necesita un modelo que se haga el ecoturista, en una pantalla de 2 pulgadas me veo bien, pero creo que esta foto máximo llegará a mi fondo de pantalla. La vista muestra a una Pereira grande, pero la bruma impide una buena fotografía.
Nuevamente tomo fotos de grillos y cucarrones, pero nada del otro mundo, Julián nos recomienda otro sendero. 10 minutos en carro que son interrumpidos por un árbol que se desmayó la noche anterior, el desmayo de un árbol no se perdona y Julián decide darle natural sepultura. Pablo Ardila diría: muere a machetazos un árbol en el departamento de Risaralda (Como no hay sangre no salió en El Espacio)
Con tres horas de atraso ingresamos a un sendero en el que 5 minutos de caminata se convierten en hora y quince de fotos. Una mariposa de alas transparentes la modelo para dos estudios fotográficos, el de Germán y el mío. Dios, como hago para que cada belleza no me haga recordarte.
Regresamos a Pereira, la tarde será de Guadua. Pedro nos recibe con la tranquilidad y el ritmo propio de los paisas, nos invita un café y salimos a la finca. Llegamos a un condominio, el Beverly Hills de Pereira, parece que hasta rasguños hay por aquí.
Llegamos a la casa de otro Elkin, nos muestra su hogar totalmente hecho en guadua, pero como dice: no mucha, no mucha que se ve fea. Muros de bareque cubiertos de cemento. Luego me enseña que la guadua no se engorda, sino que se alarga, pienso en que algunas mujeres la deben envidiar. Me dice que la guadua desde que nace, sabe cuanto medirá y que se corta en las noches de menguante, será que el amor es así de predecible?.
Nos dirigimos al bosque, nos advierten que los mosquitos estarán alborotados. Un bosque de guadua combinado con heliconias, es una obra de arte, cada foto parece una red de trazos curvilíneos tipo Kandinsky. Un lago refleja la cúpula de líneas, Germán y yo juramos que este es un bosque encantado.
Un fuerte ruido empieza atormentarnos, miles de mosquitos empiezan a atacarnos, son nubes, nos rodean, pero debemos seguir tomando fotos, al cabo de 5 minutos tengo más de 30 picotones. Luego de fotos de paisajes, de detalles, macros y sobreexposiciones, es tiempo de irse, los moquitos ya han hecho mella.
Rumbo final Filandia, al hotel del que hace casi un año me robé la llave. En un comienzo no me reconocen, será el cambio de look?.
Me veo en el espejo y descubro a dónde demonios fue a parar el unicornio de Silvio, maldito mosco en lo que me has convertido.
Me dicen que los viajes sirven para alejarse de las preocupaciones, de las tristezas; quisiera decir que en los viajes logro olvidar.
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