jueves, 27 de noviembre de 2008

Montería suena a despedida

 
Otro viaje sorpresa trae consigo una sensación de nostalgia, parece ser el último con el dumboldt, luego de la reestructuración geométrica que acabo con nuestra línea. Nuevamente viajo sólo, es la constante y da espacio para hablar conmigo mientras la ventana muestra el blanco de un cielo nublado en el que el aluminio de las alas contrasta, recuerdo el primer vuelo con el equipo hace 5 años paradójicamente hacia el Sugar, al CIAT , viaje en el que conocí a Juandi, a quién me encuentro en este viaje.
 
Hacia 3 años había venido por última vez, las mismas llanuras repletas de pasto, con escasos árboles que forman cuadrículas, las mismas garzas blancas, la misma ciudad; mientras camino por las calles recuerdo que hace ocho días caminaba por Santiago, aquí hay calor pero la lluvia lo opaca. En la noche el encuentro con las cabezas científicas que guían la desalineación, una cena en medio de bromas tontas y comentarios elitistas, de la que solo escapo pidiendo llamadas al cel, la disculpa de la U y me encierro en mi cuarto frío, más frío que mi casa en el cerro.
Somos 10 conferencias y son 6 los asistentes, con el paso de las horas suman 20 con nosotros, charlas largas y aburridas, cifras, datos, y carreta; como mi charla fue pedida, la han dejado al almuerzo, fue mi reto esta vez distraerles la barriga; sin bostezos, ni dormidos pues del dumboldt ya se han ido, logro así mi cometido.
Por la ronda del Sinú, caminamos con los genios, unas cuadras y me aparto al encuentro de los bichos; dinosaurios sobreviven y se visten de iguanas, con sus crestas bien punketas y sus ojos verdes locos, los monitos aullador en familias muy unidas, pita el taxi ya nos vamos.
De regreso en el avión con la vibra que me gusta a la izquierda el cielo a gris, a la diestra está el sol que se oculta en el Pacífico, lento lento, va bajando, como lenta despedida.

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