
Velas blancas iluminan la habitación, allí, dos copas de vino, dos ramos de flores, una especie de cena y el aire caliente ambientan la escena que me esperaba al llegar de un viaje; sigo sus indicaciones, la encuentro, la pequeña ropa negra deja ver su mar de encantos, la tenue luz acentúa su cuerpo, su piel canela y suave, sus curvas delicadas, su cálida sonrisa, sus ojos casi negros, su rostro dice todo, el mío espero lo mismo.

La cena, el vino, el postre, cerezas compartidas, la crema por su cuerpo, la lengua que la busca, la meta es la locura, la mía y la de ella, y no diré detalles, la noche fue grandiosa, el amanecer también, pensar que ya hace rato la amo con locura, me trajo nada menos, que la felicidad.

La conocí un octubre, casi el día de las brujas, su rostro de 21, su gomelita voz, llegó pa entrevistarme y de una me impactó. Lo hice, me arriesgué, su número pedí, recuerdo a mis compas de oficina, "F se boletió".

Pasaron muchos meses, pasaron muchos viajes, pasaron muchas cosas hasta que al fin volvió; y fue en mes de septiembre (**) que con flores llegó, con vino y con la cena, y así a mi vida entró. (** no fue amor y a amistad, ella olvida esas cosas, olvida cumpleaños, olvida en que día nació).

Vinieron muchas flores, vinieron más detalles, vinieron sus propuestas, vinieron sus locuras, vinieron sus sonrisas; y de repente un día, así de sopetón miré hacia mis adentros, miré en mi corazón, mirara a donde mirara, su rostro estaba allí, allí estaban sus curvas, sus caricias y besos, su voz, su compañía.

Sabe de mi memoria, recuerdo cada noche, recuerdo cada día, recuerdo hasta sus ropas de las primeras citas, no obstante, me ha pedido que no olvide esta noche, ¿y quién podría hacerlo?, ¿quién olvida cuando se vive la felicidad?.
Anoche estuve alimentando el alma y el cuerpo, recital B206 en mm mayor
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