Como ábaco en un mundo digital, infructuoso trato de compartirle un poco, tan solo un poco de la felicidad que trae a mi vida; entonces, mientras cada sonrisa, cada beso, cada caricia me mueve el corazón, mucho a mucho y de forma exponencial el enamoramiento crece.
Debo confesar que a veces cuando las miradas de alegría y satisfacción se cruzan, cuando por instantes por su cabeza pasa la idea de un futuro juntos, cuando me habla de la casa que tendremos, del carro, la mascota y de los muebles, la dicha me invade plenamente, para luego cuando la realidad de lo incierto llega, volver a apachurrarme.
Así, es viernes en la tarde, de compras y sonrisas, de juegos sensuales y de fotos, sorpresa es el correo, el sobre es de la U buenas noticias, le dan la bienvenida a los EEUU y entonces en mi pecho se siente aquel temblor; si lo sé, es lo que ella sueña, me alegro y se lo digo, y entonces aquella conversa del ¿que pasará? esa que venimos evitando, se evita en una vez más.
Y quise celebralo con la rumba, con cena y vino aquí en la maca; no obstante es la pasión nuestro licor, su cuerpo junto al mío en esta noche; temprano con luna se ha marchado y se encuentra los problemas de hace meses, se va, se quiere ir ya se aburrió; y yo en sólo minutos ya la extraño, extraño su calor, extraño la vida con ella; de tarde en mi ventana veo el verde, recuerdo que en las nubes dicen que ando, tal vez tengan razón, más solo un poco, he vuelto a mi planeta ese al que amo, el B206, el Bones 206.
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