De la nada y sin planear como suelen ser los mejores paseos, con la disculpa de que Ratna conozca los páramos y el fraylejon, y que nosotros volvamos a ver el verde, el destino es Iguaque un parque nacional natural ubicado en Villa de Leyva.
Sábado 6:30am para no perder la costumbre de entre semana, despertarse y correr en busca de nuestra nueva amiga de ascendencia india, pero no por ello madrugadora. Rumbo sur en busca de la terminal, para de allí salir al norte a nuestro destino tomaría casi 4 horas, que para Ratna y Bones no serían sino 15 minutos de charla.
Cuatro horas de viaje por la renovada carretera, de vuelta a la colcha de retazos que caracteriza a Boyacá, de regreso a las calles pendientes y angostas de Tunja, a las curvas que llevan al valle en el que está Villa y de vuelta a su plaza empedrada.
Con la mirada del turismo sostenible que a veces no me deja, encuentro un pueblo ya casi ciudad que se viste de uniforme blanco y verde para los visitantes, un pueblo colonial que como San Cristóbal en México cada vez es menos de los locales y más de los foráneos; la comida y las tiendas típicas, como los campesinos cada vez se encuentran más afuera.
Pero el destino no es Villa, es Iguaque, Julio en su viejo taxi nos lleva por la carretera que va a Arcabuco, 45 minutos por terreno destapado tratando de llegar antes de las 5:00pm en que se cierra el Parque, recuerdo entonces los paisajes de mi niñez cuando visitaba a los abuelos, los campos de tejo en las veredas, mezclado con mis prácticas de inglés con Ratna, off course yourmerced, you are very withsense (consentida).
$64000 por entradas y ya a 700m del alojamiento de las comunidades, donde unas confortables habitaciones y una deliciosa comida nos esperaban, con el frío de la noche buscamos la chimenea que aunque apagada nos calienta así sea con las ganas.
La noche es para ver las estrellas gracias al iPhone que nos dice qué es qué, no muy tarde pues la salida es temprano.
Con la luz del sol y el sonido de las aves despertamos, un rápido baño, desayuno boyacense y a caminar, nos espraban 5 kilómetros divididos en cinco estaciones. Los primeros dos kilómetros son para el bosque altoandino, un sendero como túnel de robles y árboles de la región cubiertos de musgos y bromelias. Las aves apenas se escuchan, lo mismo la quebrada, el terreno inclinado va aumentando y en la estación 6 se llega al Muro, llamado así porque es exactamente eso, un muro por escalar, el ecosistema se va transformando (Bones nos explica que se llama ecotono), estamos en el subpáramo, aparecen los primeros fraylejones, la vegetación se hace más baja y menos densa, el viento empieza a cantar en los oídos y el frío aumenta.
Las 4 estaciones restantes se hacen lentas, la fuerza del viento y la pendiente nos recuerdan las palabras del funcionario de parques "no es un sendero fácil", a medida que subimos las nubes se van quedando no atrás sino abajo, a medida que ascendemos esa colcha de retazos que ayer veíamos desde el bus, aparece en la base de las montañas que hasta hace poco estaban atrás, muy lejos.
Luego de tres horas llegamos a los 3.600msnm de la laguna de Iguaque, de lejos parece una pequeña piscina natural, ya de cerca es como un gran corona, en el centro la Laguna, rodeada de peñas y fraylejones. Allí Ratna fiel a sus tradiciones meditó, nostros fieles a las nuestras comimos, respiramos profundo y observamos.
El regreso nos tomaría más tiempo del esperado, las pausas para tomar fotos fueron disminuyendo, Julio el del taxi, estaría a las 2:00pm y aún nos faltaban 4 kilómetros, Bones tomaba de la mano a Ratna que jamas había caminado una pendiente así, sus rodillas de 18 años como las nuestras traqueaban en cada escalón.


Casi corriendo y con 15 minutos de retraso salimos del Parque, compartimos las fotos de flores, paisajes y nuestras aventuras, pero es Boyacá, el almuerzo fritanga con refajo y una hora para ver en la plaza.


El bus de regreso cambiaría de ruta pasando por Samacá, de forma que en tan solo tres horas estuvimos en Bogotá, allí con el cansancio de los músculos pero con la alegría de que mi inglés ha mejorado pues entendí a Ratna, esperamos a su padre, la visita más famosa que hemos tenido en el apartamento nos hablaría del Magdalena, de Santa marta y sus problemas, nos ofrecería té y de paso, en sus conversas con su hija me recordaría que su hija todo el tiempo me habló despacio para que entendiera.



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