Ha llegado julio y con él, la respectiva evaluación de logros de vida, apenas hace unos días conocí a Ratna 18 años, 4 idiomas, a los 14 creó una fundación y una escuela, estudiará en Harvard y se conoce medio planeta; Julián, la nueva adquisición en investigación de la facultad, ronda mi edad y con orgullo sí merece que le digan doctor.
El maldito Facebook herramienta básica para alardear y presumir, muestra a conocidos trabajando en grandes centros de investigación mundial; miro mi CV (espejo), cargo actual: investigador docente, dos publicaciones en 2012 (una indexada la otra isbniada) y el eterno ya casi acabo MsC....me animo: pero ya sustenté, ya casi me gradúo.
Por estar en el mundo ambiental me entero de que la nueva fórmula Río+20=0, pues logros no hubo, avances menos, si criticaban por simplistas y básicos a los economistas que miden en PIB, la cumbre de Río cambió las matemáticas.
Con el panorama oscuro, sin saber para dónde voy, seguro de que lo avanzado es poco y lo peor que el mundo está cada vez más mal, trato nuevamente de alentarme: estoy cayendo en el reduccionismo aritmomórfico, en tratar de ver el éxito con indicadores cuantitativos, ¡no a la acumulación, así sea de diplomas y citaciones!
Sábado de clase, en la mañana, tres docentes que hacen las veces de mis alumnos son pocos para poder hacer mis ejercicios pedagógicos, ¿Cómo explicar cadena de valor si no hay ni los eslabones de una productiva?
Sábado de clase, en la tarde los alumnos de maestría, confundidos por que no saben qué es una reseña ni que el profesor Google los podría orientar, aducen que para qué hacer 10 si luego 7 estarían mal, mejor hacer cero; cero que por supuesto no fue su nota, pues no podemos caer en el reduccionismo cuantitativo.
Así, en medio de las divagaciones profundas sobre mi ser y lo que quiero ser, pasan los días previos a mi cumpleaños, causa y efecto de la sensación; mientras me pregunto si haría doctorado, si vuelvo al campo, si me voy del país, leo sobre la partícula de Higgs y de paso de física cuántica, entonces, llegan 2 alumnas de maestría a preguntar.
Y yo que no quería caer en el reduccionismo cuantitativo
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