Ser profesor fue un sueño desde que era niño, gracias a la admiración por mis maestros, que siempre me hablaron de la responsabilidad que tenemos de contribuir en la construcción de un mundo mejor.
Al comienzo, pensaba terminar la carrera y regresar a ser maestro en el colegio en el que estudié la primaria, luego que debería ser profesor en el colegio de secundaria, luego soñé ser profesor en la carrera de diseño, finalmente hace unos 16 años empecé como docente en temas de sostenibilidad, emprendimiento y turismo.
Tuve la fortuna de que mis profesores del colegio incentivaron el pensamiento analítico, critico y argumentativo. Asimismo, que nos enseñaban en contexto, en nuestras clases de química explicaban qué era el ph y en el laboratorio hacíamos estudios de ph del suelo para saber cómo debíamos fertilizar los cultivos. Me formé sin saberlo bajo una educación integral e interdisciplinar.
Por eso quiero iniciar indicando que aunque en la actualidad hablamos de complejidad, posmodernidad, caos, construcción social, transdiciplinariedad, holística, respeto a la diversidad, etc. La educación sigue siendo del siglo XVIII, jerárquica, cartesiana, mecanicista, reduccionista y dividida en cajas del conocimiento, en la que la ética no tiene cabida o es un adorno. Una educación que a partir de la revolución industrial es para el trabajo, no para la vida, ni la felicidad.
Creo que como docentes a veces caemos en la subvaloración de los estudiantes , en estigmatizar las tecnologías y a las nuevas generaciones. "Ellos no leen", "ellos no pueden".
En efecto, hoy existen tecnologías de información, redes sociales, Google, etc, hoy los estudiantes están a dos clic de explicaciones en vídeo sobre física cuántica, lo cual para muchos plantea el interrogante ¿qué enseñar si ya se encuentra todo en internet?
Creo que la respuesta es sencilla, si el enfoque sigue siendo la memoria y dar recetas, no tendremos nada qué hacer como docentes. Pero si queremos ir más allá, incentivar la construcción de conocimiento y de saberes, la investigación, la creatividad, la innovación, pero sobre todo, la felicidad, la humanidad, la empatía y la búsqueda de un mundo mejor, tenemos todo por hacer.
Ahora bien, el modelo educativo nos sigue pidiendo que evaluemos en términos cartesianos, numéricos y estandarizados, sin entender la complejidad, la diversidad y la diferencia que nos caracteriza. Esto ha llevado a que la meta de la educación sea el pasar las materias, los exámenes y los semestres, no el aprender.
El modelo además incentiva la competencia entre los estudiantes, no la cooperación. De allí que algunos alumnos me cuestionaran la forma en que los evaluaba o los ejercicios académicos, pues iban en contravía de lo que veían en mis clases. Ese fue un aprendizaje valioso, cómo valorar el trabajo y aprendizaje más allá de lo numérico, cómo incentivar la colaboración y cooperación en lugar de la competencia. Por eso los mismos alumnos me decían que no hiciera debates sino conversatorios, por eso al final hacía parciales en grupo y permitía que se colaboraran.
Este afán por la nota, por ser el mejor ha llevado a que algunos estudiantes olviden el sentido de la educación y de la vida, y como en los negocios hagan lo que sea necesario pasando por encima de los demás para obtener la mayor rentabilidad en este caso expresada en una buena calificación.
"Si querían enseñarnos al mundo real, muchas gracias este es el mundo real, un mundo donde no hay humanidad, hay egoísmo, pasan por encima de todos para beneficio individual y los jefes en este caso los profesores los premian". Palabras de un alumno a quien aprecio mucho y quien también me dijo alguna vez que todo eso que yo criticaba en mis clases de la sociedad, pasaba en la educación.
Son justo estudiantes como él, los que me hacen pensar que lo que hacemos vale la pena, que el cambio es posible. Tuve la fortuna de ver el cambio en varios estudiantes en sus modos de pensar, en su argumentación, no hay mejor momento en la vida de docente que ese en que el alumno es capaz de cuestionarte y defender su postura con buenos argumentos.
Denle autonomía y libertad a los estudiantes. La educación es tan opresora que la libertad cuesta, recuerdo cuando les decía a los estudiantes que hicieran un ejercicio libre, me respondían ¿cómo quiere que lo hagamos?
Escribí esto el 20 de diciembre de 2015, dos semanas después de haber renunciado como profesor debido a que comenzaba el doctorado.
Pd: en este blog hay una etiqueta para todas las cosas que escribo sobre la docencia
Escribí esto el 20 de diciembre de 2015, dos semanas después de haber renunciado como profesor debido a que comenzaba el doctorado.
Pd: en este blog hay una etiqueta para todas las cosas que escribo sobre la docencia