miércoles, 18 de julio de 2018

Reflexiones sobre ser profesor

Ser profesor fue un sueño desde que era niño, gracias a la admiración por mis maestros, que siempre me hablaron de la responsabilidad que tenemos de contribuir en la construcción de un mundo mejor. 
Al comienzo, pensaba terminar la carrera y regresar a ser maestro en el colegio en el que estudié la primaria, luego que debería ser profesor en el colegio de secundaria, luego soñé ser profesor en la carrera de diseño, finalmente hace unos 16 años empecé como docente en temas de sostenibilidad, emprendimiento y turismo. 

Tuve la fortuna de que mis profesores del colegio incentivaron el pensamiento analítico, critico y argumentativo. Asimismo, que nos enseñaban en contexto, en nuestras clases de química explicaban qué era el ph y en el laboratorio hacíamos estudios de ph del suelo para saber cómo debíamos fertilizar los cultivos. Me formé sin saberlo bajo una educación integral e interdisciplinar. 

Por eso quiero iniciar indicando que aunque en la actualidad hablamos de complejidad, posmodernidad, caos, construcción social, transdiciplinariedad, holística, respeto a la diversidad, etc. La educación sigue siendo del siglo XVIII, jerárquica, cartesiana, mecanicista, reduccionista y dividida en cajas del conocimiento, en la que la ética no tiene cabida o es un adorno. Una educación que a partir de la revolución industrial es para el trabajo, no para la vida, ni la felicidad. 

Creo que como docentes a veces caemos en la subvaloración de los estudiantes , en estigmatizar las tecnologías y a las nuevas generaciones. "Ellos no leen", "ellos no pueden". 
En efecto, hoy existen tecnologías de información, redes sociales, Google, etc, hoy los estudiantes están a dos clic de explicaciones en vídeo sobre física cuántica, lo cual para muchos plantea el interrogante ¿qué enseñar si ya se encuentra todo en internet? 

Creo que la respuesta es sencilla, si el enfoque sigue siendo la memoria y dar recetas, no tendremos nada qué hacer como docentes. Pero si queremos ir más allá, incentivar la construcción de conocimiento y de saberes, la investigación, la creatividad, la innovación, pero sobre todo, la felicidad, la humanidad, la empatía y la búsqueda de un mundo mejor, tenemos todo por hacer. 

Ahora bien, el modelo educativo nos sigue pidiendo que evaluemos en términos cartesianos, numéricos y estandarizados, sin entender la complejidad, la diversidad y la diferencia que nos caracteriza. Esto ha llevado a que la meta de la educación sea el pasar las materias, los exámenes y los semestres, no el aprender. 

El modelo además incentiva la competencia entre los estudiantes, no la cooperación. De allí que algunos alumnos me cuestionaran la forma en que los evaluaba o los ejercicios académicos, pues iban en contravía de lo que veían en mis clases. Ese fue un aprendizaje valioso, cómo valorar el trabajo y aprendizaje más allá de lo numérico, cómo incentivar la colaboración y cooperación en lugar de la competencia. Por eso los mismos alumnos me decían que no hiciera debates sino conversatorios, por eso al final hacía parciales en grupo y permitía que se colaboraran. 

Este afán por la nota, por ser el mejor ha llevado a que algunos estudiantes olviden el sentido de la educación y de la vida, y como en los negocios hagan lo que sea necesario pasando por encima de los demás para obtener la mayor rentabilidad en este caso expresada en una buena calificación. 

"Si querían enseñarnos al mundo real, muchas gracias este es el mundo real, un mundo donde no hay humanidad, hay egoísmo, pasan por encima de todos para beneficio individual y los jefes en este caso los profesores los premian". Palabras de un alumno a quien aprecio mucho y quien también me dijo alguna vez que todo eso que yo criticaba en mis clases de la sociedad, pasaba en la educación. 

Son justo estudiantes como él, los que me hacen pensar que lo que hacemos vale la pena, que el cambio es posible. Tuve la fortuna de ver el cambio en varios estudiantes en sus modos de pensar, en su argumentación, no hay mejor momento en la vida de docente que ese en que el alumno es capaz de cuestionarte y defender su postura con buenos argumentos. 

Denle autonomía y libertad a los estudiantes. La educación es tan opresora que la libertad cuesta, recuerdo cuando les decía a los estudiantes que hicieran un ejercicio libre, me respondían ¿cómo quiere que lo hagamos?

Escribí esto el 20 de diciembre de 2015, dos semanas después de haber renunciado como profesor debido a que comenzaba el doctorado.

Pd: en este blog hay una etiqueta para todas las cosas que escribo sobre la docencia 

sábado, 14 de julio de 2018

XLIII

Se llegaron los XLIII, quise no levantarme por el nudo en la garganta que me acompañaba en esa mañana.  Muy temprano recibo los mensajes de mi madre, luego los de mi hermano, así, mi intento por dormir hasta tarde se disipa. Vendrían después saludos de otras latitudes, del resto de la familia, también los de las ahora amigas de aquí pero vienen de los mismos Andes en que nací.
No hubo, como no hay desde hace años, los típicos detalles matutinos; aparte del nudo en la garganta,  la compañía es Kimosabi, el gato. Mi menú consentidor es arepa, tocineta, huevos y café colombiano, quise vino al desayuno, pero los ánimos no me dieron, la botella sigue en la nevera. Empieza luego mi lucha interna por obligarme a salir.
Busco la pinta del día, unas medias de gatos, el resto está jodido, la ropa preferida anda toda en la lavandería.

La ex-estudiante con quien planeamos celebrar pero tuvo un viaje, regresó antes, me invitó a almorzar, ya sabe de mis temores por encontrarme con la brisa del Combeima y junto a ella el viento frío del Cauca bogotano. Sí, hasta el Sur del Norte llegan en verano ventarrones andinos. 

Por el camino una camiseta de monstruos tiernos, se junta a los tres muñecos que serán mis tres regalos. En el restaurante me encuentro con mis primeras clases de género en México que incluyen su marco. Marcela, la ex-estudiante, me regala flechas lacandonas que ella hizo con sus manos, me habla de sus viajes, nos reímos, caminamos por postre, me hace bulling, me promete café colombiano y luego una lagartija es la aclaración. Yo quería vino, así que la invito, allí se nos junta Clara, de nuevo más risas. La brisa me cuenta que me ha visto, sí, la brisa observa.

La noche es joven, Clara me lleva a las famosas quesadillas de Lupita, sorpresa, yo ya había estado aquí hace siete años pero no era aquí, sino más allá. Ahora me presentan dos chilenas con quienes recuerdo a Pao y Valdivia; de nuevo Marcela la estudiante y junto con cinco mujeres voy a la inauguración de una cervecería artesanal. La cerveza mala y el ambiente hippie no aptos para mi edad, ni la de Clara, nos harían escapar, todo cerrado, resultamos en el Puro Mexicano, allí Agnes sorprendida con mi presencia, me daría un fuerte abrazo y un coctel de cumpleaños.

Más conversas, más risas, cada vez temas más profundos, vinos, cervezas, mezcal, las 2.00 am, este ritmo ya no se aguanta a los XLIII. 

En la mañana luego de cantarme las mañanitas por WhatsApp, Clara me había dicho que hoy me dejara querer, así hice o al menos, así lo intenté.


lunes, 9 de julio de 2018

En las previas de XLIII

En esto de vivir solo en otro país los días de celebraciones familiares son de esos momentos que te hacen sentir nostalgia, el saber que ellos se reúnen el día de la madre, la navidad, los cumpleaños y todas esas fechas, en las que mi única participación en el mejor de los casos, son tres mensajes y cuatro fotos por chat.
Mis cumpleaños por su parte, son como ya he dicho aquí, ese único día en el que creo tengo algo que celebrar, pues no soy padre, soy ateo, diseñador ya no me siento, profesor ya no soy, aunque nadie se acuerda de esas otras fechas, la verdad. Ahora, la vaina con mi cumpleaños, es que no me gusta anunciarlo, no me gustan las celebraciones grandes, si al caso la familia cercana y la pareja que tenga en ese momento.
Para este mi cumpleaños XLIII, al igual que siempre procuro no hacerme expectativas, procuro como siempre, pero como siempre me las hago. "La vida no es justa F", después de un hermoso domingo soleado llega un lunes lluvioso, gris, frío, con él las divagaciones de qué hacer en mi cumpleaños retornan al que es también mi plan habitual, aislarme.
La vida me pone el reto de decirle a "amigos y amigas" que quiero celebrar mi cumpleaños porque no quiero estar solo, para quienes me conocen, decir eso, en verdad es un reto. Pero la vida en efecto no es justa, los amigos no están, las amigas no estarán o no podrán estar y no haré una lista de casos que llevaron a que me sintiera de nuevo en soledad.

Pero ando con otro reto, salir; me invento un paseo solo en el auto, la sicóloga y Riv de Mar me dijeron ¿por qué irte solo?, la lista de casos que no les contaré incluyen las varias respuestas a mi propuesta de acompañarme a pasear. Así, reaparecen mis planes de celebración. Bones me lo dijo hace tres semanas "supongo en tu cumpleaños te encerrarás en tu casa o te irás a un sitio solitario, apagarás el celular y no permitirás ni que tu mamá te felicite".

Es el lunes 9 de julio, gris, con ganas de lluvia, un día frío, pongo mi lista de preferidas, no las de darme ánimos, hoy no estoy para eso. Con pocas personas he hablado lo que me cuesta relacionarme con la gente, con menos aún he hablado de estos aislamientos en los que me sumerjo, sea un viaje solo o sea quedarme en casa, el aislamiento es mi forma de escape, la forma en que huyo.

En ese aislamiento he vivido casi desde que llegué a México, aunque de vez en cuando una clase o reunión me saca y también veo ahora que hace seis meses por la vida con sus injusticias también empecé a salir. Una canción colada en mi lista depresiva me pone a pensar en que lo que tengo es miedo, miedo a sufrir, las nubes se empiezan a mover,  los rayos de sol iluminan mi rostro, recuerdo que anoche vi dos estrellas fugaces mientras pensaba en decir algo bonito, algo poético, eso no me salió, pero hay dos deseos que espero sí.



miércoles, 4 de julio de 2018

Mis encuentros con el feminismo

Soy un hombre blanco heterosexual, tengo los ojos azul-verde-gris, sí, soy el estereotipo que se señala como privilegiado del heteropatriarcado. No obstante, siempre me he sentido afín con las causas feministas y también antidiscriminación de cualquier tipo, al igual que siempre he tratado de luchar contra el machismo comenzando por el mío. Uno de mis recuerdos de infancia es cuando a los 7 años un compañero de clase iba corriendo a golpear a una niña, le hice zancadilla, cayó y el niño casi se descalabra, mis compañeritos se solidarizaron con el niño, ¿Cómo le hice eso?, el regañado y castigado terminé siendo yo.

Sí, soy un hombre blanco heterosexual, de ojos claros, pero también soy delgado, de estatura baja, sin músculos marcados, sin pelo en pecho, lo de la barba es reciente y de mis 42 años he tenido el pelo largo alrededor de 15. Soy hombre heterosexual pero por muchos años me han dicho que parezco niña, luego mujer, mona y ahora güera.
Por esa razón, hombres me han cedido el asiento en los buses como acto de conquista, acepto solo por verles la cara cuando se dan cuenta que soy hombre. Hombres me han restregado sus partes, otros me han hecho piropos, me han dedicado canciones, alguna vez un desconocido a la fuerza me abrazó e intentó besarme en una calle oscura, para luego preguntarme cuánto cobraba. Sé que no es lo mismo, pero entiendo a las mujeres que sufren estas prácticas de acoso.
No solo me han acosado hombres que piensan soy mujer, homosexuales me han visto como si me estuvieran desnudando, me han manoseado en fiestas, en buses, alguna vez un policía lo hizo mientras me requisaba a la entrada de un concierto. Siendo niño un hombre me violó. Sé que no es lo mismo, pero entiendo cuando las mujeres sufren esto.

Sí soy un hombre blanco heterosexual de ojos claros, pero también soy "demasiado sensible", con "su lado femenino demasiado desarrollado", soy un hombre al que varias veces le han dicho que no actúa, ni piensa, ni siente como un hombre, sino como una mujer.
Chimamanda Ngozi (*) explica cómo educar en el feminismo a una niña, una de sus recomendaciones es "Enséñale a rechazar la obligación de gustar. Su trabajo no es ser deseable...", no pude evitar recordar la frase de mi madre cuando yo tenía 17, "eres todo lo que una mujer no quiere, flaco, blanco, sensible, blandito".
Entiendo entonces que gran parte de la vida luché contra ese hombre sensible que no le gusta a las mujeres, quise ser otro hombre el que sí gustara y fuera deseable, nunca lo logré.

Escucho a  Hannah Gadsby (*), el humor no permite sanar, el humor solo crea un momento de tensión y luego risas en quien te escucha, pero terminas convenciéndote de que el chiste es la realidad y tu eres el culpable. Entiendo que por años he hecho bromas con lo que pasa cuando me confunden con una mujer o con mi lado femenino, como he hecho bromas con aquella frase de mi madre, y sí, me lo terminé creyendo.

Hannah Gadsby habla también sobre la necesidad que tenemos todos de tener un vínculo con alguien, con un grupo, con algo; describe esa sensación constante de no encajar en la sociedad, sensación que está ligada a la ausencia de vínculo. De nuevo pienso en mi, hago memoria y de niño nunca tuve amigos, y desde chico he sentido que no encajo.
No recuerdo ningún amigo de primaria o secundaria, quizás unos de 11, en la U los amigos fueron muy pocos y todos con el tiempo se fueron, lo mismo ocurrió con las amigas de los trabajos. Sé desde hace unos años que me siento más cómodo con amigas (mujeres) pues las conversaciones con hombres me suelen aburrir, pero socialmente "un hombre no puede ser solo amigo de sus amigas".

Hace un par de meses jugando cartas con Rivera del Mar, me tocó la verdad, me preguntó por algo mío que ni ella, ni nadie supiera, respondí que llevo la vida en una profunda sensación de soledad. Hoy sé que esa sensación de soledad se debe en gran medida a la ausencia de vínculo y al sentir que no encajo.

Soy entonces ese hombre blanco heterosexual cercano al feminismo y las causas antidiscriminación, que lucha contra su propio machismo, pero que nunca se ha considerado feminista. El feminismo es para mí el camino para entender, entender a la sociedad y también entenderme; entender que esa sensación de no encajar está relacionada con el heteropatriarcado, ese que nos dice qué es, qué no es, qué hace y qué no hace, qué siente y qué no siente, cómo piensa y cómo no, una mujer o un hombre.

Y con decir entender quizás me refiero al sentimiento de empatía, compasión, al que me duela lo que pasa y lo que sufren las mujeres. El feminismo es también la forma en que he encontrado vínculos.

Cierro con que Gadsby también habla de la importancia de contar no bromas sobre nosotros, sino nuestras historias no solo por su efecto para quien la cuenta, también como una forma de sensibilización, de búsqueda de empatía. Hace ya 12 años cuento mis historias por aquí, pero hoy gracias al feminismo y en gran medida a las profundas conversaciones con Rivera del Mar, a ese vínculo que hemos construido, emerge una nueva razón para seguir compartiendo lo que sentipienso.

(*) Esta entrada es el resultado en primer lugar de conversaciones y reflexiones con Rivera del Mar, también de varias mujeres feministas a quienes sigo en Twitter, quien recomendó el bello libro Querida Ijeawele, Cómo educar en el feminismo de Chimamanda Ngozi Adichie. Y finalmente de ver el Stant up "Nanette" de Hannah Gadsby.