miércoles, 4 de julio de 2018

Mis encuentros con el feminismo

Soy un hombre blanco heterosexual, tengo los ojos azul-verde-gris, sí, soy el estereotipo que se señala como privilegiado del heteropatriarcado. No obstante, siempre me he sentido afín con las causas feministas y también antidiscriminación de cualquier tipo, al igual que siempre he tratado de luchar contra el machismo comenzando por el mío. Uno de mis recuerdos de infancia es cuando a los 7 años un compañero de clase iba corriendo a golpear a una niña, le hice zancadilla, cayó y el niño casi se descalabra, mis compañeritos se solidarizaron con el niño, ¿Cómo le hice eso?, el regañado y castigado terminé siendo yo.

Sí, soy un hombre blanco heterosexual, de ojos claros, pero también soy delgado, de estatura baja, sin músculos marcados, sin pelo en pecho, lo de la barba es reciente y de mis 42 años he tenido el pelo largo alrededor de 15. Soy hombre heterosexual pero por muchos años me han dicho que parezco niña, luego mujer, mona y ahora güera.
Por esa razón, hombres me han cedido el asiento en los buses como acto de conquista, acepto solo por verles la cara cuando se dan cuenta que soy hombre. Hombres me han restregado sus partes, otros me han hecho piropos, me han dedicado canciones, alguna vez un desconocido a la fuerza me abrazó e intentó besarme en una calle oscura, para luego preguntarme cuánto cobraba. Sé que no es lo mismo, pero entiendo a las mujeres que sufren estas prácticas de acoso.
No solo me han acosado hombres que piensan soy mujer, homosexuales me han visto como si me estuvieran desnudando, me han manoseado en fiestas, en buses, alguna vez un policía lo hizo mientras me requisaba a la entrada de un concierto. Siendo niño un hombre me violó. Sé que no es lo mismo, pero entiendo cuando las mujeres sufren esto.

Sí soy un hombre blanco heterosexual de ojos claros, pero también soy "demasiado sensible", con "su lado femenino demasiado desarrollado", soy un hombre al que varias veces le han dicho que no actúa, ni piensa, ni siente como un hombre, sino como una mujer.
Chimamanda Ngozi (*) explica cómo educar en el feminismo a una niña, una de sus recomendaciones es "Enséñale a rechazar la obligación de gustar. Su trabajo no es ser deseable...", no pude evitar recordar la frase de mi madre cuando yo tenía 17, "eres todo lo que una mujer no quiere, flaco, blanco, sensible, blandito".
Entiendo entonces que gran parte de la vida luché contra ese hombre sensible que no le gusta a las mujeres, quise ser otro hombre el que sí gustara y fuera deseable, nunca lo logré.

Escucho a  Hannah Gadsby (*), el humor no permite sanar, el humor solo crea un momento de tensión y luego risas en quien te escucha, pero terminas convenciéndote de que el chiste es la realidad y tu eres el culpable. Entiendo que por años he hecho bromas con lo que pasa cuando me confunden con una mujer o con mi lado femenino, como he hecho bromas con aquella frase de mi madre, y sí, me lo terminé creyendo.

Hannah Gadsby habla también sobre la necesidad que tenemos todos de tener un vínculo con alguien, con un grupo, con algo; describe esa sensación constante de no encajar en la sociedad, sensación que está ligada a la ausencia de vínculo. De nuevo pienso en mi, hago memoria y de niño nunca tuve amigos, y desde chico he sentido que no encajo.
No recuerdo ningún amigo de primaria o secundaria, quizás unos de 11, en la U los amigos fueron muy pocos y todos con el tiempo se fueron, lo mismo ocurrió con las amigas de los trabajos. Sé desde hace unos años que me siento más cómodo con amigas (mujeres) pues las conversaciones con hombres me suelen aburrir, pero socialmente "un hombre no puede ser solo amigo de sus amigas".

Hace un par de meses jugando cartas con Rivera del Mar, me tocó la verdad, me preguntó por algo mío que ni ella, ni nadie supiera, respondí que llevo la vida en una profunda sensación de soledad. Hoy sé que esa sensación de soledad se debe en gran medida a la ausencia de vínculo y al sentir que no encajo.

Soy entonces ese hombre blanco heterosexual cercano al feminismo y las causas antidiscriminación, que lucha contra su propio machismo, pero que nunca se ha considerado feminista. El feminismo es para mí el camino para entender, entender a la sociedad y también entenderme; entender que esa sensación de no encajar está relacionada con el heteropatriarcado, ese que nos dice qué es, qué no es, qué hace y qué no hace, qué siente y qué no siente, cómo piensa y cómo no, una mujer o un hombre.

Y con decir entender quizás me refiero al sentimiento de empatía, compasión, al que me duela lo que pasa y lo que sufren las mujeres. El feminismo es también la forma en que he encontrado vínculos.

Cierro con que Gadsby también habla de la importancia de contar no bromas sobre nosotros, sino nuestras historias no solo por su efecto para quien la cuenta, también como una forma de sensibilización, de búsqueda de empatía. Hace ya 12 años cuento mis historias por aquí, pero hoy gracias al feminismo y en gran medida a las profundas conversaciones con Rivera del Mar, a ese vínculo que hemos construido, emerge una nueva razón para seguir compartiendo lo que sentipienso.

(*) Esta entrada es el resultado en primer lugar de conversaciones y reflexiones con Rivera del Mar, también de varias mujeres feministas a quienes sigo en Twitter, quien recomendó el bello libro Querida Ijeawele, Cómo educar en el feminismo de Chimamanda Ngozi Adichie. Y finalmente de ver el Stant up "Nanette" de Hannah Gadsby.

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