lunes, 24 de junio de 2019

Últimos días

Me siento en el sofá a ver la lluvia a través de la ventana, me encanta ese sonido de las gotas sobre las hojas de los árboles, sobre el techo y también en las ventanas, las aves no cantan mientras llueve, las ardillas se esconden; me encanta el olor después de la lluvia. Veo el bosque frente a mi casa, veo este paisaje como tratando de guardarlo en mi mente, este mi hogar por cuatro años, el lugar de mis encuentros conmigo mismo. 
Vengo del trópico, donde los días son iguales todo el año, no hay solsticios, ni equinoccios, donde el sol a medio día siempre está en medio del cielo, por eso, aquí disfruto viendo como los días con el año se hacen más cortos o más largos, como el sol a veces nunca pasa por en medio del cielo.
Vengo de una ciudad caótica y ruidosa, por eso en esta casa junto al bosque disfruto tanto el silencio que solo se interrumpe con el canto de las aves en el día y algunos grillos y chicharras en la noche. Vengo de una ciudad de noches sin estrellas, por eso aquí, en este pueblo y a las afueras, cada noche no nublada veo las estrellas, la luna, Jupiter y Venus.
Desde niño, los últimos días antes de mudarme los dedico a observar, escuchar, sentir, pienso en estos años aquí en el sur de México haciendo doctorado como una de las etapas más maravillosas de la vida, una especie de vacaciones, sí es extraño, pocos hablan así de hacer la tesis o el doctorado. Supongo entonces que esa sensación en el pecho es nostalgia, sé que extrañaré esta época, este lugar, este hogar, esta tranquilidad, este modo de vivir en el que la mayor parte del tiempo la dediqué a sentipensar.
Sé que la vida es compleja y las experiencias vividas nunca se repiten, por eso al igual que las otras veces que me he mudado, sé que aquí termina este ciclo y que mi regreso en diciembre será no al hogar sino de paso, aunque aún no sepa dónde será mi hogar, ni a dónde sea ese paso.

¿Qué es enamorarse?
Perdón el cambio de tema, pero así son mis días y mis pensamientos, miles de temas se entrecruzan. Luego de un encuentro con Omar y su esposa, Jenn me pregunta ¿si el enamoramiento existe y qué es? "Es que yo creo que nunca me he enamorado"...rápidamente le digo que sí existe, que la ciencia lo ha estudiado, que dura un tiempo, que es una fase inicial de las relaciones de amor... ¿Pero qué es? ¿Qué se siente? reitera Jenn. Mi mente trata de responder describiendo lo que he sentido, "es la vaina de las mariposas en el estómago, cuando sientes algo en el corazón y en la panza, es pensar en esa persona casi todo el tiempo, es sentirte identificada con esa persona e imaginaria como tu pareja a mediano y largo plazo, es también admiración"... lo que no le dije a Jenn es que enamorarse es también sentir amor con todas las partes del cuerpo por la otra persona, es disfrutar con verla, escucharla, con tocarla, es sentir que la vida se te ilumina con su presencia, que eres consciente de sus defectos e imperfecciones pero te puede y valen más todas esas  virtudes y valores que la hacen maravillosa, es la felicidad de la vida.
"O sea que no me he enamorado, bueno quizás de Dario", respondió Jenn.
Me quedé pensando en el enamoramiento, en que como dijo Rivera de Mar, uno no deja de amar y de querer de forma repentina, pienso también en las rupturas , así que esta noche como las últimas dos, escucho música no precisamente de despecho. 

viernes, 21 de junio de 2019

¿Cómo hace uno para quererse a uno mismo?

-¿Por qué vienes? preguntó la nueva sicóloga en la primera cita. Hora y medía contándole lo que me ocurría y sentía, concluí diciendo que lo único bueno que me sucedía en ese momento, lo único de lo que me aferraba, ya no estaba, se había terminado. - ¿Entonces para qué vives, de dónde sacas la fuerza para seguir viviendo?  - Por mi familia, por mi hermana. - ¿No crees que deberías vivir por ti, sacar las fuerzas de ti y para ti? 
Cuatro sesiones con la sicóloga hablando en cada una de temas diferentes, se conectan para mostrarme que en el fondo todos mis problemas tienen que ver con la falta de amor propio, con que no le encuentro sentido a mi existencia si no es pensando en función de los demás. 
Me hice papá de mis hermanos con la muerte de mi padre, de allí que se me hizo costumbre y me quedó fácil convertirme en padre de las personas a quienes quiero; como papá siempre pongo a mis hijos e hijas antes mío, primero ellas y ellos. 
"Eres demasiado generoso" es la frase que me solía repetir Rivera del Mar, por coincidencia estos días Jenn con sus locuras astrológicas me leía un fragmento de horóscopo en la que describían la generosidad de mi signo. Lo haces todo por los demás, ¿Pero y tú?
La ausencia temprana y la precaria presencia de mi padre, me determinó. Sin darme cuente me propuse no ser como él, me propuse entre otras cosas ser buena persona y darlo todo por los demás... Así, a los casi 44 me doy cuenta que vivo en función de los demás, por eso cuando alguien me trata mal, cuando algo con alguien no sale bien, me culpo, ¿Qué hice para que me trate así?, ¿Por qué me tienen que tratar mal?, he aprendido en los últimos días que debo partir de mí, pensar en mí, en mi felicidad, repetirme como mantra que he hecho las cosas bien, que soy valioso, que soy chido, chévere, buena persona.
Soltar, dejar de cargar, dejar de temer, dejar de protegerme, cerrar mis relaciones pasadas, dejar de ser padre, agradecerle y reconocer a mi padre, amarme, han sido entre otros los temas de las cuatro terapias, entonces, cuando reconozco, valoro y le agradezco a mi padre, cuando le digo que ya dejaré de tratar de no ser él, trataré de no sustituirlo, le digo que me hizo falta, la sicóloga me responde:

- Tienes que ser más responsable
- Pero sí ya lo soy, soy muy responsable
- Contigo Fredy, lo eres con los demás, pero no contigo, eso hace parte del amor por ti.

Al día siguiente, como de costumbre en las mañanas y las noches, me pierdo en pensar los por qué, para luego regresar a mi mantra, no sin antes preguntarme ¿Cómo hace uno para quererse a uno mismo?

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Como ando de mudanza, empacando pienso que por ahora no me imagino teniendo casa, ni siquiera me imagino eligiendo un lugar, una ciudad un país, no tengo nada que me ate a un lugar, por ahora eso no me preocupa.

martes, 18 de junio de 2019

Prepararse para partir

Volví a México hace un mes sabiendo que este ya no es mi hogar, que se trata de un paso en el regreso a Colombia y Chile, a los que por ahora, tampoco considero mi hogar. Recorro SanCris con nostalgia, sus calles, restaurantes, mercados, supermercados, sus montañas, sus parques, su gente, cada detalle es un recuerdo con una emoción; me he dado cuenta que todo cuanto recuerdo, sea lo que sea, está asociado a lo que sentí, a la emoción de ese momento, a lo que compartí en ese lugar, no hay recuerdo sin sentimiento.

Con el pasar de los días, la soledad y también las tristezas propias de la reciente ruptura se hacen más llevaderas, aunque cada amanecer y cada noche al tratar de dormir suelen ser difíciles, el overthinking casi nunca se detiene. Ahora, extrañamente estoy recordando lo que sueño, las últimas noches he soñado que mi casa se incendia, se la lleva el viento, se la lleva una tormenta, se cae a pedazos... no obstante,  todos esos sueños como película romántica terminan con final feliz y esperanzador, mi familia está ahí y la casa se reconstruye.

La cuenta regresiva inició, ya están los tiquetes de vuelo, he hecho vueltas del doctorado, terminé el otro artículo, he hablado con todos mis asesores, tengo fecha de evaluación; he vendido algunas de mis cosas, he empezado a regalar las que más aprecio, es un paso en el desprenderme. Le conseguí hogar adoptivo a Nirvana, eso merece una historia, he anunciado la venta de mi auto, de mi bici, también son pasos en el desprenderme. 

Con menos tareas pendientes, hay más tiempo para perderme en mis pensamientos, mis anhelos, mis sueños, la nostalgia, cada vez duele menos, cada vez asumo que está llegando el momento y que el tiempo aquí, por ahora terminó.
Mientras tanto me refugio y disfruto, el silencio de esta casa apartada de la ciudad y pegada al bosque, los cantos de los pájaros, las ardillas correteando en mi casa, la compañía de Nirvana que ahora me visita y se queda en la sala, ver los aguacates que ya no cosecharé, el levantarme tarde, el dedicarme a pensar muchas horas en las mañanas, el tener un auto y conducirlo, el anonimato, la tranquilidad de la colonia, de la ciudad y de esta vida de estudiante, sí la tranquilidad que da una vida sencilla.

martes, 11 de junio de 2019

Soledad

Martes 11 de junio de 2019, 2.30 am, como hacia mucho tiempo no ocurría, me despiertan el silencio y un sueño en el que pienso sobre mi vida. Soñé con esos recuerdos maravillosos del tiempo en el campo donde mis abuelos, en medio del sueño caí en la cuenta de que dichos recuerdos no eran otra cosa que la romantización de la soledad, pues desde mis cuatro años en cada una de mis vacaciones que estuve allá, poco o casi nada me hablaban mi abuela y mi abuelo, mis tíos ya no vivían con ellos, yo era un niño con dos ancianos acompañándolos en sus actividades campesinas. Así fueron navidades, año nuevos y varios de mis cumpleaños, en mis recuerdos se hicieron la belleza de lo simple, no había celebraciones, sentado en una banca en la esquina de la casa de adobe, veía en las noches las luces y fuegos artificiales en otras veredas.

Me desperté pensando que llevo ya tres años y medio viviendo solo en esta casa en México, salvo algunas excepciones, mañana tras mañana me despierto con esa sensación de tristeza, buscando en el celular una llamada o un mensaje. Salvo excepciones, mi vida aquí ha sido estar en esta casa días sin salir más que para comprar mercado, me preparo desayuno, almuerzo y cena, salgo a cine solo, si me enfermo voy solo por mis medicamentos o a la médica, sí, me encierro, hablo conmigo y con Nirvana (la perra).

Recordé también que mi madre con frecuencia me comenta sobre mi soledad. Hace dos años vino, no entendía cómo yo podía vivir en esta soledad, "es que Fredy vive solo", les decía con angustia a mis hermanos. Me lo dijo hace un año, esa vez me dio duro, recuerdo habérselo dicho a Rivera de Mar en el café Nativa. Mi madre me lo dijo de nuevo en enero y otra vez hace una semana. 

Lo cierto es que me lo diga mi madre o no, sé que vivo en la soledad y que así llevo ya varios años, de allí que la gente que sin haber vivido en soledad y me dice que hay que aprender a vivir en soledad, la gente que me intenta dar lecciones de vivir en soledad  y que me dice "tu no estás solo", esa gente se puede ir a la mierda.
He caído en la cuenta de la soledad en la que vivo y he vivido.

domingo, 9 de junio de 2019

Perdido

Sí, sé que hace rato que abandoné este espacio, nada he escrito sobre los últimos tres años y medio de mi vida, aún no sé el porqué. En diciembre de 2018 recién llegaba de un periplo por Europa, un recibimiento romántico, no negaré las peleas y las tristezas, pero sostuve que había llegado a mi vida feliz en México la cereza del pastel. El plan de viajar y regresar juntos a vivir junto a la playa se cayó ya en Bogotá, negociaciones y conversas, solución temporal, regreso solo a México el 10 de enero, me entero que vecinos extranjeros me robaron mi gato Kimosabi que no era mi gato. Yo pensé esas eran tristezas.

El 20 de enero nos enteramos de que mi hermana entró a urgencias, lo que parecía un dolor de indigestión, un dolor simple, se convirtió el 24 de enero en un cáncer estado IV con metástasis, mi hermana menor, la que vive sola en Santiago junto con su pareja y su bebé, esas sí son tristezas. Empezamos junto con mis hermanos y madre, el acompañamiento y cuidado, sabía que sería difícil, pero no imaginé cuánto, busco las palabras y el valor para poder describir lo que he vivido en este tiempo, pero aún no hay cómo. Luego de mi madre fui yo, luego mi hermano y luego mi hermana, tampoco he encontrado palabras para expresar lo que he sentido todo este tiempo.

Le he dicho a mi familia, a Rivera de Mar y a mis amigas y amigos, que esta es la época más dura de mi vida, se sumaron el saber que debo dejar México y retornar a Colombia, el dejar esta, mi casa, tengo atrapados tantos sentimientos de tristeza y de dolor...Vendrían después, hace tres semanas, el rompimiento con Rivera de Mar,  lo cierto es que ahora sumido en mis tristezas, intento cada día levantarme, buscar fuerzas y de dónde agarrarme, la mayor parte del tiempo me siento perdido.

He buscado y buscado las palabras, quisiera como en otras épocas de mi vida que el escribir me ayudara, pero no, ahora solo comienzo historias, historias inconclusas sin sazón, así que dejaré este intento de entrada por aquí, como un ejercicio de esos que ahora hago para hacerme fuerte y continuar.

viernes, 7 de junio de 2019

sobre las empleadas del servicio

Cuando hace tres años y medio llegué a vivir en la colonia Real del Monte de San Cristóbal de las Casas, con sus casas grandes y lujosas, noté que mujeres indígenas salían cada tarde de su trabajo de empleadas de servicio, llevando bolsas de basura hasta el depósito que queda junto a la puerta de entrada de la colonia. Extrañamente siempre me molestó que tuvieran que llevar la basura, cómo es posible que esta gente que las contrata y tienen autos, sean incapaces de llevar su basura, hablé con varias personas, les expliqué mi molestia y no me entendían.
Años después asisto a un congreso en Ciudad de México, conozco a un par de mujeres una brasileña y otra colombiana, hacemos amistad rápidamente, en medio de una comida conversamos y sale el tema de la película Roma:

- F: no me gusta que Guarón hable por ella, él es incapaz de ponerse en el lugar de la empleada, habla desde su privilegio de clase y de hombre, al menos la hubiera entrevistado a ver qué opinaba.

- M: No estoy de acuerdo, esa es la historia no solo de México, es también la de Latinoamérica, me recuerda a mi casa y la empleada que tuvimos, ¿Acaso no fue igual en tu familia, la empleada que se convirtió en tu nana? Mi madre incluso era de las que buscaba también mujeres indígenas o campesinas en pueblos para llevarlas como empleadas ¿No era así en tu casa?

- F: No, no era así, mi madre fue empleada del servicio mucho tiempo, fue una de las jóvenes campesinas que las señoras de Bogotá se llevaban de los pueblos para que fueran sus sirvientas, mi madre a veces me muestra en la TV los hijos de las señoras ricas donde trabajó.

El silencio invadió la mesa y con eso se acabó la conversación.

La gente suele asumir que porque soy güero/mono y de ojos claros, soy de una familia adinerada. O que como hago un doctorado y vivo en otro país, soy rico, vengo de una familia rica.