Volví a México hace un mes sabiendo que este ya no es mi hogar, que se trata de un paso en el regreso a Colombia y Chile, a los que por ahora, tampoco considero mi hogar. Recorro SanCris con nostalgia, sus calles, restaurantes, mercados, supermercados, sus montañas, sus parques, su gente, cada detalle es un recuerdo con una emoción; me he dado cuenta que todo cuanto recuerdo, sea lo que sea, está asociado a lo que sentí, a la emoción de ese momento, a lo que compartí en ese lugar, no hay recuerdo sin sentimiento.
Con el pasar de los días, la soledad y también las tristezas propias de la reciente ruptura se hacen más llevaderas, aunque cada amanecer y cada noche al tratar de dormir suelen ser difíciles, el overthinking casi nunca se detiene. Ahora, extrañamente estoy recordando lo que sueño, las últimas noches he soñado que mi casa se incendia, se la lleva el viento, se la lleva una tormenta, se cae a pedazos... no obstante, todos esos sueños como película romántica terminan con final feliz y esperanzador, mi familia está ahí y la casa se reconstruye.
La cuenta regresiva inició, ya están los tiquetes de vuelo, he hecho vueltas del doctorado, terminé el otro artículo, he hablado con todos mis asesores, tengo fecha de evaluación; he vendido algunas de mis cosas, he empezado a regalar las que más aprecio, es un paso en el desprenderme. Le conseguí hogar adoptivo a Nirvana, eso merece una historia, he anunciado la venta de mi auto, de mi bici, también son pasos en el desprenderme.
Con menos tareas pendientes, hay más tiempo para perderme en mis pensamientos, mis anhelos, mis sueños, la nostalgia, cada vez duele menos, cada vez asumo que está llegando el momento y que el tiempo aquí, por ahora terminó.
Mientras tanto me refugio y disfruto, el silencio de esta casa apartada de la ciudad y pegada al bosque, los cantos de los pájaros, las ardillas correteando en mi casa, la compañía de Nirvana que ahora me visita y se queda en la sala, ver los aguacates que ya no cosecharé, el levantarme tarde, el dedicarme a pensar muchas horas en las mañanas, el tener un auto y conducirlo, el anonimato, la tranquilidad de la colonia, de la ciudad y de esta vida de estudiante, sí la tranquilidad que da una vida sencilla.
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