jueves, 28 de octubre de 2010

Cartagena, Otra visión


Cartagena, otra visión
Al ver por la ventana se apareció la Sierra Nevada de Santa Marta, esa que sabemos que está ahí pero que en otros vuelos no vi, así es Cartagena, sabemos que hay otra ciudad pero no la vemos.
Hay una Cartagena industrial, de refinerías, de polímeros, de geometrías creadas que me recuerdan las clases de ecología del paisaje, el paisaje creado.

Hay una Cartagena que es puerto, un puerto industrial al que hoy llegan productos y en otra época llegaron esclavos


Hay una Cartagena repleta de mochileros a tan sólo dos cuadras de la otra Cartagena, Getsemani es aún tierra de raizales.

Hay una Cartagena en la que los jóvenes afrodescendientes orgullosos muestran su folclore a cambio de unas cuantas monedas.
Hay una Cartagena en donde las naranjas de Unicef buscan un restaurante para hacerse jugo de medio día.
Hay una Cartagena donde la arquitectura refleja épocas, donde por primera vez me veo.

Hay una Cartagena que toma siesta al medio día, en la que el lustrabotas descalzo tiene una almohada de madera.
De esa otra Cartagena que no vemos, dos mujeres esperan a que termine el taller, escuchan atentas cuando digo que el turismo debe generar empleo y oportunidades para los locales, se acercan y me dicen que ya que hablo del tema, porqué no les ayudo a conseguir empleo, pues llevan meses sin. Y yo, soñador de un mundo mejor qué les puedo ofrecer.

martes, 26 de octubre de 2010

Huila. Robles, café y guadua

Roble negro.

4 horas por carretera nos llevan hasta Pitalito, el café es la disculpa, nos reciben jóvenes directivos de una asociación de más de 90 familias con tantas certificaciones que no caben en sus empaques, corta reunión, almuerzo típico, una hora más de carretera para a ver los famosos robles negros. Un sendero inexistente en medio de helechos y el paso de una diminuta rana vestida de negro la puerta de entrada hasta un bosque que crece junto a una cañada rodeada de café y eucaliptos; es corto el sendero, hora y media por un terreno suave cubierto de hierba que junto al agua y la arcilla se hacen pista.

Nuevamente carro, atravesamos un cañón, otros 40 minutos hasta donde el viejo Patrol espera a que un primo le comparta la gasolina que por la inclinación de las lomas no se lleva en el tanque sino sobre el carro.

Un cultivo de lulo cargado se atraviesa hasta un bosque denso, donde otro sendero inexistente nos espera, la entrada al precipicio, el despeñadero por el que los únicos que permanecen de píe son los robles blancos y negros, árboles imponentes más viejos que la panela y la moda de andar a píe.

Andar a píe, algo casi imposible por esta ruta en la que te sientes en un tobogán de hojarasca y arcilla, apenas te levantas para ver las aves coloridas que a más de 20 metros son imposibles para la cámara; apenas te levantas caminas 200 metros y en medio de las más bellas especies forestales, suena el celu y desde el norte llegan las ondas que me animan y producen una sonrisa que se hace carcajada del grupo cuando vuelvo a caer. Luego de dos horas y media de descenso se respira café, nuevamente cultivos, la colcha de retazos en las montañas, mezcla de café, plátano, palmas y bosques; se toma un respiro hasta que descubrimos que el auto nos espera muy cerca, a unos 300m de altitud, pues la inclinación es tan alta que vemos el techo de la casa y el platón de la camioneta, es decir una hora más descendiendo.

Por fin en la camioneta que nuevamente cruza el caño y nos lleva a conocer el beneficio del café; desde el otro lado del caño observamos la ruta inexistente que acabamos de hacer, la inclinación es tal que se han inventado cafeductos para bajar las pepas por entre un tubo.

Se llega la noche, en busca de la cena recorremos un pueblo alegre, lleno de gente que en sábado busca plan, minifaldas, escotes, jeans ajustados, pelo alisado, la feria de las curvas y Edo me dice que nos vayamos a un bar; bar del que pronto nos echan pues bebo tan poco que no soy negocio, Edo por su parte me pide dinero prestado y se queda tras de una rubia flaca que lo ha puesto a pensar en que hacía 10 años no salía en ese plan.

Lomachata.


Cuatro horas de sueño, tres de carretera hasta una finca donde estudiantes desayunan y Calixto me pide que les hable sobre mi trabajo que ya no es mi trabajo, sobre la mi institución que ya no es mi institución; desayuno típico y a caminar; del proceso de la panela al párvulos de cerdos, de allí al establo, de allí a los cultivos de peces, de allí a un bosque de guadua, un guadual que nos lleva por la historia de Calixto, desde las guaduas tan delgadas como la caña brava.

Un sendero rodeado de columnas verdes que se curvan convirtiéndose en el techo del camino, rodeamos una quebrada durante dos horas, por un bosque fresco y verde que por momentos se hace tan denso que parece túnel. Salimos a un cultivo de caña panelera y un potrero, donde patos revolotean para luego nadar sobre un pequeño lago. Lago que atravesamos por un puente hermoso de guadua, guadua del mismo bosque que acabamos de cruzar.


El recorrido se acaba, las artesanas esperan a que ninguno de nosotros les compremos nada; papaya partida, papaya servida y desde luego comida; las mismas tilapias del lago son el almuerzo.

El regreso 4 horas por carretera, atravesando pueblos que se hacen iguales, tarde en la noche estoy en Neiva, vuelo de 9:00pm; es domingo en Bogotá hay filas para todo hasta para aterrizar, 11:00pm en la Maca, tiempo justo para cambiar de maleta, hablar con Bones, 1:00am a dormir. Salgo en 5 horas a Cartagena.

viernes, 22 de octubre de 2010

Huila. Extraña vida, vida extraña, la luna llena y yo en menguante







El iphone que no llegó, las citas que no me dieron, San Andrés que ahora ya no, la batería por ser de litio está descargada e imprimo el e-tiquet equivocado, voy a Neiva y traje a Leticia en el bolsillo.

Tarde en la noche atravieso Bogotá en medio del caos político y de vías de la 26, ruta eterna, fila eterna, periodistas que se reúnen a hablar en el sitio de recepción y nos impiden seguir; el tonto editor general que le coquetea a la chica nueva con la arrogancia de su cargo y su "conocimiento" del medio. Larga espera mientras una desconocida me pregunta a dónde viajo y si soy casado, al fin el vuelo, al fin Neiva.

Media noche y el sueño no llega, pero hay que obligarlo, un ruido fuerte me impide lograrlo, pienso que es el aire acondicionado, lo apago para descubrir que la fuerte lluvia se convirtió en la compañera que ronca y no deja dormir.

En medio de lloviznas y bajo un cielo gris llego al desierto de la Tatacoa, hay tiempo para recorrer los laberintos creados por siglos de erosión, hay tiempo para ver las siluetas de personajes imaginarios que los habitan, para armar zoológicos de arena, para cumplir la tarea de mirar sin pensar; con la alegría que producen frutos fucsia sobre cactus verdes, tierra naranja agrietada que se hace muro en el que aparecen ventanas sin marcos, aparecen una pareja de mirlas que han hecho de un cactus su nido, las espinas que las protegen impiden las fotos.
Águilas y halcones se posan sobre troncos solitarios, la ausencia del tele impide mostrarlas, el calor llega y con él debemos marcharnos.

Almuerzo típico, lechona con jugo de cholupa; listos para la ruta del cacao que como las mirlas inician en el nido, en el vivero Pedro me habla de injertos, de clones 55, 56, LH, RS; de abuelos que dejan sus ramas para que jóvenes cacaos tomen su fuerza y su producción; el cacao nace verde, madura rojo y se cosecha amarillo; los injertos hacen que un árbol tenga frutos de dos tipos, amarillos y verdes igualmente maduros, recordé el caso de la francesa que tuvo gemelos, uno morenito y el otro rubiecito.
Pedro abre un fruto maduro, un racimo de pepas blancas salen de su interior, me dice que las pruebe que son afrodisíacas, respondo con sonrisas; un sabor parecido al de la guanábana pero más dulce, sin cuidado boto las pepas hasta que Luis me dice que de esas pepas es que se saca el cacao, nuevamente las risas y me devuelvo a colectarlas.


El cerebro intenta cumplir la tarea de dejar de pensar, por momentos lo logro, por momentos no es más que el paisaje y yo, la cámara que no hace lo que quiero, el tratar de ayudar a las comunidades que sueñan con el turismo; pero la mente vuelve, con las baterías bajas y el litio descompensado...un mensaje de cinco palabras y una llamada de dos minutos suben las rayitas de la batería.

Se llega la noche, las montañas se hacen silueta y pronto la luna llena aparece y pienso que hoy es luna y media, nos detenemos para tres fotos (perversas), llegan los insectos y heme en el hotel, nuevamente me acompaña la soledad, pero hoy no ronca.

sábado, 16 de octubre de 2010

Buscando visa para un sueño

El miedo de la negada, el recordar las historias de todos aquellos a quienes les han dicho no, la seudodignidad nacionalista "al cabo que ellos son quienes se lo pierden, no me gusta EEUU"; luego de años de no intentarlo al fin se dio el motivo para que tomara el riesgo, vaya motivo, el sueño, el gran sueño.

Buscando visa para un sueño.
Se pagan unos dólares por 20 minutos de una llamada en la que una mujer de acento mejicano te regaña dos veces por minuto, para luego darte una cita, escogí un 5 de octubre, día impar, en el que se cumplió un mes del comienzo del reto.
Vinieron los viajes al Amazonas y a Villavicencio, mientras se inició el levantamiento documental: las certificaciones laborales, las de los bancos, que las posesiones (no tengo escrituras ni de este blog, ni de mis fotos, ni de mis ideas), que mueva plata en el banco, que no me dan los extractos, que la carta salió mal, que en la U pusieron mal mi nombre, que en la otra U sólo me presentan.
Siguiendo las instrucciones de Bones se separaron los documentos por: tipo, orden cronológico, importancia, clips plásticos porque a ellos no les gustan los clips.

Se llega el día, 7:30 am para la cita de las 8:00, sorprendentemente a esta cita los colombianos si llegan temprano; fila 1, costado derecho, junto a la reja, sólo el pasaporte y la carta a la mano, no más. 45 minutos, adiós celu se entra a la embajada.

Familias, trabajadores, militares, ancianos, una fila tan larga como una madeja se enreda desde dos cuadras afuera de la embajada y se hace nudo dentro; algunos en silencio leemos mientras otros cuentan sus historias como si a alguien le importara, que tengo 8 visas cómo me van a negar esta, que he vivido en Australia, Inglaterra, Francia, Belice, Haiti, que yo hago lo que sea, que hablo cuatro idiomas (agregaría que 5, habla mier..).

Saluda, se amable, sonríe... sigo las instrucciones de Bones, aunque el procedimiento que me dio cambió en este mes; reciben la foto, mi nombre, otra fila para las huellas, ya van dos horas, avanzo en el Río... aun nadie me habla.

Paso a la última sección de la fila sin saberlo, sillas en forma de laberinto, ya puedo observar a la gente pasando a las ventanillas, "si te devuelven el pasaporte te la negaron, si no, te la dieron", me dijo Bones, juego a leer el Río mientras de reojo invento historias de las visas negadas.

Se llega la fila de píe, justo antes de las ventanillas, la siete, la número siete es un centro de emisión de malas caras, no quiero que me pasen a allí... Allí sólo al responder tu nombre y oficio te dicen no, la mayoría de las veces sin siquiera ver tus documentos, allí no hay lugar a réplica, allí reina el terror...unos minutos "a la 15".

Frente a la 15 espero 30 minutos a que la familia entera sea entrevistada, justo cuando terminan el señor Mr Green Go, me dice que espere, que se va de descanso, se alarga la espera y vuelvo a mi juego... las ventanillas 14 y 16 son también centros de emisión de malas caras.

Mr Green Go ha regresado, una secuencia de preguntas: motivo de viaje, tiempo de estadía, oficio, y ella qué estudia?, desde cuándo?, en dónde?...cuando tiempo de? risas, ósea que apenas un mes y? ..si.
Luego no hay preguntas, me dice cosas que nunca llené en el formulario, ¿Cómo las supo?... son los EEUU lo saben todo ...
Dónde trabaja?... ¿desde hace cuánto?... ¿señor Green le muestro los papeles?... que aún no. Otra pausa y... necesito saber su estatura (pienso y para qué), me muevo hasta una pared donde el señor Green me ve "ok regrese, nuevamente me mira: "el color de sus ojos es azul o verde?, verde se contesta él mismo...(pienso, a nadie más le han preguntado esto, nadie más se paró en el muro de las mediciones).
Nueva pausa, sin haber visto nada de mi inventario documental me dice que debo esperar una semana, que en Washington validarán la información, que no es nada malo. Me da una carta, pago el envío y salgo con la duda.
Leo la carta y le pregunto a una asesora quien me manda de regreso por mi pasaporte, ella dice que no me dieron la visa, me siento a pensar...
Recuerdo que Bones me dijo "si no te devuelven el pasaporte te dieron la visa", recuerdo las palabras del sr Green, "no es nada malo", recuerdo lo último que me dijo antes de despedirse "feliz viaje".
Decido no regresar, decido salir a esperar la semana que se convirtió en dos... dos semanas de incertidumbre, es sábado 10:40 am, el mensajero, debo firmar mil cosas, tres formularios, y al fin se abre el sobre me entregan el pasaporte, busco la página.
Tengo visa para un sueño...hasta el 2015.