martes, 26 de octubre de 2010

Huila. Robles, café y guadua

Roble negro.

4 horas por carretera nos llevan hasta Pitalito, el café es la disculpa, nos reciben jóvenes directivos de una asociación de más de 90 familias con tantas certificaciones que no caben en sus empaques, corta reunión, almuerzo típico, una hora más de carretera para a ver los famosos robles negros. Un sendero inexistente en medio de helechos y el paso de una diminuta rana vestida de negro la puerta de entrada hasta un bosque que crece junto a una cañada rodeada de café y eucaliptos; es corto el sendero, hora y media por un terreno suave cubierto de hierba que junto al agua y la arcilla se hacen pista.

Nuevamente carro, atravesamos un cañón, otros 40 minutos hasta donde el viejo Patrol espera a que un primo le comparta la gasolina que por la inclinación de las lomas no se lleva en el tanque sino sobre el carro.

Un cultivo de lulo cargado se atraviesa hasta un bosque denso, donde otro sendero inexistente nos espera, la entrada al precipicio, el despeñadero por el que los únicos que permanecen de píe son los robles blancos y negros, árboles imponentes más viejos que la panela y la moda de andar a píe.

Andar a píe, algo casi imposible por esta ruta en la que te sientes en un tobogán de hojarasca y arcilla, apenas te levantas para ver las aves coloridas que a más de 20 metros son imposibles para la cámara; apenas te levantas caminas 200 metros y en medio de las más bellas especies forestales, suena el celu y desde el norte llegan las ondas que me animan y producen una sonrisa que se hace carcajada del grupo cuando vuelvo a caer. Luego de dos horas y media de descenso se respira café, nuevamente cultivos, la colcha de retazos en las montañas, mezcla de café, plátano, palmas y bosques; se toma un respiro hasta que descubrimos que el auto nos espera muy cerca, a unos 300m de altitud, pues la inclinación es tan alta que vemos el techo de la casa y el platón de la camioneta, es decir una hora más descendiendo.

Por fin en la camioneta que nuevamente cruza el caño y nos lleva a conocer el beneficio del café; desde el otro lado del caño observamos la ruta inexistente que acabamos de hacer, la inclinación es tal que se han inventado cafeductos para bajar las pepas por entre un tubo.

Se llega la noche, en busca de la cena recorremos un pueblo alegre, lleno de gente que en sábado busca plan, minifaldas, escotes, jeans ajustados, pelo alisado, la feria de las curvas y Edo me dice que nos vayamos a un bar; bar del que pronto nos echan pues bebo tan poco que no soy negocio, Edo por su parte me pide dinero prestado y se queda tras de una rubia flaca que lo ha puesto a pensar en que hacía 10 años no salía en ese plan.

Lomachata.


Cuatro horas de sueño, tres de carretera hasta una finca donde estudiantes desayunan y Calixto me pide que les hable sobre mi trabajo que ya no es mi trabajo, sobre la mi institución que ya no es mi institución; desayuno típico y a caminar; del proceso de la panela al párvulos de cerdos, de allí al establo, de allí a los cultivos de peces, de allí a un bosque de guadua, un guadual que nos lleva por la historia de Calixto, desde las guaduas tan delgadas como la caña brava.

Un sendero rodeado de columnas verdes que se curvan convirtiéndose en el techo del camino, rodeamos una quebrada durante dos horas, por un bosque fresco y verde que por momentos se hace tan denso que parece túnel. Salimos a un cultivo de caña panelera y un potrero, donde patos revolotean para luego nadar sobre un pequeño lago. Lago que atravesamos por un puente hermoso de guadua, guadua del mismo bosque que acabamos de cruzar.


El recorrido se acaba, las artesanas esperan a que ninguno de nosotros les compremos nada; papaya partida, papaya servida y desde luego comida; las mismas tilapias del lago son el almuerzo.

El regreso 4 horas por carretera, atravesando pueblos que se hacen iguales, tarde en la noche estoy en Neiva, vuelo de 9:00pm; es domingo en Bogotá hay filas para todo hasta para aterrizar, 11:00pm en la Maca, tiempo justo para cambiar de maleta, hablar con Bones, 1:00am a dormir. Salgo en 5 horas a Cartagena.

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