domingo, 9 de septiembre de 2007

El Encuentro de la Red. Días dos y tres tratando de ser un incógnito, lo bello de la coquetería.

Sin corbata pretendo pasar de incógnito, pero parece ser que el saco verde limón finalmente me lo impide. Más charlas, más historias, incluso un culebrero que resulto ornitólogo.

En los encuentros anteriores hablaba con menos gente, pero hablaba más y con quien quería. En esta ocasión cada café, refrigerio, pausa es aprovechada, entonces cuando veo a alguien con quiero hablar, me le dirijo y cada paso es una nueva historia, un municipio, una empresa, una región, nunca llego a mi destino.
Aparece Yamiraquay quien esta vez luce sus risos naturales, descubro entonces que su única relación con lo oriental es el mandarín, uno de los cuatro idiomas que habla, a sus escasos 23.

3 guías bogotanos nos indican un restaurante, una pareja vestida de campesinos son los meseros, los chef, los mensajeros y hasta prenden la chimenea. Su espacialidad los champiñones, hacemos el pedido y luego de 20 minutos de espera ingresan los champiñones, provenientes de Carulla en una bolsa plástica. Conmino a Ana M, Lina y Yamiraquay a que nos unamos para terminar de cocinar.

En noche de jueves deciden que iremos a un bar. Con Yamiraquay y los invitados sentados en un sofá me pierdo en 4 conversaciones al tiempo, la cerveza me dura una eternidad al cabo de la cual debemos llevarlos a cenar. Dónde está el amazónico?, dónde está el llanero? y el mexicano?...Marcela?... consiguieron amigos, al llegar al restaurante solo somos dos los invitados.
El último día aun más temprano y con la tos que se volvió parte de la rutina, veo en las charlas que lo académico se hizo práctico y el público se enloquece con el amazónico.

Firmo 200 certificaciones con 200 rúbricas diferentes, recibo mensajes locos a mí celular, no sé de quién son, no reconozco los números.
Ayer y hoy la coquetería de las mujeres añade sazón a esta sensación, me sorprende el descaro de las menores de 23, la creatividad de las que están entre 24 y 27, la sutileza de las de 28 y 32… y lo directo de las mayores de 32. Recuerdo entonces las palabras de Zlop “a las mujeres las seduce el poder, aprovechá”.

La función está por terminar, me alegran las felicitaciones por mis palabras de cierre e incluso por mi informalidad. Un colorido y bello recorrido por nuestro país a través de sus danzas es la despedida.

Algunas personas nos esperan a la salida para ir al Goce Pagando, poco a poco el grupo se divide entre los menores y los mayores de 30, parece que el portátil y mi edad impiden irme al Goce. Male se ofrece a llevarme a mi casa, Taz se pega a la ruta, Yamiraquay se aleja de su grupo de jóvenes y se sube también al taxi, el taxista no acepta detenerse en el primer sitio. Yamiraquay lo soluciona, ¡llego a tu casa y de ahí pido un taxi!.

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