martes, 18 de septiembre de 2007

Los escarabajos de Boyacá



 
Me despierto, extraño los cantos de los pájaros, el sol salir tras de las montañas y los árboles, extraño mi casa de la Maca. El vapor que sale de mi boca evidencia del frío de la mañana bogotana. Emprendemos el viaje a Tunja, esta colcha de retazos cocidos con eucaliptos y pinos que he recorrido cientos de veces se hace cielo por la niebla. Dos horas a través de estas nubes que de vez en cuando dejan entrever siluetas de bosques. 
Llegamos a Tunja, se supone que Danilo, cuya placa de taxi no recuerdo, nos recogerá, nos subimos en el taxi de otro Danilo, luego de 40 minutos llega el verdadero. Tres kilómetros y heme a 2950 msnm con camiseta y chaqueta de índigo, el frío me hace trizas y Germán me presta su chaqueta.
Germán su rostro boyacense esconde la historia de un emprendedor candidato a doctorado que con humildad narra sus hazañas, empezando por contar que a causa de la suerte, por destino o por azar, resultó cambiando las lombrices por escarabajos.
A primera vista parece una fábrica de humus, pero luego las chizas que de niño encontraba entre los surcos, resultan ser las trabajadoras que se escaparon del bosque y su hojarasca para venir a transformar los deshechos de la ciudad en tierra de vida. 
En un pequeño cuarto, alrededor de 80 cajas de plástico, con colchones de cedro y roble, los hogares de pequeños gladiadores de entre 8 y 12cms de envergadura. Germán saca a sus consentidos, con el frío del ambiente los lava y les cepilla los dientes, maquilla a los actores.
Estas bellas creaciones de Dios, con largos cuernos adornados, fuertes corazas que los protegen, alas que se despliegan alcanzando el triple de su longitud. Sus patas de formas irregulares que parecen palos de rosa llenos de espinas terminan en anclas como finas agujas capoteras. 
17 especies de escarabajos, uno, dos tres o cuatro cuernos, parecen pequeñas maquinas de guerra. Los sacamos al set, artilugios credos por Eco, mis herramientas como asistente de fotografía. Los actores no se quedan quietos, múltiples llamados a producción, a maquillaje, dos horas bajo la lluvia y la niebla, jugando con estos pequeños guerreros. 
El aguacero impide continuar, nos resguardamos, cierro la puerta del laboratorio dejando los equipos y la chaqueta presos por dos horas. 
En el Piqueteadero el Rincón, Germán ordena cuchucos con espinazo de cerdo (digo ordena porque ni siquiera nos pregunta que queremos comer). Una mujer con el típico rostro boyacense, de ojos verdes (herencia de Federmán que entro por estos lados), se acerca con un trozo de algo que podría ser el reemplazo del poliestireno expandido (Icopor), con la ventaja de que es biodegradable, eso sí, siempre y cuando le quiten los pelos. Se trata de una lámina de chicharrón, crocante, cero colesterol, el cual repartimos entre los comensales. 
Con el frío de la zona no peleo con la sopa, justo cuando sentimos estar llenos, pregunta la mesera ¿y de bandeja? - Germán – Traiga una picada bien grande y con encime, pa que ellos vuelvan - 7 minutos y llega una bandeja de papas criollas, longaniza y chorizos de colores, rellena (morcilla), costillitas de cerdo, carne…luego de 20 minutos es imposible hablar, Danilo se levantó la cena pa la casa “mija no haga comida que ya le llevo”. 
De regreso en el laboratorio, se de dónde sacaron sus ideas los creadores del exterminador, alien y esas pelis; las pupas de escarabajos son monstruos hermosos, con costillas, dientes, garras en formación.
Eco dice que falta la foto de la lucha entre titanes, Germán arma su estrategia, dice algunas palabras que no entiendo, los incita a la pelea…la simpleza de la naturaleza, quien no se va enojar si le gusanean a la hembrita, le hablan en chino y otro man le toca el culo. 
Los combates son espectaculares sus cuernos se entrecruzan, se escuchan los golpes, de pronto uno hace una pinza que atrapa al contendor, lo levanta hasta que parece que el ganador se para sobre dos patas en posición totalmente vertical…. Eco dice, “producción, el fondo no me gusta volvamos a empezar…”

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