domingo, 26 de diciembre de 2010

En busca de la nieve



3:30 am, "Amor, me traes un vaso de agua", en terreno aún desconocido camino hacia la cocina, enciendo la luz, saco un vaso y lo ubico sobre en el dispensador de agua de la nevera, frente a mi "water, ice, cubes, crushed..." la duda me invade, presiono el botón "water" que es lo que busco, el LED se enciende pero no pasa nada, muevo el vaso en busca del sensor que pienso detectará el vaso y lo llenará pues al fin y al cabo estamos en EEUU, pero no, medio segundo después me doy cuenta de que habría de presionar con el vaso un botón grande... por los dioses, ¿de qué me sirvieron los 5 años de diseño si ni siquiera sé usar una nevera?... esta sería la primera pero no la última anécdota, así me pasaría con la máquina lavaplatos, la ducha, el calefactor, los cajeros, los carros... con todo.


Bones está convencida de que los días y las vacaciones hay que aprovecharlas, su ritmo acelerado comienza con un paseo en bici hacia el sur de la ciudad; en mi segundo día en EEUU recorremos senderos que borran en minutos la imagen triste de los paisajes ocres del primer día, ahora los azules del cielo contrastan con los naranja y rosa de las nubes en los atardeceres, ahora casas como las de El Hombre Manos de Tijeras, si casas de cuento, se ven hacia donde mire; sobre el pequeño y hermoso lago veo patos que caminan sobre el agua, habría de esperar a que Bones me dijera que no era un milagro sino que la superficie se había congelado; encantado de la vida sigo a Bones a través de la ciudad para ir hasta los almacenes donde era urgente comprarse ropa de invierno.
Bandadas de patos por doquier, ardillas que suben los árboles de las casas y la U, águilas, cuervos, halcones, hasta coyotes deambulan por las calles...
Cena en restaurante italiano, allí se enriquece mi anecdotario, mi nivel de inglés no da ni para pedir comida, en el país de las opciones pedir un café es un complique: café tostado, semitostado, grande pequeño, mediano, azúcar, morena, light, splenda, crema, media y media, crema de nueces, vaso de cartón, vaso de plástico, trajo su mug?...todo eso suena fácil pero mis clases de inglés llegaron hasta el "sugar" y el "cream".

El ritmo acelerado duraría las dos primeras semanas, 6 reuniones, tres fiestas, 4 idas al supermercado, dos de compras, el cumpleaños de uno, la ida del otro, el regreso del uno; la visita a un parque natural en la ciudad, las visitas a los centros comerciales donde me sorprende la variedad; hasta la ida al supermercado me sorprende, uno mismo registra las cosas en la caja y paga.... la pantallita pide tu firma y después te dice "Thanks F".

Fort Collins es un pueblo Hippie según Bones, reinan la amabilidad y la hospitalidad, todo el mundo te sonríe, el peatón es primero, te piden permiso por todo y te preguntan cómo estás. El centro de la ciudad como la ciudad es muy pequeño, algunos pub, pocos restaurantes pero una decoración de navidad que aunque modesta me encanta.

Pero Bones sabe que vine a ver la nieve y en Fort Collins la promesa de yahoo de que nevará sigue incumplida, no crean yo ya estaba feliz de ver los árboles desnudos con sus gruesos troncos que le dan al paisaje un aire de nostalgia, pero debemos ir por la nieve.
Rentamos un carro, primero vamos a Denver, es importante conocer la ciudad capital, compras, visita al consulado de México, Bones me pregunta si me gustan los acuarios, pienso en que he estado en el del Rodadero y el de Islas del Rosario...mmm con un poco de duda le digo de mi ignorancia en el tema y que por supuesto no hay punto de comparación, así que vamos al Acuario de Denver...por los dioses, nuevamente mi rostro es una mezcla de cusumbo y niño explorador, desde nemo hasta tiburón tres, pasando por doris y caballitos de mar, pero Bones no se queda atrás, parece rasguñar los vidrios donde están las nutrias (y eso que es la tercera vez que viene).

Pero sigamos con la nieve, en Fort Collins seguía sin nevar, salimos hacia el Rocky Mountain, esta vez con Lili y Dany, minutos después el paisaje cambia, seguimos la ribera de un río que se congela, subimos poco a poco, hacia las montañas nevadas, !voila¡, venados, guapitis, caribus y otros bichos cuyos nombres por supuesto no sé, pasan tan cerca que nuevamente me sorprendo. Llegamos a nuestro destino, allí por fin veo nevar, la sensación de pisar la nieve, de que te caiga en los labios, de verla acumularse sobre las ramas de los árboles y el ver un lago congelado son la emoción al 100%.

Al siguiente día y aprovechando aún el carro, fuimos a otro parque, otro sendero junto al río Cache La Poudre, se sumó la Brit, esta vez no hubo nieve pero si material para mi trabajo.

Así, repleto de actividades continuamos, una fiesta de regalos tontos, donde me gané música de cantinero mexicano y conocí al archifamosísimo G.W. que tanto he citado en mi tesis y en mi trabajo. Probé delicias de la gastronomía mexicana y aunque no se crea, vine a los EEUU para ver el final de "la Dueña", telenovela mexicana de la que había visto un comercial en Caldas.

Se llegó la navidad y con ella los regalos y más cenas, a una de esas viene Eugenio, esposo de Lili, padre de Marian, diseñador industrial como yo, y como yo no ejerce; Marian pide un vaso de agua, Eugenio se dirige a la nevera, pone el vaso en el dispensador, presiona el botón "water" que es lo que quiere, espera a que la nevera haga algo, mueve el vaso en busca del sensor que detectará el vaso y lo llenará, para que medio segundo después yo le diga, "presiona este botón con el vaso"... por los dioses, el problema es de todos los diseñadores industriales de latinoamérica ¿o será de los que no ejercemos?.

La noche de navidad es romántica, no les contaré mucho, Bones cocina como las diosas (si es que las diosas cocinan), vino, velas y la música que nos gusta... Feliz navidad para todos.

Volveré a escribir el año entrante, feliz año mis escasos lectores, hablaremos de California a mi regreso, ahhh y de Lucky, aún no les hablo de Lucky.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Welcome to USA

La extraña sensación colma los días previos, Pantaleón y las Visitadoras la novela que no leí se junta en un día con el recuerdo heredado del paso por el Cusirí que se hizo experiencia, los diez almuerzos de despedida se hacen una tarde de cocteles en el planetario, 6 cocteles, dos cervezas, tres vinos, al fin el Samurai y nos veremos en mes y medio.

Se llega el día, Sala 4 destino Houston, 4 requisas en Colombia, vendrían 3 en EEUU, he dormido 4 horas, escribo en mi agenda que harina es flour por si me preguntan en la aduana de Houston qué es la areparina, por fin estoy abordando con la sensación que combina la alegría, la ansiedad, los nervios del primer viaje a un sitio en el que no hablan mi idioma. Por mi trabajo es normal, subir a un avión, las pocas horas de sueño y las largas horas de viaje eso si siempre sin visas, pero hoy es de turista, viaje de placer a ver a Bones, conocer la nieve y el invierno, las montañas nevadas el puente de San Francisco...
Por los dioses ya me están hablando en inglés, cinco horas entre Bogotá - Houston, mar, mar y más mar, hasta el Golfo de México, ahora grandes planicies se extienden hacia donde vea, los ocres reemplazan los verdes que acostumbro, líneas que parecen infinitas trazan las carreteras que atraviesan la gran planicie, geometría pura, círculos perfectos, el paisaje luce como un macrochip (versión amplia de microchip).

Poco a poco se observa Houston, cuadras iguales con casas que lucen iguales, por fin veo bosque, luego vería el bosque de árboles sin hojas que soñaba ver.

Damas y caballeros bienvenidos a los Estados Unidos de América, Houston les da la bienvenida. Sigo las instrucciones de Bones, seguir la bolita, la imponencia de la infraestructura es lo primero que me sorprende, un aeropuerto inmenso en el que recorres el mundo entero leyendo los avisos para ubicar tu maleta. Mi precario inglés sirvió para hacerme entender, explicar en migración y en aduana el motivo del viaje "sustainable tourism adviser" eso es en tres palabras a lo que me dedico.

Almuerzo un jugo y el tiempo justo para el siguiente vuelo hacia Denver, ahora si, cero español, dos horas y media más, el atardecer es más temprano aquí de forma que las 4:45pm son como las 6:20pm de Bogotá, con 30 minutos de retraso sé que Bones me está esperando. Nuevamente sigo las instrucciones, sigo a la bolita, nuevamente un aeropuerto inmenso en el que pasas de banda transportadora en banda transportadora, luego al metro que te lleva por tus maletas.
Me sorprenden las bobadas tecnológicas, hay sensores para todo, si eso es normal en Colombia, pero hay hasta para las toallas de papel :).

En busca de mi maleta sigo el mapa, tomo el metro, ya sé dónde me debo bajar, en medio de rostros de todo el mundo, árabes, orientales, gringos, latinos, mi cara de cusumbo asustado es la clave para Bones, luego de meses sin vernos, salta a mis brazos y para todos es evidente de dónde somos, los gringos no son tan afectuosos en público, besos y un par de abrazos que se extienden por minutos, nuevamente su esbelto cuerpo y su piel canela, no hay fotos, pero la escena las valía.

Lalo, Helena, Lili y Dany, acompañan a Bones y me dan la bienvenida, con la noche ya entrada salimos rumbo a Fort Collins sin sentir aún el frío del invierno, la oscuridad cubre el paisaje que hasta ahora luce triste. (Luego les contaré).
14 horas después de haber iniciado este viaje heme por fin en el hogar de Bones, fiesta de bienvenida con todos sus compas de semestre, tratando de entender lo que me dicen, pronto me doy cuenta que con mi nivel de inglés apenas mañana entenderé los chistes de hoy.


Primer día, en otro país, otra cultura, otro idioma, descubriendo como niño cada cosa diferente, sorprendiéndome en silencio para que no se me salga el ....
Primer día con el amorómetro al 100, el sorprendimétro al 100 y el happymeter también al 100.
Welcome to USA, close to Bones...

domingo, 5 de diciembre de 2010

Invierno

Con el mareo fruto de las horas de carretera, las curvas, el almuerzo de 5 pm y un calor que cubre el cuerpo de sudor, espero resignado a que salga el bus a Victoria, pues ya no llegaré hasta Samaná.
Mientras pienso en que en el último mes he recorrido cientos de kilómetros por carreteras que cruzan montañas y dejan ver una Colombia que no conocía, no hablo sólo del paisaje, de los bosques secundarios que parecen cubrir las vías, hablo de pueblos de los que las noticias hablan únicamente cuando se inundan o hay derrumbes, hablo de comunidades campesinas para las que los $2000 de un refrigerio son los ingresos que salvan una semana.

Mi trabajo aunque es el soñado, no es fácil, lo digo y siempre causa risas, "te la pasas de paseo, viajas, conoces y no estás una oficina", pero cuando esos viajes se hacen de semanas, cuando ni en los fines de semana descanso, cuando se suma el insomnio, cuando se suman las penurias y necesidades de las comunidades que visito, lo soñado se hace triste.

Los cerros de Gualiva son la foto permanente en la ventana de los muchos carros en que me subo, me coge la noche, con ella todos los gatos son pardos así que debo preguntar si he llegado Victoria.

Llueve toda la noche y sigue lloviendo, las carreteras son pistas de motocross que debo recorrer para conocer los sitios turísticos; Paula una joven y bonita paisa es mi transportadora que se hace experta en el barro y los saltos, lo confieso tuve que tomarla fuerte de su cintura para no caerme de la moto.
Con las lluvias, los derrumbes y con ellos el cierre de la carretera y quedo preso en ese municipio, nadie va los talleres y creo que perdí este viaje. Lo mío no es grave, mientras recorro las veredas me enteró de las tragedias de familias que se llevó el agua.

Sigue lloviendo en este pueblo en el que la niebla es la constante día y noche, siguen las lluvias, menos mal con Gretta no esperamos a que escampara para ir a cenar, pues estaríamos allá. Se llega la tormenta eléctrica y parece que las nubes se unieran a la tierra con columnitas de agua, los flasches se disparan en menguante y las carreteras se han cerrado.



Un arriesgado y viejo Ford de los 80, intrépido nos lleva por la trocha recién abierta, justo antes de que nuevamente el derrumbe la cierre, ya en Victoria la historia se repite, las lluvias no cesan y esta vez estamos atrapados en este municipio, aquí no hay niebla, pero la lluvia es tan fuerte que conciliar el sueño es complejo, la mañana siguiente otro fracaso, nadie llega a la reunión, ni siquiera Estella que no se pierde ni la peluqueada de un piojo.


La constante en las conversaciones de las cafeterías es la carretera, si se podrá salir o no. Quién va a ir a un taller de ecoturismo cuando no hay vías, quien va salir a mojarse de cheveridad, quién piensa en esto con tantas tragedias en las noticias. Decido cancelar este viaje.


Mi regreso toma horas, la espera por los múltiples derrumbes sobre la carretera, el cambio de bus al menos tres veces, el almuerzo de rapidez; 11 horas eternas echando globos, se acerca el día, se acerca el viaje; justo cuando estoy bajando del taxi en mi casa me llama Bones, le quiero contar lo que han sido mis último cuatro días, pero se va de galería de arte.

Por ahora me sigo cuestionando, por ahora sigo echando globos, solo como de costumbre.

PD: hacía muchos años no veía la vitrina en la que el bombillo es la fuente térmica que mantiene las costillitas de cerdo en su punto...

Se veían buenísimas, lástima que no las probé.

sábado, 27 de noviembre de 2010

Oriente de Antioquia



Un par de días en Bogotá y continuo con el periplo, esta vez en Antioquia. El súbito insomnio hizo que a las 4:00 am apenas hubiera dormido dos horas, 5:00 am en el aeropuerto, 7:00 am en Rionegro, 7:45 am en el Hipódromo y a esperar. Desayuno con un café y luego de una hora un viejo Dodge por fin aparece.

Con un sueño que me tumba subo al bus y junto a mi un anciano amable que también va a San Rafael me conversa y de paso me impide dormir. Dos horas de carretera, Guatape de un lado, el Peñón del otro y a las 11.00 am llego a San Rafael, otro pueblo igualito a todos los pueblos que visito últimamente.

Cambio de maletas y la tricimoto es el transporte hasta San Carlos por una carretera en la que me siento de paseo: sol, montañas, bosques, la brisa en la cara; pero no es paseo, un puente volado por la guerrilla hace años me trae de vuelta a la realidad, me dicen que voy por la carretera buena pues la otra la guerrilla la dejó peor.

Sobre las 2:00 pm llego para iniciar taller, jóvenes con ideas geniales y las mejores intenciones hacen ecoturismo, educación ambiental, protegen especies y esperan ansiosos la bonanza del turismo. Mientras los observo trabajar me cuestiono nuevamente sobre las ideas locas, los sueños imposibles que muchas veces se venden en estos municipios; pero aquí hay con qué, mejor con quién, me digo mientras pienso en alguna estrategia.

Se acaba la jornada, son las 6:00pm, llevo 8 horas de viaje y 4 de taller, Marleni me dice que no hay hotel; tomamos una tricimoto de regreso a San Rafael, para así completar más horas de carretera.

Muy tarde llegamos al Gran Hotel, desde Fort Collins Bones quien desconoce mi jornada, me llama en lo que para ella son las 10:15pm del día de acción gracias, que para mi son las 00:15 de un día eterno; no obstante su rostro así sea pixelado por la calidad del wifi es la alegría que amaina estas 20 horas que llevo despierto. Lo confieso, tan pronto supe que estaba con sus amigas de maestría apagué las luces para que no viera mi cama en cemento y las mesitas en baldosa del hotel.

Al día siguiente, el turno es para San Rafael, donde no sólo crece el número de asistentes sino la edad promedio, doña Miryam, doña Estella, dos hermanas y sus primas de apellido turimo, hablan de turismo, no habrá tantos jóvenes ilusionados como en San Carlos, pero las viejitas son muy divertidas, prometen volver.

Lorena, trabajadora de la alcaldía me espera hasta el final:
-¿siempre eres así?, ¿has trabajado con comunidades más de base?. Me pregunta con una cara que no logro descifrar.

- Si he trabajado con comunidades de base, con campesinos de varias regiones, con indígenas, raizales y afrodescendientes; y no, no siempre soy así, cada comunidad, cada lugar es diferente.

- Eres fuerte, eres enérgico, me sorprende como mantienes a 35 personas 4 horas atentos todo el tempo.

- Respondo con una onomatopeya de aceptación mmmm, es lo que me apasiona.

Una noche más en el Gran Hotel y el sábado es para el viaje de regreso, mientras espero observo nuevamente este pueblo, los rostros y pintas del paisa tradicional, observo los bosques secundarios que nos rodean, ¿qué fue lo que más te gustó del pueblo?, pregunta Robin, - lo que está afuera le respondo.

Nuevamente en un viejo Dodge, un taxi, un colectivo y un avión; Bogotá, fría, solitaria, sin internet, sin TV y sin lavadora me espera.


lunes, 22 de noviembre de 2010

Presentando "Me caí"



Con la ilusión de volver a ver a Zlop, con las ganas de volverme a parar frente a un auditorio, con la alegría de ver a Rodri, con la normalidad que me provoca esta feria, emprendo un nuevo viaje; la niebla es compañera de carretera, llego a Neiva, ciudad que nunca me ha gustado pero que en esta oportunidad y gracias al invierno se siente más fresca.

Tarde me encuentro con Zlop invitada desde las tierras australes esas que le que han quitado su acento paisa y le han dado un toque de consultora latinoamericana que tanto quería; Rodri quien conserva su acento gomelo y su pinta de latinlover, Vanessa quien años después sigue siendo una de las bellas empresarias del biocomercio que produce maripositas... y muchos muchos conocidos de los que poco a poco recuerdo nombres.

Las correrías propias de las ferias, el desorden propio de las instituciones públicas, las locuras mentales propias de quien escribe, son lo normal en los dos primeros días; pero viene el 19 de noviembre, no sólo es el cumple de mi madre, es el día de mi ponencia.

No suelo ponerme nervioso antes de hablar en público, suelo manejar la presión; sin embargo, esos rostros conocidos que poco a poco recuperan su nombre fueron creando y alimentando un sustico que se acrecentaba: que mi nombre, que mis presentaciones guau, que desde hace rato querían ver una de mis ponencias, mucho a mucho, sentía que las expectativas crecían, aún no sé porqué, no me gusta generarlas, no espero que esperen mucho de mí.

Lu, mi hermana, consideró que ya era justo volverme a ver en público luego de aquella última vez hace 30 años cuando cursando kinder declamé una poesía el día de la madre, de forma que los nervios se habían apoderado de mi.

Se llega el día, las 8:00 son las 9:15am en Neiva, pocos para las primeras charlas amainan el susto, hago lo de siempre, escucho a quienes me anteceden para unir temas. Se llega la hora, subo a la tarima y 600 personas hacen el prime time, los nervios reaparecen, las manos tiemblan, respiro profundo y allá voy. Cálmese me dice John el asistente de sonido.

Los primeros treinta segundos son indescriptibles, se acelera el corazón, tiembla la voz (por dentro), descubro los rostros conocidos en el público y pronto los olvido, debo olvidarlos, el corazón se calma y el guión que me armé, por fin aparece, de ahí en adelante todo fluye, tan bien que mientras camino el escenario explicando la importancia de señalizar y delimitar senderos, caigo, si caigo y me salgo de la tarima.

Milésimas de segundo y de un brinco regreso, ¿ven la importancia de señalizar? les digo, me reincorporo y me burlo de mi caída, los aplausos en medio de la charla, continuo, termino y nuevamente los aplausos; me siento y los españolotes que me antecedieron me dicen “estupendo”.

No pagan por esto, pero siento que es de las cosas mas satisfactorias y divertidas de la vida, camino entre los stands mientras quienes me reconocen me felicitan y me dicen “¿cierto que fue planeada la caída?, le salió perfecta”, respondo con una sonrisa; la mujer de amarillo de hace unos post me espera en el café y me dice que al verme frente a todos dijo orgullosa "yo lo conozco, he asistido a talleres con él", nuevamente sonrío...Recuerdo entonces aquella presentación hace 30 años cuando estaba en kinder, ¡gracias madre por enseñarme que hacer el ridículo no importa!.

Se llega el sábado y Lu se une al combo para irse a termales, lo malo es que descubro que no estoy en el combo, de forma que la tarde es para hablar con Astrid, quien me cuenta sus viajes alrededor del mundo hasta la 1:30am, joder, la primera noche en el hotel no dormí por el tractor que dejaron encendido en mi cuarto, la segunda por la pareja de ancianos con quien compartí cuarto y esta porque Astrid sigue con la hora francesa.

Se llega el domingo, espero a que llegue la hora del vuelo para descubrir que quienes me invitaron no me dieron tiquetes, busco algún cupo pero es domingo de feria, no hay nada qué hacer, horas de carretera me habrían de esperar; me quejo conmigo, las quejas con otros lados no tienen eco


¿Y Zlop?, tristemente en suma nos vimos 40 minutos, hablamos 15 minutos, almorzamos una vez y quedamos con las ganas enormes de seguir hablando, eso si, el abrazo al vernos en medio del auditorio durará un buen rato.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Oriente de Caldas


Habiendo cumplido la tarea que me dejó Zlop, inició en lo que para mi es madrugada, el nuevo periplo. Samaná, Victoria, Marquetalia y Norcasia en Caldas son los destinos esta vez, pueblos similares, pueblos de difícil acceso, pierdo la cuenta de las horas de carretera, si, lo sé, me quejo mucho, pero es que luego de 5 horas por terreno pavimentado y 4 por una trocha en la que el bus se zarandea como perro cojo bailando reguetón se le acaba la cola hasta… pobre de mi, se dejó aún más plancheta.


Las primeras horas cuando la carretera pavimentada rodeada de bosque y cultivos se veía verde, pensaba en que los extranjeros se sentirían en medio de la selva apenas saliendo de la Dorada; con el paso de las horas bellos paisajes repletos de bosques exuberantes, agrestes montañas, filos a lado y lado, plantas de hojas grandes, incontables caídas de agua, trochas en las que un 4x4 gozaría su estreno, quien se sentía en medio de la selva andina era yo.

Al llegar al primer pueblo recuerdo mi lema: Lo bueno de que no te hagas expectativas es que una vez conoces la realidad no te desilusionas.

No les contaré mucho, he de volver a tomar fotos de los paisajes y atractivos, he de volver con una mirada menos crítica pues esta vez las altas expectativas respecto al turismo generadas por otros procesos, el sueño creado de turistas europeos que vienen a ver aves, las ideas de motores 400, yates, lanchas y hoteles flotantes en sitios a los que no llega carretera me dan grima. ¡Es que F hacemos unos paquetes turísticos hermosos, espectaculares, el problema es que nadie viene¡, me dijo el Doctor asesor departamental… da grima.

El diseño de todos los pueblos guarda elementos comunes que garantizan la satisfacción de visitantes y turistas, así, en cada municipio se ubican estratégicamente los hoteles de forma que durante la noche puedas apreciar el bello espectáculo cultural, común también en todos los pueblos: bajo una horrenda música a todo volumen, grupos de personas desordenadamente, beben, gritan, hasta emborrachare, garantizando así un implácido sueño.

Casi una semana en estas, con talleres, con gente ilusionada, sin Internet ni celular, extraño la tecnología y quiero regresar a Bogotá.

Llego casi a media noche a Bogotá, el invierno ha sido inclemente, por el invierno un árbol del frente de mi casa se cayó; con su caída se llevó las cuerdas de energía; con la llevada de las cuerdas se generó un corto y un apagón, si hay apagón debe volver la energía, así que con su regreso me quedé sin lavadora, TV, teléfono, modem, Internet y sistema de sonido.

¿Señor y es que usted no desconecta todo cuando sale de la ciudad?... respuesta oficial de Codensa quien en pleno siglo XXI parece del XIX.

Extraño la tecnología y eso que ya estoy en Bogotá.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Frases sueltas

Si hubiera sido beisbolista sería un niño, Rentería tiene 35 años; si hubiera sido futbolista sería un viejo, el argentino-colombiano tiene 35 años; si hubiera sido automovilista sería infantil, Montoya tiene 35 años; ¿entonces qué soy si tengo 35 y no soy deportista?.

Mi primer nombre significa pacificador, el segundo guerrero belicoso; soy cancer (agua) ascendente en sagitario (fuego); y todavía me preguntan porqué cambio de ánimo así de fácil.

Solía preocuparme por el freeze de mi pelo, hasta que vi una foto de Shakira.

No pondré más mensajes en mi Skype ni MSN que denoten mi histeria, se acabó el muro de las lamentaciones. Si quieren saber cómo estoy, que pregunten.

A propósito de Shakira, cada vez más acepta lo que es: primero loba, luego guaca, y ahora loca. Conócete a ti mismo.. y hazlo canción.

Tanto que critico a Shakira y mi apellido viene de "lobo".

Me gustan mis fotos, pero he de aceptarlo, no soy fotógrafo.

Ultimamente sólo hablo conmigo, me di cuenta de algo, jodo mucho, ya me tengo aburrido.

PD: Zlop me dice que sufro del "síndrome de ama de casa encerrada".

jueves, 28 de octubre de 2010

Cartagena, Otra visión


Cartagena, otra visión
Al ver por la ventana se apareció la Sierra Nevada de Santa Marta, esa que sabemos que está ahí pero que en otros vuelos no vi, así es Cartagena, sabemos que hay otra ciudad pero no la vemos.
Hay una Cartagena industrial, de refinerías, de polímeros, de geometrías creadas que me recuerdan las clases de ecología del paisaje, el paisaje creado.

Hay una Cartagena que es puerto, un puerto industrial al que hoy llegan productos y en otra época llegaron esclavos


Hay una Cartagena repleta de mochileros a tan sólo dos cuadras de la otra Cartagena, Getsemani es aún tierra de raizales.

Hay una Cartagena en la que los jóvenes afrodescendientes orgullosos muestran su folclore a cambio de unas cuantas monedas.
Hay una Cartagena en donde las naranjas de Unicef buscan un restaurante para hacerse jugo de medio día.
Hay una Cartagena donde la arquitectura refleja épocas, donde por primera vez me veo.

Hay una Cartagena que toma siesta al medio día, en la que el lustrabotas descalzo tiene una almohada de madera.
De esa otra Cartagena que no vemos, dos mujeres esperan a que termine el taller, escuchan atentas cuando digo que el turismo debe generar empleo y oportunidades para los locales, se acercan y me dicen que ya que hablo del tema, porqué no les ayudo a conseguir empleo, pues llevan meses sin. Y yo, soñador de un mundo mejor qué les puedo ofrecer.

martes, 26 de octubre de 2010

Huila. Robles, café y guadua

Roble negro.

4 horas por carretera nos llevan hasta Pitalito, el café es la disculpa, nos reciben jóvenes directivos de una asociación de más de 90 familias con tantas certificaciones que no caben en sus empaques, corta reunión, almuerzo típico, una hora más de carretera para a ver los famosos robles negros. Un sendero inexistente en medio de helechos y el paso de una diminuta rana vestida de negro la puerta de entrada hasta un bosque que crece junto a una cañada rodeada de café y eucaliptos; es corto el sendero, hora y media por un terreno suave cubierto de hierba que junto al agua y la arcilla se hacen pista.

Nuevamente carro, atravesamos un cañón, otros 40 minutos hasta donde el viejo Patrol espera a que un primo le comparta la gasolina que por la inclinación de las lomas no se lleva en el tanque sino sobre el carro.

Un cultivo de lulo cargado se atraviesa hasta un bosque denso, donde otro sendero inexistente nos espera, la entrada al precipicio, el despeñadero por el que los únicos que permanecen de píe son los robles blancos y negros, árboles imponentes más viejos que la panela y la moda de andar a píe.

Andar a píe, algo casi imposible por esta ruta en la que te sientes en un tobogán de hojarasca y arcilla, apenas te levantas para ver las aves coloridas que a más de 20 metros son imposibles para la cámara; apenas te levantas caminas 200 metros y en medio de las más bellas especies forestales, suena el celu y desde el norte llegan las ondas que me animan y producen una sonrisa que se hace carcajada del grupo cuando vuelvo a caer. Luego de dos horas y media de descenso se respira café, nuevamente cultivos, la colcha de retazos en las montañas, mezcla de café, plátano, palmas y bosques; se toma un respiro hasta que descubrimos que el auto nos espera muy cerca, a unos 300m de altitud, pues la inclinación es tan alta que vemos el techo de la casa y el platón de la camioneta, es decir una hora más descendiendo.

Por fin en la camioneta que nuevamente cruza el caño y nos lleva a conocer el beneficio del café; desde el otro lado del caño observamos la ruta inexistente que acabamos de hacer, la inclinación es tal que se han inventado cafeductos para bajar las pepas por entre un tubo.

Se llega la noche, en busca de la cena recorremos un pueblo alegre, lleno de gente que en sábado busca plan, minifaldas, escotes, jeans ajustados, pelo alisado, la feria de las curvas y Edo me dice que nos vayamos a un bar; bar del que pronto nos echan pues bebo tan poco que no soy negocio, Edo por su parte me pide dinero prestado y se queda tras de una rubia flaca que lo ha puesto a pensar en que hacía 10 años no salía en ese plan.

Lomachata.


Cuatro horas de sueño, tres de carretera hasta una finca donde estudiantes desayunan y Calixto me pide que les hable sobre mi trabajo que ya no es mi trabajo, sobre la mi institución que ya no es mi institución; desayuno típico y a caminar; del proceso de la panela al párvulos de cerdos, de allí al establo, de allí a los cultivos de peces, de allí a un bosque de guadua, un guadual que nos lleva por la historia de Calixto, desde las guaduas tan delgadas como la caña brava.

Un sendero rodeado de columnas verdes que se curvan convirtiéndose en el techo del camino, rodeamos una quebrada durante dos horas, por un bosque fresco y verde que por momentos se hace tan denso que parece túnel. Salimos a un cultivo de caña panelera y un potrero, donde patos revolotean para luego nadar sobre un pequeño lago. Lago que atravesamos por un puente hermoso de guadua, guadua del mismo bosque que acabamos de cruzar.


El recorrido se acaba, las artesanas esperan a que ninguno de nosotros les compremos nada; papaya partida, papaya servida y desde luego comida; las mismas tilapias del lago son el almuerzo.

El regreso 4 horas por carretera, atravesando pueblos que se hacen iguales, tarde en la noche estoy en Neiva, vuelo de 9:00pm; es domingo en Bogotá hay filas para todo hasta para aterrizar, 11:00pm en la Maca, tiempo justo para cambiar de maleta, hablar con Bones, 1:00am a dormir. Salgo en 5 horas a Cartagena.