jueves, 30 de septiembre de 2010

Amazonas de gringo



El Parque
La quebrada seca me lleva con mis maletas a través de la Isla de la Fantasía en una caminata de casi un kilómetro río seco adentro hasta abordar la lancha, 90 minutos y estoy de regreso al Parque Amacayacú, a otro fugaz paso como el de unos años atrás. Otra vez no me sorprende, cuando te hablan de los cientos de miles de hectáreas del Parque te imaginas la inmensidad de la selva que luego de recorrer un sendero de 400m se hace desilusión; el premio las lagartijas, las mariposas de 13 cm azul metalizado e iridiscente.

Cristobal el guía ticuna, se sienta junto a la ceiba de 400 años y 50 m de altura mientras yo corro tras de mariposas; John Fredy de voz suave que apenas deja escapar las palabras a velocidad lenta, salvo su rostro, es el mejor de los meseros que cumple el estándar internacional; los chinos de la China comen en la mesa de al lado, me observan mientras disimulado observo sus extrañas costumbres en la mesa; más tarde me preguntarían This is your first time in Amazonas, are you a tourist, where do you from…respondo todo en mi básico inglés hasta el momento en el que les digo que soy colombiano y ellos se ríen pues juraban que era europeo.
Mocagua
Henry Dosantos, guía ticuna me lleva por un sendero que en épocas de lluvia requeriría lancha, hoy cruzar la quebrada Matamatá sólo requiere de un brinco, atravesamos chagras de sus abuelos donde los niños comen mango y papaya, los mayores cogen plátano y el cacao se pudre al caer en la tierra.



Mocagua es una comunidad de apenas 600 habitantes, entre ticunas, yaguas y cocamas con cuatro iglesias diferentes, eso si todas con un solo Dios; sus casas en madera se unen por callecitas de cemento sin que la cuadrícula sea evidente, la comunidad se extiende como una red alrededor del lago de las Victorias y la cancha de futbol. Mientras recorro el pequeño poblado y luego de años de viajes veo una babilla en su ambiente natural buscar el sol de medio día a través de un lago, el éxtasis de observarla llegaría cuando se sube en una victoria regia… ¿por qué no tengo un teleobjetivo?.
La luna llena aparece, el día se acaba y con el atardecer llegan nubes de insectos despiadados, es septiembre no es octubre sin embargo la llegada de la noche trae bandadas de murciélagos, es como una película de terror de esas que vi en la infancia; tranquilízate F, esos se comen los insectos.
En hamaca luego de años, en una casa con techo y sin muros paso la primera noche, al amanecer el merecido baño, baño en el río, nada menos que el Amazonas, mi bautizo dice Henry.

Macedonia
Entrada la tarde subo el empinado puerto de Macedonia hasta la casa del artesano, no hay lugar a más paseos, un jaguar cruza la calle, no hay problema es de madera.

Una gran maloca con decenas de puestos en la que parece repetirse el tipo de artesanías aunque cambia el rostro de quien vende; la otrora casa caliente en la que la teja de lata se encargaba de secar la madera, las semillas y a los visitantes se ha convertido en la bodega. James se convierte en mi guía, me pregunta si mambeo, me lleva a donde John quien me dará alojamiento no sin antes pedirme ir a visitar al Curaca; Macedonia tiene más de 800 habitantes, como Mocagua tiene ticunas, yaguas y cocamas, sus callecitas recorren un relieve rico en el que el grado de inclinación da lugar a que se creen pistas para que los niños practiquen el streetboarding. 
En Macedonia la mayoría evangélica ha creado un pueblo sin alcohol ni cigarrillo, a su colegio vienen niños de las comunidades vecinas, algunos incluso, los de San Martín viajan cada mañana una hora en peque peque (canoa con motor pequeño) para poder estudiar.

Me hospedo en la casa de John yerno del rector del colegio, es el hotel de los profes, allí conozco a Gamaliel el deportista y Armando el arquitecto, par de locos, el primero de acento caleño a pesar de ser leticiano viaja hasta el Vergel para poder beber; el segundo un profe de artes, pastuso quien me pregunta si he mambeado, a él le dicen mambe y me cuenta la historia de su vida, de su paso por el cartucho, por las drogas, por un cáncer del que lo sacaron las limpias con yagé y la esposa cubana (la misma que conocí en el avión)…

Mambe.
Insistente Armando me convence, no sin antes explicarme que se trata de un ritual de la etnia de sus ancestros, que el ambil es masculino la coca femenino, que la coca es diferente a la cocaína, que es una pizca de esto, que se hace una bola, que deje de respirar con la boca, que me tranquilice y que sienta la magia, que sienta el paso a la cuarta dimensión, así, frente a un bello lago repleto de victorias y libélulas, tomo una pizca de ambil, mientras lo paso recuerdo que equivale a 5 cigarrillos y su proceso de fabricación, luego la coca, media cucharada de un polvo verde con sabor tostado, trato de conectarme, de sentir la magia, trato de hacer la bola, mantenerla en el paladar, de que no se haga agua, la única magia que sentí fue un leve cosquilleo y adormecimiento de la parte interna de la boca…luego al leer el Río me dí cuenta que a Shultes le pasó lo mismo cuando probó el peyote…no sintió nada.

Otra tarde de zancudos, de arenillas, de mosquitos, otra noche en que descubro que tengo muchas picadas, de al menos seis tipos diferentes de insectos, otra noche en otra hamaca.
A punto de partir me muestran el fruto del huito, un indígena quien me pregunta por tercera vez en este sitio si mambeo, me siento culpable, le digo no, porqué…luego de dos días lo entiendo, mis chachetes ya notorios han aumentado con este clima, “amigo es que se te hacen unas bolsas como a los que mambean”….mierda me engordé…

El Vergel

El campeonato de futbol dio la bienvenida, tres partidos simultáneos y un único narrador con la habilidad de cantar un penalty al tiempo que saluda a los ganadores de un partido y regaña al arbitro de otro partido.


Un pueblo con menos de 180 habitantes, con tan sólo tres casas, de este lado del mirador y unas cuantas del otro, a oscuras y sin energía se embriagan los profes de Macedonia, desde el mirador se ve la isla de Mocagua, Esteban el guía más divertido del viaje se burla de mí en todo momento, la ausencía de comida típica, de un hogar donde comer, me lleva a los enlatados peruanos y brasileros que sinceramente no recomiendo.
Camino en la noche, el puente que luce colgante se convierte con el día en un sendero cubierto en techo de palma que sube de un pequeño lago, de morichales y pepiaderos donde se juntan los animales; de noche en el mirador, de un lado el Amazonas, del otro la selva, las pequeñas luces de velas que apenas se dejan ver, la callecita, la única callecita que recorre sinuosa el terreno como una montaña rusa. Los insectos, nuevamente los insectos y una hamaca esta vez modelo militar solo que dormiré en la cocina.
Al amanecer el baño esta vez en una quebrada cuyo nombre nunca supe.

Zaragoza.
Luego del desayuno, patacones pequeños como cereal con café, Esteban me lleva en su peque peque, pasamos por las playas mientras me cuenta que antes el Río no bajaba tanto, me señala un punto donde hace unos días la playa unió la isla con la orilla, de forma que se pasaba caminando, son más de 700m; me señala la otra orilla donde el río se llevó una isla peruana tan ancha que el bosque que tenía ocultaba tras de sí un pueblo.

Llego a Zaragoza, son las 11:00am, la comunidad luce solitaria pues las familias están en las chagras, aquí no habrá comida, nuevamente enlatados, hablo tres horas con el señor de la única tienda, me cuenta sus historias en las que a punta de medicina tradicional recuperó a su hija, su esposa y su pié, sus peleas con los médicos que le sacaron toda la sangre de su padre por una leucemia y lo mataron; me habla de la bonanza cocalera, me entero de cómo estas tierras ribereñas fueron en los 80 grandes haciendas de narcotraficantes que se extendían desde Leticia hasta Puerto Nariño “y ves jefe el poder de la selva, la selva se lleva lo que es suyo”, apenas 20 años después los extensos potreros perdieron la batalla contra el bosque.

Me cuenta que estas comunidades son nuevas, que a lo sumo tienen 39 años, que siguen peleando por su territorio, que las fincas vecinas están entre la extinción de dominio y la venta a terceros.

Zaragoza es otra comunidad similar, aquí las calles son más cuadriculadas, no hay energía, lo olvidaba, en ninguna comunidad hay acueducto ni alcantarillado, aquí viven con la ilusión de que les llegue el turismo, hasta el momento lo más parecido a turistas son tres estudiantes y yo (también estudiante).

En la tarde Edulvey me recibe en su casa, me hospedaré allí, estreno hamaca y toldillo, llevaban tres años guardados esperando al gringo, para Edulvey todos los extranjeros son gringos, para él yo era gringo, si no, lo eran mis padres, o al menos mis abuelos, dice Bones que le debería explicar que en Boyacá y Santander somos así, pero es que hablar de Nicolás de Federman y de Leo Von Lengerke es algo que me tomaría horas…

La hamaca colgada en un patio, el toldillo que deja ver la noche y las estrellas, el ruido del perro bajo el suelo, nunca supe si eso que veía correr por el techo y las paredes eran micos o ratas, finalmente y súbitamente me dormí.
Pruebo sardinas asadas de cena y al desayuno caldo de sardinas, nuevamente me siento Antonie Burdain. Los insectos de otras noches, la falta de energía de los otros poblados, la falta de agua, la necesidad de una ducha.
Nuevamente baño en el Amazonas y la espera de 4 horas hasta que una lancha al fin se detiene y me lleva a Puerto Nariño, ese será mi descanso.

Puerto Nariño
Luego de varios días la ducha, el ventilador y el agua son lujos que extrañaba con locura, esta tierra de la que tanto les he hablado desluce hoy sus lagos, el Correo y Tarapoto están secos, lucen como valles de pasto verde claro. Recorro las calles bajo un sol inclemente, pero es mi descanso, busco un lote, quiero tener casa aquí, si es mi sueño, ese sueño que compartimos con Bones así a veces no me crea que es cierto.





Luego de varios intentos la montaña viene y yo voy, conozco a Ruperto quien posa junto a un gran jaguar, una de sus últimas obras, no puedo evitar comprar un par de sus objetos.

Palmeras
Es domingo, tomo el rápido de las 7:00 que me deja a la 7:15am en el puerto de Palmeras, Eugenio justo a quien necesitaba sin saber que lo necesitaba está en el puerto, es un hombre de 50 años, lleva 20 trabajando en ecoturismo, aunque hace 3 años que no les va nadie, recorro la más pequeña de las comunidades, hablo con los lugareños. 
Pedro me habla, me cuenta que vivió en Bogotá y le gustó, era vendedor ambulante, "pero me gusta más aquí, aquí vivo feliz tenga o no tenga plata, aquí si no hay comida la siembro, sino hay comida pesco y si tampoco hay la comunidad me regala...aquí no hay que correr, cultivo piñas y plátanos…". Me señala las piñas, para quien no las conoce son más grandes y alargadas que las que todos conocemos, recuerdo que no me gusta, pero que en los últimos días ha sido parte de mi dieta.



En menos de media hora he cumplido el cometido, el siguiente rápido es a las 11:00, Eugenio me dice que baje en un peque peque, espero media hora a que carguen los plátanos y piñas que venderán en Puerto, así, partimos en medio de un fuerte sol que me termina de tostar el cuero cabelludo, lentamente avanzamos hacia Puerto mientras observo las orillas del Río, si voy por el Amazonas más seco que nunca mientras veo muy cerca árboles completos que se ha llevado a su paso, pienso en esta calma en el placer de lo que hago, en la fortuna de estar aquí, no importa que sea tesis, no importa que este viaje lo pague yo, quizás en premio a este agradecimiento a la vida, delfines rosados aparecen frente a nuestra pequeño bote…no me pidan fotos de delfines, creo que hay un acuerdo tácito, ellos se dejan ver solo si no les tomo fotos.



San Martín de Amacayacú

Dicen que lo mejor se da al último, no les hablaré de los muchos delfines que se vieron, ni de la cara de emoción de los alemanes al verlos. Muy temprano Carlos motorista y guía me recoge y de paso le dice a mis vecinos de hotel, que nos veremos en San Martín, se trata de una alemana y un polaco tan fríos como el blanco de su piel; el dolor de mi píe derecho impide que camine esas 4 horas de trocha de forma que en peque peque salimos Amazonas abajo, tomamos uno de sus afluentes hacia arriba, la quebrada Amacayacú, la marcha se hace lenta pues el verano casi la ha secado, a medida que avanzamos se observan las capas de playa en los costados, metros en los que la fuerza del río acelera el tiempo, árboles completos desprendidos de raíz.


Poco después una abuela nos saluda se quedó sin gasolina, Carlos no tiene ni la puede remolcar pues los palos no dejan andar más de 30 metros tranquilamente… la llegada a un pueblo disperso, con media callecita en cemento, un indígena semi desnudo de piel casi terracota que se apoya en una vara para impulsar su canoa, pienso en que algo así vieron los primeros visitantes; Azuley, el abuelo fundador del pueblo quien trabaja desde el 57 en turismo, me recibe, su mirada afable me acompañó por su comunidad, me cuenta cómo la fundó, que fue curaca 24 años, su hijo es el rector de la escuela, conoce Bogotá, Perú, Ecuador y Brasil, me habla de la historia de la guerra con Perú, de la segunda guerra mundial, me muestra el proceso de la fariña, me lleva a la casa del artesano, me habla en un español excelente que se pierde cuando habla con sus coterráneos en ticuna, si, todos hablan ticuna entre si. El tiempo ha pasado he cumplido mi cometido y la ruta de regreso se hace más rápida.


Regreso a Puerto Nariño, a ver tarde de danzas, a observar a holandeses que no entienden lo que pasa. Ya se acaba este viaje voy a hablar con el Curaca, quien me cuenta 10 historias de peleas y de defensa de su grupo, de los indígenas, nos tomamos una foto.


Regreso a Leticia
Nuevamente la Isla de la Fantasía y sus cientos de metros con las maletas y el sol quemante de medio día, ese mismo sol que me impide hacer dos entrevistas, vuelvo a la tecno, hoy veré a Bones.

Se llegó el último día, 6 horitas nada más, muy de chepas veo a Ismenia quien me invita a los Kilómetros a mostrarme un parque temático, que como todos los que ultimamente conozco, no tienen tema... un sendero de dos horas casi acaba con Ismenia, es que el sol y ese calor a su edad ya no son buenos.

Ya es la tarde es el regreso y de nuevo en un avión, los monólogos que nunca se van. Extraño el Supermassive Black Hole en mi celu, extraño la piel, la espalda, extraño el calor en las noches... no extrañaré este calor de Amazonas.

Pienso en estos días sin energía, sin agua, llenos de insectos y hamacas, pienso si me estoy volviendo flojo; recuerdo la cara amable de los indígenas y como dan lo mejor de si al visitante, pienso en que en todos lados fui el gringo, cuando ni siquiera he estado en EEUU...



Quiero creer
Sueño que sueño, sueño que leen mi blog y lo comentan, me despierto pues me he dado cuenta que es imposible que sueñe y sueñe dentro de los sueños…
Algunas veces, no, está bien lo acepto, muchas veces sueño con que esta vez sea cierto, sueño con que sepas lo que soy y lo que siento, lo que eres para mí, sueño con que yo sea lo mismo para ti, sueño contigo. Creo en lo nuestro.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Amazonas de tesis

El Amazonas tiene algo mágico que despierta el interés de cuantos lo hemos conocido, quizás por eso hace un tiempo decidí cambiar mi lugar de tesis, dejé el Pacífico por el Sur; no obstante, en el mar de sentimientos encontrados que me embargan estos días, estar 10 días sin internet ni teléfono celular, son algo que no quería.

La fuerza de la realidad, el no poder posponerlo mas, me trajo a este viaje académico que comenzó el viernes en Bogotá, cuando el señor Tossudo, presidente de una empresa de 4500 empleados me recibió en su oficina: Buenas tagdes F, un placeg, cuéntame en que te puedo ayudag... entenderán por su acento de dónde es el señor. No creo poder ser objetivo con un anciano que tiene dos ipad, dos iphone y el mismo Mac que yo...
Sin más preámbulos el domingo en la ruta Aires dejé la caótica Bogotá con rumbo a la colita de pescado, el avión repleto con 140 pasajeros cruza el país en medio de nubes que no dejaron ver más allá de la ventana, una extraña cubana me saluda como si me conociera, me sumerjo en el Río y la olvido. La cantante leticiana me habla, su rostro de 20 años contrasta con su hijo de ocho que la espera en el aeropuerto.

Leticia, esa ciudad que conocí hace algunos años es hoy un cúmulo de ruido, un hervidero de motos, mototaxis y motocarros, una ciudad a la que llegan cientos de personas a buscar oportunidades de esta nueva bonanza llamada turismo; muchos extranjeros tipo hippie caminan por sus calles con morrales, vendedores ambulantes por doquier, vendedores informales en varias esquinas, Leticia esa ciudad que años atrás conocí ya no me gusta.

Busco un hotel económico pues este viaje es de mi bolsillo, entre los 30 de un hotel de mala muerte y los 60 del hotel de siempre, me quedo con lo conocido, allí por lo menos hay internet, ese que me mantiene cerca, la cercanía del internet es por estos días la medicina a las tristezas y la nostalgia.

Nunca había visto el Amazonas tan seco, lo que es un canal de agua que en invierno tiene unos 50m de ancho y unos 10 de profundidad es hoy un paso seco apto para el ciclomontañismo, el calor excesivo, el cielo nublado pero no llueve, eso si no se puede negar que los atardeceres son increíbles, llenos de rojos, rosados y naranjas que como algodón de dulce contrastan con el azul intenso...
Como en el 99% de mis viajes camino solitario en las divagaciones eternas, en mil monólogos mentales, esos que se interrumpen cuando veo la luna y me promete que cuando llegue a las comunidades indígenas habrá luna llena.
Si señores, me tocó luna llena y menguante en Amazonas.

Nos veremos pues en unos días a mi regreso al mundo tecnológico...

Algo de Zoe mientras tanto, o mejor dicho Nada

Transfusión, de magia pura para el corazón 
Rimel de miel pa corregir la tristeza...
Y no se tú, ni qué dirás pero no hay nada mucho qué pensar
La oscuridad me acecha incrédula
Nada que pueda perder,
Nada que no pueda hacer,
Algo que te alivie
Algo que me cure

viernes, 17 de septiembre de 2010

Y tengo celos del viento

Se fue sin decir adiós, se dejó llevar por los susurros del viento, por los vientos del sur, los vientos húmedos del Brasil en una noche de seducción.

Si, se fue, en una noche de septiembre de amor y amistad, aprovechó mi ausencia y se fue; y tengo celos del viento porque acaricia tu piel dice la canción, qué habría de tener yo, si el viento se la llevó, ni modos de decir que donde lo vea lo acabo, el viento no se ve.
Se fue mi bonsai.
Recuerdo nuevamente al Perfecto Asesino, su planta que no echaba raíces, esa que lo acompañaba, quizás por eso compré un bonsai, porque iría conmigo a donde fuera.
Si lo sé no es la primera vez que alguien me deja, pero es la primera en que lo hace una planta
Lo sé, esta historia raya en el ridículo, suena tonta, pero es que esperaba que en el peor de los casos muriera, ¿acaso no es absurdo que una planta me deje?.
Ridículo o no, desde el jueves al paisaje en mi ventana le falta algo, desde el jueves heme aún más solo.

martes, 14 de septiembre de 2010

Cartagena, sin miel y con la luna apenas en creciente


Lanchas vacías junto a un muelle aún más vacío, pelícanos que insistentes chocan y chocan contra el mar en busca de comida, cielo casi casi sin nubes, si, estoy en Cartagena de Indias, a mi espalda la ciudad amurallada, al frente la Bahía, espero horas una cita que no se dará, mientras veo el atardecer.

Recorrer las calles del centro de Cartagena adquiere un valor diferente en este viaje, mi afán por no perderme en la ciudad, por reconocer cada casa, cada calle, cada balcón, es sustituido por redescubrir los rostros, vendedoras de frutas que duermen junto a sus carretas, jóvenes mujeres que caminan con su tumbao, supongo estudian; llaman mucho la atención las mujeres cartageneras, una bella mezcla que no llamaría mestiza, cuerpos delgados, piel morena, facciones finas... contrastan con los rostros de los foráneos, esos cuerpos blancos, ojos azules casi grises, pelo rubio. La mezcla de acentos y de idiomas, si Cartagena sigue siendo una para los turistas y otra para los locales.


Huyo a la mirada de una artesana, su cuerpo delgado, su piel canela, sus hombros marcados, sus ojos negros, su pelo rizado sumado a esa cara coqueta e insinuante, esa que te hace sentir como en película italiana cuando encuentras a la más bella mujer y ella se fija en ti...si huyo, ya no creo en esas miradas.

Esta vez no venimos en combo, cada quien por su lado, de forma que mis días se pasan entre citas y citas en diferentes oficinas; en Colombia es mes del amor y la amistad en todas las oficinas juegan al amigo secreto, hay bombas y adornos, hay regalos, recuerdo que hace tanto no celebro el día del amor y la amistad, hace tanto no tengo oficina, el pensamiento es interrumpido por Sucy, "pero tan chévere hoy estás en Cartagena la otra semana en Amazonas, vives Colombia", si, existe la ventaja de que no me gasto dinero en regalos pues no tengo compañeros de oficina, le respondo.

El día de taller la peinilla ha desaparecido, menos mal el equipo es de mujeres, imposible ninguna tenga; mientras llega la gente, se aprovecha para la desenredada del pelo, comienza la función, las charlas, las charlas y las más charlas, después te tantas, se nota el cansancio así que inició burlándome del computador de quien me antecede, es divertido, no sé si ellos se gocen tanto esto como yo, pero cada sonrisa del grupo, cada participación me anima, al finalizar se acercan algunos y su cara lo dice todo, sus bellas palabras me alejan del nivel del Mar Muerto... nunca habrá algo igual a sus palabras.

De vuelta a las citas, a las cenas, almuerzos y desayunos solitario en esta romántica ciudad en la que la miel llegó a mi vida, en busca de la cena de miércoles aparece la tradicional venta de frituras informal (no ambulante, ellos me regañan). Arepa con huevo, carimañola, papa con carne, al preguntar por bebidas me ofrecieron, jugo de nispero, de guayaba con leche, maíz y chicharrón. ¿Chicharrón? pregunto sorprendido, ¿eso qué es?... chicharroz, chichaearroz, el tercer intento de decirme con su acento costeño me permite entender "chicha de arroz". Me quedo con el jugo de nispero que resulta ser Postobon, no me gusta el Crush Guayabaleche...

Último día, las últimas citas y la gente me sorprende con sus comentarios, me hablan como si me conocieran de años, me hablan como si yo fuera mujer, me hablan de sus dietas, otros me dicen que mis palabras les suenan a las de Mockus, que soy histriónico, actor y hasta loco.

La tarde llega y no llega el doctor, a escasos metros de la playa, cruzo la calle y me siento a observar, pescadores que descansan, abuela y nieta que recolectan bivalvos, camino de regreso hasta mi siguiente cita, allí, elevado viendo el mar una alocada ola procedente del norte me moja, su fuerza trae un mensaje a mi celu "ya tengo celular"... vuelve la miel.


Si es Cartagena, tengo dos horas libres y vuelvo al hotel, el de la miel, el de los recuerdos, hoy en México celebran su bicentenario, Bones en EEUU hará parte de la fiesta, llego al aeropuerto, sorpresa hay muchos mejicanos. Junto a mi, un par mejicanas bonitas ... es extraño, no que sean mejicanas bonitas, sino que en su bicentenario se encuentren aquí, tomando fotos de artículos tontos de revistas aún más tontas.

De los 28 grados de la Heróica llego a los 11 grados de mi ciudad, con camisa manga corta llego a la Maca, desempaco, lavo la ropa (he vuelto a esa costumbre), Bones sigue de fiesta, miro a la ventana, me robaron mi bonsai, aún más solo estoy hoy.


lunes, 13 de septiembre de 2010

La fuerza de la realidad

Suele ocurrir que cuando tengo bajones de ánimo, cuando siento el vacío de la soledad, suena el celular, llamadas inesperadas con noticias buenas.

Suele ocurrir que aquello por lo que menos me preocupo sigue saliendo bien, como si preocuparse afectara las cosas... va tocar despreocuparse.

Hoy, cuando hace apenas ocho días mi madre decepcionada descubrió luego de muchos años que ya no soy diseñador, hoy cuando una vez más mi estado de ánimo está al nivel del Mar Muerto, hoy cuando siento unas enormes ganas de escapar de la vida, hoy recibo dos llamadas que me regresan al mundo académico, al mundo del turismo, ese al que el azar me llevó, ese en el que soy feliz haciendo lo que me gusta, ese destino al que me lleva la vida pese a mis tristezas.

No es más que una cita académica de tesis y la revisión de un libro, simples, quizás vanos, pero para mi bajo estado de ánimo, son el impulso.

Seguimos pues en turismo, trabajando y estudiando.

domingo, 5 de septiembre de 2010

38:19

Cuando el desayuno es el mismo por años, cuando la única voz que escuchas en tu casa es la del Mac, cuando ya has vivido tanto tiempo solo y estás tan acostumbrado que ni siquiera lo notas, cuando sientes que ya vives bien contigo mismo, es justo que busques compañía.

Con el destino incierto, sin fechas de viaje, conscientes de la incertidumbre tomamos la decisión de estar juntos aún cuando la única certeza era la temporalidad.
Nos despertamos cada día preguntándonos el uno al otro por el grado de felicidad, nos despertamos con la respuesta hecha sonrisa, nos despertamos cada día con abrazos y besos, nos despertamos cada día felices.

Ahora el desayuno, como las almuerzos y las cenas eran el plan de cada día, ahora mi Mac no era la única voz, ahora la canela y el chocolate eran parte de mi cada día.
Ahora la cama había dejado de ser grande y mi cuerpo de ser una diagonal en ella, ahora dormía con el calor de la piel, con el abrazo nocturno, con su cabeza en mi pecho, ahora esta mi historia había comenzado a ser nuestra historia.

Ahora el poder de los esposos fantásticos que se activa con el choque de puños y los anillos nos convertía en seres sonrientes y felices; los esposos fantásticos para quienes Invincible de Muse se convirtió en banda sonora.

Ahora la vida era perfecta.

Pero la certeza llegó, el viaje tuvo fecha y el destino tuvo nombre, tan solo en horas se marcharía sin lugar siquiera a despedidas o a la adaptación.

Luego de 38 días y 19 horas de vivir la felicidad el reto de la vida llegó.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

El fabricante de totems

La particular habilidad que desde niño le permitió hacer del abuelo, los tíos, los padres y las novias personajes en plastilina de historias fantásticas, pudo ser la evidencia temprana de lo que siendo adulto tardaría en descubrir.
Crecer, apartaría la plastilina de su lado, seguiría creando personajes en su mente, personajes en sus sueños, personajes en dibujos, personajes que sabía que creaba, personajes que sabía que no existían.

La vida continuó, con el cambio de oficio, los personajes se fueron, ahora estaba rodeado de personas reales, ahora muchas de las historias fantásticas se empezaban a vivir, a hacer realidad.

Así, alguna vez vio que poco a poco una de esas personas reales se fue convirtiendo en el amor, ese que nunca le había importado, esa persona real que le dijo a todo si, que le dio gusto en todo y que lo llevo por la senda de lo que él llamaría "la ruta del amor tradicional", por esa senda duró años, hasta que como toda historia real, un día, así entre mes y mes, la historia se acabó.

Justo después una nueva persona real aparecería, su coquetería sumada a las divagaciones culturales y a las charlas, lo llevarían a lo que él denominó "la senda del amor loco, el amor del siglo XVIII", esta nueva persona real estaba repleta de gustos comunes, de planes y sueños concordantes con los él. Pero como toda historia real, se acabó, se acabó el día en que descubrió que tales gustos y sueños comunes no existían, que al sacudir la historia real, muy poco era real.

Luego vinieron personas irreales, un período de historias cortas con personajes pasajeros, hasta que un día, así de sorpresa una nueva persona real apareció, esta nueva persona más paulatina que tímidamente se adentró en él, no sabía de sus gustos pero le daba en todos, no era romántica como él pero lo enamoró con sus detalles románticos, a estas alturas él ya más duro y menos abierto procuraba ocultar su interior. Pero como en todas las historias reales, un día, un día todo cuanto había creído se empezó a desdibujar.

Entonces se dio cuenta que su habilidad de infancia no había desaparecido, se dio cuenta que seguía creando personajes fantásticos para sus historias reales; con Gotas, su primer personaje le fue imposible descubrir en qué momento la creó, solo sabe que una tarde cuando se detuvo a verla no reconoció nada, no era quien él pensaba.

De la princesa de Albroucht, su segundo personaje, si descubrió cuando la creó, descubrió cómo le fue poniendo adornos, descubrió que cada prenda de este personaje se había acomodado a sus gustos cromáticos y formales, con la princesa de Albroucht descubrió su capacidad creadora, descubrió que era capaz de crear personajes del Siglo XVIII y ponerlos a chatear.

Eav es protagonista de la última historia, quien sin saberlo y sin preguntarlo, fue sumando los detalles hasta convertirse en la más importante de todos los personajes, la única real, la única que no construyó; sin embargo él, luego de descubrir la habilidad creadora, luego de descubrir que durante años se había rodeado de personajes ficticios de quienes se enamoraba y les creaba mundos perfectos se empezó a cuestionar. ¿Será Eav otra de mis creaciones?. Eav como nadie se acercaba a lo que siempre soñó.

En el mundo real no somos perfectos, en el mundo real todos mentimos, engañamos, en ese mundo real parte de la historia no cuadraba, en ese mundo real la información recién llegada sacudía y desmoronaba gran parte de la historia.

Con la historia desmoronándose, con el saber que se había convertido en un fabricante de totems, se enfrentó por primera vez con la realidad de su fantasía; "sólo quiero saber si eres lo que eres, solo quiero tu verdad, tu versión, sólo quiero saber si te creé"... supo por su respuesta, la más humana de las respuestas, que esta vez no se había enamorado de uno de sus totems, supo que Eav podía mentir o no mentir, supo que el mentir podía ser el más humano de los actos, supo que Eav se acercaba como nadie a lo que siempre soñó, descubrió lo que se siente amar a un ser real, al no creado.

Entendió que enamorarse de una imagen es normal, que el problema surge cuando creas esa imagen del otro, una imagen perfecta de la cual te enamoras... mejor enamorarte de la imagen de si que crea el otro.

Entendió que en el mundo real todos nos vestimos para cubrir no sólo el cuerpo sino también el interior, entendió que rara vez verás la desnudez.


PD: Eav protagonista de la última historia, de la que el llamó "Eav - El Amor Verdadero".