domingo, 5 de septiembre de 2010

38:19

Cuando el desayuno es el mismo por años, cuando la única voz que escuchas en tu casa es la del Mac, cuando ya has vivido tanto tiempo solo y estás tan acostumbrado que ni siquiera lo notas, cuando sientes que ya vives bien contigo mismo, es justo que busques compañía.

Con el destino incierto, sin fechas de viaje, conscientes de la incertidumbre tomamos la decisión de estar juntos aún cuando la única certeza era la temporalidad.
Nos despertamos cada día preguntándonos el uno al otro por el grado de felicidad, nos despertamos con la respuesta hecha sonrisa, nos despertamos cada día con abrazos y besos, nos despertamos cada día felices.

Ahora el desayuno, como las almuerzos y las cenas eran el plan de cada día, ahora mi Mac no era la única voz, ahora la canela y el chocolate eran parte de mi cada día.
Ahora la cama había dejado de ser grande y mi cuerpo de ser una diagonal en ella, ahora dormía con el calor de la piel, con el abrazo nocturno, con su cabeza en mi pecho, ahora esta mi historia había comenzado a ser nuestra historia.

Ahora el poder de los esposos fantásticos que se activa con el choque de puños y los anillos nos convertía en seres sonrientes y felices; los esposos fantásticos para quienes Invincible de Muse se convirtió en banda sonora.

Ahora la vida era perfecta.

Pero la certeza llegó, el viaje tuvo fecha y el destino tuvo nombre, tan solo en horas se marcharía sin lugar siquiera a despedidas o a la adaptación.

Luego de 38 días y 19 horas de vivir la felicidad el reto de la vida llegó.

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