viernes, 17 de septiembre de 2010

Y tengo celos del viento

Se fue sin decir adiós, se dejó llevar por los susurros del viento, por los vientos del sur, los vientos húmedos del Brasil en una noche de seducción.

Si, se fue, en una noche de septiembre de amor y amistad, aprovechó mi ausencia y se fue; y tengo celos del viento porque acaricia tu piel dice la canción, qué habría de tener yo, si el viento se la llevó, ni modos de decir que donde lo vea lo acabo, el viento no se ve.
Se fue mi bonsai.
Recuerdo nuevamente al Perfecto Asesino, su planta que no echaba raíces, esa que lo acompañaba, quizás por eso compré un bonsai, porque iría conmigo a donde fuera.
Si lo sé no es la primera vez que alguien me deja, pero es la primera en que lo hace una planta
Lo sé, esta historia raya en el ridículo, suena tonta, pero es que esperaba que en el peor de los casos muriera, ¿acaso no es absurdo que una planta me deje?.
Ridículo o no, desde el jueves al paisaje en mi ventana le falta algo, desde el jueves heme aún más solo.

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