
Recorrer las calles del centro de Cartagena adquiere un valor diferente en este viaje, mi afán por no perderme en la ciudad, por reconocer cada casa, cada calle, cada balcón, es sustituido por redescubrir los rostros, vendedoras de frutas que duermen junto a sus carretas, jóvenes mujeres que caminan con su tumbao, supongo estudian; llaman mucho la atención las mujeres cartageneras, una bella mezcla que no llamaría mestiza, cuerpos delgados, piel morena, facciones finas... contrastan con los rostros de los foráneos, esos cuerpos blancos, ojos azules casi grises, pelo rubio. La mezcla de acentos y de idiomas, si Cartagena sigue siendo una para los turistas y otra para los locales.

Huyo a la mirada de una artesana, su cuerpo delgado, su piel canela, sus hombros marcados, sus ojos negros, su pelo rizado sumado a esa cara coqueta e insinuante, esa que te hace sentir como en película italiana cuando encuentras a la más bella mujer y ella se fija en ti...si huyo, ya no creo en esas miradas.
Esta vez no venimos en combo, cada quien por su lado, de forma que mis días se pasan entre citas y citas en diferentes oficinas; en Colombia es mes del amor y la amistad en todas las oficinas juegan al amigo secreto, hay bombas y adornos, hay regalos, recuerdo que hace tanto no celebro el día del amor y la amistad, hace tanto no tengo oficina, el pensamiento es interrumpido por Sucy, "pero tan chévere hoy estás en Cartagena la otra semana en Amazonas, vives Colombia", si, existe la ventaja de que no me gasto dinero en regalos pues no tengo compañeros de oficina, le respondo.
El día de taller la peinilla ha desaparecido, menos mal el equipo es de mujeres, imposible ninguna tenga; mientras llega la gente, se aprovecha para la desenredada del pelo, comienza la función, las charlas, las charlas y las más charlas, después te tantas, se nota el cansancio así que inició burlándome del computador de quien me antecede, es divertido, no sé si ellos se gocen tanto esto como yo, pero cada sonrisa del grupo, cada participación me anima, al finalizar se acercan algunos y su cara lo dice todo, sus bellas palabras me alejan del nivel del Mar Muerto... nunca habrá algo igual a sus palabras.
De vuelta a las citas, a las cenas, almuerzos y desayunos solitario en esta romántica ciudad en la que la miel llegó a mi vida, en busca de la cena de miércoles aparece la tradicional venta de frituras informal (no ambulante, ellos me regañan). Arepa con huevo, carimañola, papa con carne, al preguntar por bebidas me ofrecieron, jugo de nispero, de guayaba con leche, maíz y chicharrón. ¿Chicharrón? pregunto sorprendido, ¿eso qué es?... chicharroz, chichaearroz, el tercer intento de decirme con su acento costeño me permite entender "chicha de arroz". Me quedo con el jugo de nispero que resulta ser Postobon, no me gusta el Crush Guayabaleche...

Último día, las últimas citas y la gente me sorprende con sus comentarios, me hablan como si me conocieran de años, me hablan como si yo fuera mujer, me hablan de sus dietas, otros me dicen que mis palabras les suenan a las de Mockus, que soy histriónico, actor y hasta loco.
La tarde llega y no llega el doctor, a escasos metros de la playa, cruzo la calle y me siento a observar, pescadores que descansan, abuela y nieta que recolectan bivalvos, camino de regreso hasta mi siguiente cita, allí, elevado viendo el mar una alocada ola procedente del norte me moja, su fuerza trae un mensaje a mi celu "ya tengo celular"... vuelve la miel.

Si es Cartagena, tengo dos horas libres y vuelvo al hotel, el de la miel, el de los recuerdos, hoy en México celebran su bicentenario, Bones en EEUU hará parte de la fiesta, llego al aeropuerto, sorpresa hay muchos mejicanos. Junto a mi, un par mejicanas bonitas ... es extraño, no que sean mejicanas bonitas, sino que en su bicentenario se encuentren aquí, tomando fotos de artículos tontos de revistas aún más tontas.
De los 28 grados de la Heróica llego a los 11 grados de mi ciudad, con camisa manga corta llego a la Maca, desempaco, lavo la ropa (he vuelto a esa costumbre), Bones sigue de fiesta, miro a la ventana, me robaron mi bonsai, aún más solo estoy hoy.
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