sábado, 20 de diciembre de 2014

De vuelta Providencia

En una posada nativa en el centro de San Andrés el vaivén de las palmas por el fuerte viento, da la sensación de estar durmiendo en la playa y que las olas te fueran a cubrir. 
Amanece lloviendo, a las 6:00 am en el aeropuerto para que me digan que la reserva está mal y debo volver a las 9:30. Busco desayuno y por supuesto no hay nada abierto, una arepa con huevo y un café salvarían la mañana. 

De ateos y dioses en vuelos movidos

La lluvia se hace más fuerte y debemos subir a la avioneta, el auxiliar de vuelo nos dice que los chalecos salvavidas están en una bodeguera de la parte trasera de la avioneta, que en caso de emergencia él hará no sé qué maroma para llegar hasta ellos, porque de su silla solo se puede salir cuando el avión aterrice. 
Carreteo, la lluvia no deja ver siquiera el fin de la pista, despegamos y San Andrés es una mancha gris, no se ve el arrecife, ni la ciudad, dos minutos después volamos en un espacio blanco como si fuéramos en un 4x4 por las montañas de Samaná (Caldas). 

El avión tiene gotera, que sumado a la turbulencia y al fuerte aguacero, lleva a tres francesas sentadas cerca, a que me hablen para preguntarme si les puedo ayudar; no mojarse es la excusa frente al miedo de que el avión se rompa por ese hueco. 

...Me acuerdo entonces de la de la frase que dice que "son ateos hasta que el avión se empieza a caer", no soy ateo, soy pagano, me pregunto en esos momentos ¿si Jesucristo realmente existe, un pagano llegaría al cielo?...recuerdo que para el dios cristiano yo no tendría cabida en el cielo, es monoteísta y exige fidelidad, llega primero un asesino. Vuelvo a mi diosa la naturaleza, al fin y al cabo, ya estoy en el cielo en ese momento.

20 minutos después nos dicen que vamos aterrizar, de aquellas imágenes de un mar de siete colores mi último vuelo a este lugar, paso a un viaje en el que solo hasta el último minuto veo la pista entre el manglar y la pequeña montaña. 

La memoria juega con nuestro pasado

Recuerdo claramente la primera vez que vine hace poco más de 10 años, recuerdo el aeropuerto mas pequeño, recuerdo a Arlis esperándome. En la fila todos estaban felices, salvo Arlis  quien antes de subirnos en el taxi no se aguantó el mal genio y me preguntó si era pasante, con mi respuesta y la explicación de lo que hacía, la conversación se tornó amable y hoy somos buenos amigos. La memoria juega, no recuerdo otros viajes a Providencia, salvo que hace 6 años conocí una iniciativa de turismo comunitario. 

Tomo el taxi que me lleva a la reunión a la que llego dos horas tarde por el error en la reserva, al llegar son mas facilitadores que pescadores, a pesar de que llego tarde, los pescadores llegan mas tarde y casi a medio día podemos comenzar, había olvidado también que no entiendo casi nada de creole y que algunos raizales prefieren el inglés al español. 


Almuerzo rápido en la mesa de reunión y salimos, los demás a practicar pesca deportiva, y yo a entrevistar personas, no desaprovechó la oportunidad para visitar el malecón, para tratar de tomarle fotos a las aves pescadoras, a las que se la pasan en el manglar, la verdad creo que le hice fotoestudio a una garza gris que me persigue en todos los manglares que recorrí. 


Con la noche llega el encuentro con los demás consultores, se presentan los dos que no conozco, economista y productor audiovisual, se unen a un biólogo que se transforma en antropólogo fotógrafo, vamos al restaurante de Martin, uno de los mejores de la isla. El paso de los estudiantes de quinto semestre aun sigue en el tablero. 


Al día siguiente mi trabajo consiste en hacer dos entrevistas, antes paso a Santa Catalina, la primera vez que vine me quedé en esta pequeña isla con menos de 20 casas en la única calle que tiene. Recuerdo que hay un sendero a la Cabeza de Morgan, desde donde en aquel primer viaje todos se lanzaron hacia el mar mientras Arlis me miraba mal para descubrir luego mi fobia al agua. Esta vez no alcanzo a llegar hasta allá, pero en el cerro del cañón un camarógrafo me muestra a un tranquilo lagarto descansando, llego a la playa que cuando la marea esta baja se convierte en nudista, aunque en las veces que he venido nunca hay turistas. 


Con las entrevistas hechas me regreso a almorzar con Arlis, adelantamos cuaderno, pues en estos diez años, muchas cosas han pasado, ella se divorció, se casó nuevamente y  nuevamente es madre. Su hija mayor termina el bachillerato, Arlis se ganó un concurso culinario se fue a Asia, pero también se enfermó, por eso la Arlis que recordaba es ahora una mujer mucho más esbelta. La tarde es para ajustar y preparar el taller conferencia, han pedido tantos temas que tomógrafo la decisión de no hacerles caso y mejor hacer algo muy práctico. La cena es ahora en Café Studio. 

Los dos días siguientes serían para caminar en las mañanas y en las tardes hacer taller-conferencia. En las caminatas veo la riqueza cultural de la isla, visitar Providencia es como estar en un país diferente, con su propia lengua, donde niños y abuelos andan sin camiseta y con rastas, donde las mujeres exhiben orgullosas sus trenzas. También veo las maravillas de este paisaje que combina un mar repleto de colores, con corales, manglares, montañas verdes, lagartijas de diversas especies y una arquitectura propia. 

En los almuerzos y cenas escucho a los consultores, veo en sus palabras las preocupaciones propias de su juventud, menores de treinta han estudiado y vivido fuera, intento hacer un paralelo con mi vida hace 14 años, pero su acercamiento a los temas sociales y ambientales dista mucho del mío. Llegaron como oportunidad de negocio, porque piensan que aquí hay oportunidades para crecer económicamente, las comunidades los necesitan. 
Entonces me hablan de sus clases en Europa donde los enseñaron a ser más competitivos, a matarse en el trabajo, me preguntan con cuánto me quiero pensionar y cuánto debería estar ganando... bostezos mentales. Luego se quejan de los precios de la comida y el transporte en la isla; les digo que disfruten la vida, que disfruten la comida, el paisaje y la cultura que nos brinda el trabajo, que yo hago de mis viajes laborales una experiencia agradable, por eso siempre busco los mejores restaurantes de comida tradicional y trato de conocer... lo máximo que logré fue llevarlos a comer caracol y langosta donde Miss Emma y en El Divino Niño, y convencerlos de que 22 $US son muy poco por una langosta completa.

Últimas horas, no he visto la lagartija azul ni la "bluegreen lizard", programo una caminata con un par de guías raizales, pero la mañana lluviosa hace cambiar de planes. Salgo a caminar hacia el otro lado, es dar la vuelta en sentido contrario pues Providencia tiene una carretera en forma de anillo.  La arquitectura es lo primero que fotografío, me encantaría vivir en una de estas casas en madera, en medio de jardines con bellos árboles alrededor, el manglar a lo lejos, el mar y el arrecife se ven desde aquí. Me meto en un pequeño camionaje lleva a un mirador donde encuentro las bellas lagartijas, la vida y el trabajo siempre me sonríen, o al menos eso pienso.

La vida es lenta, los días comienzan a las 8:00, de 12:00 a 3:00 se descansa, se trabaja hasta las 6:00, los raizales conservan su lengua, sus rastas y sus cortes de pelo, sonríen, tienen la calidez del trópico, Providencia tiene también problemas con el turismo, pero a diferencia de Puerto Nariño, se organizaron hace años y los locales son dueños de los negocios, de las posadas y restaurantes, desde luego con diferencias entre ellos, Providencia conserva su sabor, su esencia quizás porque hace años blindaron su territorio, y aunque a veces llega el mochilero jipipandroso a vender artesanías o a cantar para pedir monedas, rápidamente la fuerza de la comunidad los ha sacado. 








sábado, 6 de diciembre de 2014

Amazonas colombiano, el acelerado impacto negativo del turismo.

El mes pasado inicié un artículo sobre las injustas culpas de las que se acusa al turismo, luego de este viaje a Amazonas, desistí.

La composición de los viajeros ha cambiado en los últimos años, antes más de la mitad del vuelo eran extranjeros en su mayoría jipipandrosos, también algunos consultores, funcionarios, pocos colombianos y algunos locales. 

Hoy, mas de la mitad son paisas que con su acento gritan pidiendo buñuelos y también sus chistes de mal gusto para que todos en la fila se rían, se quejan de los precios de un tinto y un plato de fríjoles. 

Vienen también rolos ya sin chanclas con medias, pero si tomándose la foto en la silla del aeropuerto de Bogotá como si ya estuvieran en medio de la selva. Paisas y rolos aprovechan la promoción todo incluido On Vacation que permite visitar el Amazonas por la mitad del precio que hace ocho años; ni se hagan ilusiones, On Vacation incluye todo lo que se odia del turismo de masas: mala calidad, malas experiencias, explotan a sus trabajadores, tienen animales silvestres en cautiverio, no respetan ni incluyen a los locales, ni su cultura. 

También vienen algunos extranjeros que saben mas del Amazonas que los rolos y paisas, y sí, siguen viniendo mochileros jipipandrosos. Todos siguen viniendo con el imaginario del indígena con taparrabos, de la maloca en Leticia y hasta de la anaconda gigantesca que los devorará, no deja de sorprenderme que incluso biólogos tengan ese imaginario. 

Desde el avión se ve la lluvia sobre la selva, literalmente se ve la nube cayendo; ya en Leticia y Puerto Nariño la lluvia acompañaría todos los días de viaje. Mientras espero la lancha rápida que me lleva a Puerto, escucho la conversación del indígena que aborda a la extranjera mochilera, le cuenta su historia le dice que no trabaja en turismo pero que la puede llevar a un recorrido por $200.000 tres días y noches que incluyen alojamiento, comidas y los senderos que quiera, el indígena, pide perdón insistentemente por ser indio. La extranjera de unos 20 años, le responde con mal español, que no tiene plata, que ella viaja a su modo, que además no entiende eso de "los abuelos saben"... ¿qué conocimiento tienen los abuelos?

Quise hacer las veces de traductor pero ya sé cómo terminan estas historias, la extranjera en unos años dirá que conoce el mundo, conoce la gente y sus culturas, sabe de la pobreza de los indígenas ...el indígena seguirá con su vida y esta extranjera será otra gringa más que se encontró un día hacia su casa. 

La lluvia es tan fuerte que debemos bajar la carpa de la lancha, los 35 grados, la humedad por encima del 90, se suman al calor de 40 humanos sudorosos dentro de un invernadero. 

Más tarde me encontraría al indígena entrando a su casa y a la extranjera caminando por las calles de Puerto con su guitarra cantando en un restaurante para recibir dinero; los mochileros jipipandrosos de hoy compiten con los locales por las migajas del turismo. 

Puerto ha cambiado de forma ostensible y acelerada en los últimos años a causa del turismo, las colonias de paisas se hacen cada vez más grandes, manejan el comercio y se reúnen en el café de otro paisa horas y horas con las bromas y canciones de hace 30 años. Ahora en la cuadra principal, tres casas de tres pisos hechas en concreto y estilo paisa, rompen con la arquitectura local de madera y una sola planta. 

Los indígenas por su parte, se mantienen al ritmo de las tendencias, sus casas en madera se pintan de colores vivos, los techos de palma son ahora de hojalata, los jóvenes se cortan el pelo como Beckan y se reúnen todos para ver Direct TV, para ver, entre otras cosas la actualidad de otros lados del planeta. Los jóvenes pasan por los caminos con su celular a todo volumen, una mezcla de reguetton, cumbias peruanas y alguito de brasilera. 

La lluvia no para, así que las mujeres pasan con sombrillas coloridas y otros simplemente dejan que la ropa se moje porque el calor en unos minutos volverá a secarla. 

Vine de trabajo así que los azares de la naturaleza me ponen de frente con Luz Jenny que no me había respondido las llamadas para cuadrar la entrevista, en mi primer día ya hice las entrevistas por las que vine. 

La investigación confirmará lo que sabía desde hace ocho años cuando empece a trabajar en el Amazonas, pero eso no lo puedo publicar aquí, porque me demandan. 
Salgo de la entrevista casi a las 9:00pm, la llovizna se convierte en aguacero que amainaría apenas a las 2:00pm del siguiente día. 

Me levanto con más pereza que ganas pues la lluvia es la cobija y el arrullo, salgo en busca de la entrevista con el curaca, el primer intento fallido me lleva a tomar fotos del lago el Correo, de los insectos que se dejan, la lluvia se arrecia y entonces mientras estoy desarmando el trípode y empacando la cámara, el sonido de la respiración de un animal me asusta, es un delfín rosado a menos de 10 metros, no me pidan foto, imposible, solo les diré que son mas grandes de lo que me imaginaba, no porque sea la primera vez que los veo, sino porque estaba muy cerca. 

Hago otra entrevista, busco nuevamente al curaca y termino almorzando en el restaurante en Las Margaritas que no solo, no participa en los procesos de sostenibilidad del municipio, sino que además de concentrar la venta de almuerzos a los turistas sin dejarle nada a los locales, ahora permite que los extranjeros mochileros jipipandrosos canten dentro de su restaurante a cambio de monedas, en francés, alemán e inglés (muy de la cultura local). 

Con la indignación de ver como todos los impactos perversos del turismo son cada vez más graves en Puerto Nariño, llego al hotel a tomar la siesta, no me percato que está haciendo sol y desperdicio las dos horas para haber puesto a secar mi ropa y maleta que están empapadas. 

Hago mi tercer intento de entrevista al curaca, tampoco lo logré, me fui entonces detrás de un águila, caminé y caminé hasta donde el camino desapareció, olvido que es el Amazonas y que en las tardes los mosquitos no respetan, de repente tengo hasta seis mosquitos en cada mano, son tantos que con solo una palmada mato cuatro y dejan mi sangre en los dedos, son tantas picadas que los dedos se hinchan, pero me encontré la familia del águila. 

De regreso, grillos, arañas, mariposas y el barro, hacen lento el caminar, pero la tarde está llegando a su fin, dos ranas divinas atraviesan el camino y por andar tras de ellas por una foto, me pican los mosquitos en la cara, hacia rato no tenía esa sensación de adormecimiento, el precio de una foto que nunca salió bien. 

Son pasadas las cinco, estoy a más de 20 minutos del pueblo y recuerdo que no he comprado los tíquetes de la lancha de regreso, tocará madrugar. 

Mientras regreso al hotel, caigo en la cuenta de que cada vez tomo menos fotos a la gente, veo tantos retratos que serán perfectos, pero pienso en si les haré un mal fotografiándolos, esos modos de vida que me atraen, están en peligro porque el turismo sigue llegando y transformando, porque quizás otro visitante alguna vez compartió fotos de esta cultura y muchos quisieron venir a conocerla, y detrás de ellos llegaron otros para tratar de ganar dinero con el turismo, y así estamos hoy.

sábado, 22 de noviembre de 2014

Scarface y la clase de investigación

Puede que todos los oficios tengan sus malagradecimientos y desagradecimientos, pero la docencia tiene en enseñar a pensar, uno de las actividades peor recompensadas. 


En el reencuentro con los compañeros de pregrado, quienes somos docentes universitarios, hablamos de aquellos profesores que en el pregrado nos marcaron positivamente, resultan ser los que mas nos exigían. Fulvio a quien tuve como maestro en primer semestre, rompía nuestros trabajos, rayaba con marcador rojo los planos que habíamos hecho a mano durante tres noches, era riguroso con las lecturas, que más bien poco eran de diseño y si de literatura universal y ciencias sociales. Era riguroso con la disciplina, teníamos entregas tres días a la semana y si te atrasabas en una, debías no solo hacer la de dos dos entregas, eran cuatro por tu incumplimiento. Un 3,5 (escala de 0-5) era un éxito con él. 

Hoy en el mismo reencuentro, hablamos también de los estudiantes que tenemos, de que no les podemos exigir mucho, de las quejas de los mas vagos cuando se les pone un 3,5 pues según ellos cumplieron porque entregaron el trabajo. 

Hablo luego con mis estudiantes, me cuentan la fama que he ganado, el profesor jodón, exigente, mamón; pero también la del profesor que los ha marcado positivamente y quien les ha enseñado mucho. 

Y llego al tema de las clases de investigación, ser profesor de investigación supone enseñar a pensar, a ser crítico y analítico. A diferencia de otras materias, en investigación no se trata de aprender unos conceptos y responder de memoria, no, en investigación no solo tienen que aprender los conceptos, tienen que entenderlos, criticarlos y construir, ahí hay un vínculo con el diseño. 

Ser profesor de investigación, requiere, o al menos así lo hago, leer semana tras semana los documentos de cada estudiante, corregirles, sentarse con ellos a discutir y leer en voz alta, para ajustar no solo la redacción, sino también, verificar si entienden las teorías y conceptos que escriben. 

Esta última actividad la tomo de manera divertida, leo con acento español, paisa, costeño, rolo, ñero, dependiendo de la forma de escritura, leo con las pausas mal puestas, leo y les pregunto de quién hablan y los hago caer en cuenta de sus errores, mientras se atacan de la risa. 

En una de esas Johnny me pregunta si no me aburro de leer, leer y leer; Paula me pregunta si no es infructuoso esto, si no siento que ellos no avanzan, algunas otras lloran, otros me odian. Incluso en maestría, donde los alumnos son mayores que yo, dicen enfurecidos que quién soy y quién me creo para evaluar sus trabajos así.. y me dejan de hablar. 

Por azares del destino me entero que los de noveno me dicen Scarface, (para quienes me leen por primera vez, tengo una cicatriz en la cara por una cirugía de cáncer de piel), recuerdo entonces que las compañeras docentes de la facultad dicen que soy cruel con mis comentarios cuando corrijo investigación, pienso, quién es más cruel. 

Vuelvo a mi conversación del reencuentro, ojalá en unos años sea el profesor bien recordado y valorado de mis estudiantes, ojalá sea el Fulvio... aunque recuerdo luego, que Fulvio siempre fue Fulvio, a diferencia de Juepucha, Mac Giver o 3M, los otros profesores. 

viernes, 14 de noviembre de 2014

Conferencia y taller en Salento, sin tiempo para ver sus calles

En avión más grande los huecos se sienten menos que en aquellos recuerdos de avionetas cruzando los Andes para llegar a esta ciudad a la que hace años no venía, Armenia. 
Entrada la noche, nos recibe en el aeropuerto un grupo de gente que grita "ueeeeehhh" cuando salimos de la entrega de maletas, mi cara de emoticón sorpresa produce sus risas. Una papayera aguarda hasta que llegan las que juro son tías que viven en Florida y vienen cada año cargadas de regalos de prenavidad.






Es invitación así que lo único que hay por hacer es esperar media hora a que me recojan, Liliana y su pareja aguardaban dentro de un auto, sin avisos, sin preguntar, tube que acercarme para saber si eran ellos mis transportadores. 

Es de noche así que debo imaginar las montañas, los yarumos y guadales a lado y lado de esta curva carretera. En la mañana de hoy tuve clase desde las 7:00am y salí a las 3:00pm directo al aeropuerto, agenda que los anfitriones no conocen así que cuando llego a las 8:00pm al parque de Salento, Javier me espera, me lleva al hotel a que deje la maleta pues debo ir a una tertulia de trabajo en un bar temático de los años 60. 

Tras dos horas de reunión, los prometidos aguardientes de los que solo se vieron las copas vacias, cuatro intentos de escapada para ir a preparar la conferencia, y una picada que entretiene el hambre, por fin casi a media noche del tercer día en que no duermo bien, me voy a descansar.

La lluvia comenzó a las 10:00pm, son las 8:00am del siguiente día, ya desayunamos, hablamos, sigue lloviendo y debemos iniciar la jornada por la que nos invitaron, aun no he visto las bellas casas y calles de Salento. Media mañana de discursos, la otra media somos conferencistas, Edna y Sandra arrancan aplausos con sus propuestas y yo, carcajadas. 

La única calle que conozco es la que atravesamos de lugar del evento al hotel-restaurante que queda justo al frente, la tarde es de taller y las lluvias no paran.

Edna me comisiona una vez más para que dirija los talleres, lluvia de problemas y planeación estratégica de soluciones, así se llegan las 5:00pm hora en la que los grupos presentan sus resultados. Las carteleras divinas producen en Edna una alegría que me sigue sorprendiendo, luego la explicación de las estrategias por parte de los locales aumenta la sonrisa de Edna, sonrisa que por momentos se convierte en carcajada cuando le dijo que hemos encontrado mi reemplazo para la clase de diseño de producto turístico.

Poco a poco el salón se oscurece, pues en el colegio en el que estamos no hay bombillos, así de pobre es o nunca se imaginaron que en la noche se hiciera algo. 

Sobre las 7:00pm terminamos. Javier esta vez nos espera en el hotel para llevarnos al aeropuerto, hora y media de viaje, la espera en el aeropuerto de Armenia, el vuelo, la espera en el aeropuerto de Bogotá y hacia media noche llego a mi casa sin haber podido pasear por las calles de Salento ni por el Valle del Cocora, en una viaje que paradójicamente era para trabajar por el turismo.

PD: durante los recorridos por carretera y los vuelos, vuelvo a los talleres, me sigue sorprendiendo la cara de Edna, pero me alegra que valore nuevas formas de construcción social del territorio.

miércoles, 8 de octubre de 2014

El valor de la docencia

¿Qué opinan de la economía ambiental que vimos en la clase anterior?
¿Ponerle precio nos ayuda a valorar lo que no apreciamos?
¿Qué tiene precio y qué no?
¿Cuántos, cuántas guardan la carta escrita que la pareja les mandó?
¿Por qué las guardan?
¿Cuánto vale esa carta?
¿Cuál método de valoración económica utilizarían?
Entonces, ¿qué más no tiene precio?
¿La felicidad, acaso no dicen que el turismo es la industria de la felicidad? Ustedes van a cobrar por la felicidad. 

Las anteriores son las preguntas de introducción a la clase, las respuestas dan para que debatamos más de una hora, el objetivo, cuestionar el paradigma que ha llevado a economizar la sociedad. 
Pasamos luego a hablar de obsolescencia programada, de la moda, de las necesidades y Max Neef, les muestro la página de entrada de Zara Colombia, ¿por qué creen que traigo esta imagen a la clase?
El debate ya toma 15 minutos y de repente una estudiante interrumpe. 

- Profe ¿cuántas carreras en la universidad ven esta clase?
- En la facultad de turismo estoy seguro que los del nuevo pensum ven la clase, en el resto no sé ¿por qué?
- Porque yo creo que todos la deberían ver, todas las carreras, en todas las universidades. 

Pienso, justo estas situaciones son las que no tienen precio, pero son absolutamente valiosas. 


miércoles, 17 de septiembre de 2014

Yo también merecí un cero

¿Ya leyeron a Candelo y a Dreiffus? No. 
¿Prepararon el ejercicio del ascensor? No

Decido continuar la clase, el tema inicia con cadenas productivas, para pasar a cadenas de valor y luego a redes de colaboración.
En todas las clases busco un diálogo con los estudiantes, por lo que la participación es vital ¿Qué es una cadena productiva? El silencio es la respuesta de estudiantes de administración de empresas de octavo semestre, de forma que la clase se convierte en un monólogo en el que me respondo en público. 

A propósito ¿ya diseñaron sus fichas de recolección de información? No. Recuerden que en dos semanas no solo deberán entregar las fichas, también deberán entregar los resultados de la recolección de información, además analizada ¿Han avanzado en algo? No

¿Leyeron a Swarbrooke? No. Entonces saquen una hoja y sobre Swarbrooke será el único que no les preguntaré. 

Solo hasta ese momento se escuchan sus voces para protestar por hacerles quiz. Hacen un acuerdo para entregarme en blanco, asumen que así no lo calificaré. "El man mínimo nos debe poner uno, porque vinimos"

Recuerdo inmediatamente, 20 años atrás era un viernes, clase de ergonomía con la profesora 3m, estábamos en tercer semestre y nos pusimos de acuerdo para no entregar un trabajo, "usted dijo que era para después" la profesora no ocultó su enojo y los compañeros más grandes se levantaron a pelear.

José Luis, mi amigo, como de costumbre llegó tarde a la clase de 5:00pm, la profesora al contrario de regañarlo, le preguntó con una sonrisa de amabilidad ¿trajiste la tarea para hoy? José Luis con la tranquilidad y despiste que lo caracteriza respondió, sí, y entregó el trabajo. 

La profesora no nos dijo nada, nosotros menos, nos sentamos con la cabeza baja y asumimos que todos, incluso quienes habíamos hecho el trabajo pero no lo entregamos cumpliendo el acuerdo, sacamos un merecido cero, todos menos José Luis. 

sábado, 13 de septiembre de 2014

Medellín y parque Arví, espectacular

Del aeropuerto a la ciudad, le pregunto a mi vecina de silla del bus si el paradero es San Diego, me responde que sí, además de decirme "usted no es de aquí, camine lo llevo a que coja taxi seguro". Sin dudarlo la sigo, hasta compartimos taxi, algo que en Bogotá es impensable.  Recordé entonces una de mis primeras visitas a Medellín, en el metro  conversaba con una compañera de trabajo sobre el lugar al que íbamos, la señora sentada junto a nosotros, sin conocernos, se metió en la conversación y nos indicó qué ruta tomar y en qué estación bajarnos, amabilidad paisa. 

Las casualidades que nunca faltan, hacen que tan solo a unas cuadras se alojen los estudiantes de noveno que vienen de salida de campo. La buena nueva es que eso implica que reciba una visita importante con un valioso mensaje. Me habla de la geografía colombiana, de los Andes, no tanto de estas tierras paisas, sino de las zonas que aunque más frías tienen tal calidez que colma el cuerpo y el alma. Disfruto el mensaje, recorro letra a letra, palabra a palabra como queriendo que la carta se extendiera más. Gracias por ese mensaje.

Camino por las calles de Laureles, no sé si sea el día, la hora, pero en medio de las lloviznas, las calles lucen limpias, los semáforos tienen el botón para peatones y sirve, en el metro la gente hace fila para entrar, deja salir primero. En el metro se anuncia cada parada en inglés y español, además se dice qué lugares visitar cerca a cada estación, y hasta nos piden que sonriamos, que es parte de la vida y de la cultura. En ese momento, retorna el desapego a Bogotá. 

En el metrocable rumbo a Parque Arvi, me pregunta el amable vendedor de boletos, "¿cómo está, sí o que, que bien?", su sonrisa se contagia y le digo que estoy enamorado de su ciudad, que qué belleza, que Bogota es... Me interrumpe, "pero cuál es el problema, véngase a vivir aquí que hay empleó, eso consigue fácil". 



Mientras el metro cable asciende, el color ladrilló de los edificios cambia por el color ladrillo de los bloques de las casas de las comunas, poco a poco el verde la ruralidad va aumentando hasta que dejamos atrás la ciudad para volar sobre un área protegida. Se llega a una estación del metro cable espectacular, es la entrada a Parque Arvi, techos verdes, artesanos y productores locales vendiendo en la plazoleta, señalización, no hay basuras en el suelo, hay canecas de clasificación de residuos que se usan, soy feliz. 
Un café y la fortuna nuevamente me sonríe pues la chiva me lleva gratis al hotel en medio de montañas cubiertas de bosque y para completar una habitación con vista a la represa, espectacular. 


La tarde es joven, luego de aguevarme y no subir al canopy, camino por un bello sendero, tomo fotos, varias que me servirán para conferencias, quiero estrenar el macro y no hay insectos, mi pasión por estos es recompensada porque nuevamente los azares del destino me llevan al único museo de insectos de Colombia, una buena conversación con el biólogo aunque las fotos me quedaron feas. 
Regreso en medio de las lloviznas y en las fotos hago de mi un fantasma cruzando senderos...El aguacero nublaría la tarde y amanecería con el arrullo de las lluvia. 

La mañana siguiente, no muy temprano me levanto, salgo en busca de los insectos que no había visto, las gotas de rocío son las protagonistas. Ahora sí a lo que vine, recorro el mismo sendero pero rápido pues debo tomar la misma chiva que me lleva al lugar de reunión. 







En el Tambo, espero a que Oscar llegue, mientras tanto observo las dinámicas del lugar, converso con un guía, para cuando llega, ya sé varias de las actividades sociales y ambientales que llevan a cabo. 
Empieza un recorrido por un sendero que aún se encuentra cerrado al público, orquídeas, bromelias y anturios, entre ellos el famoso negro que están probando sembrar para re introducir y repoblar los bosques. Tampoco hay insectos, pero la interpretación de un par de guías, el orquídeario en construcción y las ideas innovadoras me hacen decirles muchas veces, espectacular. 
Oscar, líder de sostenibilidad, me conoce de hace tiempo, me pregunta cada rato cómo me parece, le digo espectacular, me dice, no sabés lo que me alegra escucharte porque vos conocés la mayoría de iniciativas del país. 

De regreso a la plazoleta me cuentan de los programas de turismo rural, de la integración de familias vecinas del parque, de cómo promueven las actividades productivas de los vecinos, de los programas de manejo de residuos, que le mejoraron la cocina a las familias, que llevan registro de cuánto han subido las ventas en la plazoleta y cómo cada vez benefician a más familias. Incluso cifras de reducción del uso de leña. Ya no hay espectacular que valga. 

Otro almuerzo que pido pequeño y resulta tan grande y con frijoles, como ayer harán que ya no cene, mienta extranjeros llegan y llegan, la reina de  belleza de Antioquia salta, hay una hora para descansar según Oscar, le digo que me iré a buscar bichos bonitos, él se ríe. Apenas a 59 metros de reojo veo una hoja con borde gris, es una lagartija mudando de piel, luego otra sobre un helecho, aparecen al fin insectos de colores, mariposas, espectaculares. 

La tarde sería para la entrevista con quienes han construido, planificado y diseñado esta propuesta de turismo sostenible, ahora conozco además sus planes biológicos, de manejo de bosques, las cifras de cada área, pero lo más importante, el espíritu con que se creó el Parque hace más de 50 años, darle la oportunidad de visitar una finca a quienes no la tienen, hoy el espíritu se mantiene incluso hay zonas de pic nic con amueblamiento, hoy no es una finca, es un área protegida con múltiples actividades recreativas, donde todos tiene acceso a internet gratis, un lugar donde la directora habla con todos los empleados como quien habla con los amigos, lo que me lleva a decir al final de ela entrevista, espectacular.

Los azares sonríen, me llevarían hasta el aeropuerto, en el camino las trabajadoras del parque me cuentan que viven en Rionegro y Guarne, les preguntó qué tal es vivir allá, espectacular.

Pd. Quizá lo único que me hace dudar de este lugar para vivir, es la cantidad de uribistas que aún se sigue encontrando. 

jueves, 11 de septiembre de 2014

Sobre entender al otro y la otredad

¿Qué se siente tener los ojos verde-azul? 
- No sé, porque desde que nací siempre han sido así. 

Pregunta que me han hecho varias veces, la respuesta algo cruda es sincera pues no puedo imaginarme o suponer cómo sería tener los ojos de otro color, y que me lleva a pensar sobre lo siguiente:

"Ser capaz de ponerse en los zapatos de otro", se basa en la premisa de entender la realidad del otro a partir de la propia. Bajo esa premisa lo máximo que pasará es que los zapatos me queden grandes o chicos, pues incluso los tacones altos se aprenden a manejar, pero ¿qué pasa con quienes no tienen piernas, quienes no pueden caminar o quienes no usan zapatos?  ¿Me puedo poner en su lugar?
Ubicarse en el lugar del otro es tratar de entender al otro a partir de lo que soy, pero si no soy homosexual, cómo me voy a poner en su lugar. 

Esto se relaciona con otra premisa que dice que todos somos iguales, cuando la verdad es que todos somos diferentes, desde el físico a nuestros modos de pensamiento y creencias. 
Sumemos esta, a la primera premisa, soy capaz de ponerme en los zapatos de un musulmán porque somos humanos y todos somos iguales; suena absurdo, no puedo pensar como un musulmán porque no nací, ni crecí en esa cultura, menos aún si se tiene en cuenta que soy pagano. 

Así, llegamos a una frase del cristianismo, "Dios nos hizo a imagen y semejanza suya". Entonces ¿Dios es negro, blanco, amarillo...hombre, mujer?¿ Recuerdan cuando los cristianos pintaban a dios blanco y de ojos azules?
Algunos dirán es metáfora, no es literal, se refiere al interior. Entonces ¿Dios es heterosexual, bisexual, homosexual? ¿Dios es tímido, hiperactivo, bipolar?  Espero que no me digan normal, porque qué es ser normal, ¿ser como todos?

Por eso hoy hay quienes hablan de otredad, no se trata de que todos somos iguales, tampoco de tratar de entender al otro desde mi modo de pensar, se trata simplemente de ser consientes de que todos somos diferentes, convivir y respetar la diferencia. 

jueves, 28 de agosto de 2014

Sentarse en el pasto húmedo


Desde muy niño mi madre y mi abuela me enseñaron que era malo sentarse en el pasto mojado, se le sube el frío, me decían. 

Más tarde, cuando era adolescente alguna vez me senté en el pasto húmedo, vi un copetón en un árbol y se lo señalé a mi hermano menor.  De repente mi cuerpo dejó de responder, no podía hablar, no podía mover los brazos, luego las piernas, luego eran los párpados y finalmente me desmayé. 
Minutos después al despertar, estaba rodeado de mi madre y los vecinos, faltaban un par de días para mi cumpleaños 14 y por ese desmayo estuve hospitalizado y no hubo celebración. 

Desde entonces nunca me senté en el pasto húmedo, pongo ropa o algo que me proteja, aún cuando el diagnóstico de lo que me  ocurrió fue ataque de amebas que se me subieron a la cabeza y hasta me hicieron desvariar y convertir las cortinas en mujeres bailando. 

Nunca me senté en el pasto, hasta hoy. Me senté a pensar en las decisiones que debo tomar. Recordé esta historia de mi juventud, recordé también mi clase de la semana pasada con los estudiantes de maestría en la que les hice unos ejercicios heurísticos que creó Elizalde para romper paradigmas, dos de ellos hablan de cómo nuestro cerebro nos engaña, se inventa y complementa información, se inventa realidades a partir de la experiencia, solo para darnos seguridad. Otro ejercicio habla de cómo existen cosmogonías que se pretenden imponer como si fueran la única realidad, de cómo, al hacer parte de esos grupos sociales con esas cosmogonías nos llevan también a inventarnos realidades socialmente aceptadas. 

Caí en la cuenta de que estaba sentado en el pasto húmedo, que había visto un copetón como en mi adolescencia y no me desmayé; caí en la cuenta de que lo que dice Elizalde no solo aplica para los paradigmas científicos y teóricos, caí en la cuenta de que no estoy obligado a tomar decisiones, ni ha decir sí a lo que la sociedad dice que debería decir sí. 
Por mucho que decisión diga deci-si. 

Caí en la cuenta que así como me levanté del desmayo, me he levantado muchas veces más y que si la culpa no es del pasto húmedo sino de las amebas, me puedo seguir sentando a echar globos sin llegar a ninguna parte. 

sábado, 9 de agosto de 2014

Retorno

"Éramos un grupo de jóvenes de 23, 26 y 27 años con un jefe de 29 a los que nos pusieron a soñar, lo que decíamos serían los lineamientos de esa política no solo en Colombia, pues fuimos pioneros en el mundo" MTB

Al abrir aquella vieja  puerta de madera entré a hacer parte de un equipo de jóvenes soñadores un poco crecidos y creídos, debo reconocerlo. Ninguno, ni siquiera el jefe del equipo había cumplido los 30. Con jeanes, camisetas y tennis, unos punketos, unos con el pelo azul y otros fucsia hablábamos con la seguridad que daba el no saber que lo que hacíamos era importante no solo para el país. 

Así, Lachaus armaba convenios con autoridades ambientales, MTB definía criterios y protocolos biológicos, Ladri hacia lo mismo en agricultura ecológica, Josedi analizaba mercados y otros tantos nos encargábamos de información.. Hoy recuerdo haber ayudado en una presentación para la cumbre de ecoturismo de 2002. 

Tampoco ayudaban nuestras caras de jóvenes que sumadas a las pintas provocaban en quienes nos visitaban en busca de información el cuestionamiento repetitivo ¿Usted cuántos años tiene y usted si sabe?

Recorrimos el país de punta a punta, pasábamos de las plantas medicinales, a los frutales amazónicos, a las flores tropicales, a las mariposas, al ecoturismo y hasta de café y caña aprendimos. Visitamos aeropuertos de edificios de madera, o con apenas sillas de plástico como counter. 

El Instituto y el país se fue quedando chico, el jefe fue el primero en salir, le siguieron MTB, Male, Rodri, Lachaus y Josedi. A la par iban entrando Jag, Zlop, DMG, LuisaLo. 

EEUU, Suecia, Suiza, Chile, Perú y Australia. Unctad, TNC, OEA etc, fueron los destinos a los que paulatinamente fueron migrando. 
Un pequeño grupo quedaríamos hasta el día en que el tema y la gestión del equipo fueron muy grandes para el Instituto. 

Para ese entonces ya cada uno había escrito al menos un libro y había dado una conferencia internacional, los lineamientos creados habían sido ajustados y ratificados en varios países, pero aún en ese entonces, seguíamos sin ser darnos cuenta de lo trascendencia de lo que habíamos hecho. 

Siguieron los años y de aquel equipo inicial apenas quedaban recuerdos, algunos siguieron en los mismos temas en múltiples latitudes, otros cambiamos de tema específico aunque seguimos con ambientosos y sociolísticos. Y por los azares y ciclos de la vida, los jóvenes de aquella época hoy rondamos los 40, años más, años menos, la nostalgia supongo, ha invadido a algunos y han retornado al país y a la ciudad, nos hemos vuelto a encontrar en eventos. 

Quizás por esa nostalgia y su retorno al país, MTB nos invitó a una reunión, más de 10 años sin verla, al resto las había visto este semestre luego de varios años también, conversamos sobre el pasado, recordamos nuestros inicios, nos quejamos de los jefes y de la sociedad que se roba las ideas de subalternos y latinos, criticamos que aún trabajando en el exterior, los consultores internacionales son del norte del planeta...conversamos y en medio de los recuerdos, por instantes, solo por instantes caímos en la cuenta de lo que hicimos de jóvenes, para luego reírnos y continuar hablando de la vida y los temas mundanos propios de nuestra edad, los hijos, las mascotas y las enfermedades. 

Tres días después me reuniría con un equipo de investigadores, me llamaron para asesorarlos en ecoturismo, un ingeniero me habla de temas ambientales, cambio climático, restauración, suelos, etc, como quien le habla a un niño sobre física cuántica. Luego me presenta la parte donde yo aportaría, no sin antes explicarme qué es biocomercio y negocios verdes, sus principios y criterios, sonrío, Marta la jefe del equipo sonríe y le dice eso no se lo expliques a él.

Tiempo después le contaría que esa definición y esos criterios son justo los sueños de un grupo de jóvenes de hace poco más de una década. 

lunes, 14 de julio de 2014

39

Presuroso me acerco a los 40, con la incertidumbre cada vez más grande sobre lo que quiero hacer con mi vida, como si en verdad a esta edad se pudiera hacer algo por cambiarla o como si fuera necesario un cambio. 


Paradójica época en la que la ropa refleja la etapa de la vida, eso que no es de jóvenes y eso que menos es de viejos, muy bien por quienes me regalan prendas de cumpleaños, yo no sé ni qué escoger. 


Hoy no sé si doctorado, si es allí o si es allá, si seguir en la docencia, en la academia o volver a consultar, si es la finca en el Vichada o una casa en zona Austral.

Por ahora mi deseo en la torta de cumpleaños, es lo único que hay claro, pero no lo voy a contar. 

lunes, 26 de mayo de 2014

Butterflies and hurricanes

Comenzamos el semestre hablando de teoría general de sistemas, sistemas complejos, resiliencia, física, biología, etc. Bajo la premisa de construir colectivamente les puse un reto, lanzar muchas preguntas, al igual que en su clase de inglés, la respuesta no puede ser un simple "yes or not" deben argumentar, deben cuestionarse y cuestionarme. 
Menos de cuatro meses después, cada clase, cada encuentro en los pasillos con los estudiantes era un espacio de debate, de cuestionamiento.

Varias de mis clases tienen vídeos, fragmentos de películas, dibujos y algunas tienen banda sonora. 
Se llega la clase final, discutimos sobre paradigmas y utopías, lo que otros países han hecho, lo que comunidades han hecho, lo que he hecho. Es la hora de cierre, una pregunta en la pantalla ¿y ustedes qué harán?, acompañada de la canción:

"Butterflies And Hurricanes"
(Muse)

Change everything you are
And everything you were
Your number has been called
Fights and battles have begun
Revenge will surely come
Your hard times are ahead

Best,
You've got to be the best
You've got to change the world
And use this chance to be heard
Your time is now

Empiezan a sonar los aplausos, es extraño, algunos se ponen de píe para aplaudir... Ojalá pudiera leer sus miradas y sonrisas. Varios se acercan a darme la mano para despedirse y agradecerme. 
Joa se acerca, sus ojos a punto de las lágrimas dan la pausa para poder hablarme "La semana pasada asistí a un evento sobre alternativas y economía, de no ser por esta clase en la que aprendemos tantos términos y la postura crítica, no hubiera entendido, ni participado, la gente decía ¿quién es esa chiquita que habla?" Joa toma un nuevo respiro y me dice "gracias". 

Rumbo hacia la facultad, camina junto a mi Alejo, antes de despedirse me dice: 

..."no se qué sea de mi vida, qué vaya a hacer, pero gracias por enseñarme a soñar con que podemos cambiar el mundo."

Postada:
Repetí la metodología y las dinámicas varios semestres, como repetí poner esta canción como cierre de semestre, siempre se me hicieron agua los ojos al ver la respuesta de las y los estudiantes

sábado, 3 de mayo de 2014

Del desubique al reencuentro

¿Y qué hace un diseñador industrial hablando de sostenibilidad, de turismo, de temas sociales?

Por varios años esta fue la pregunta luego de, realizar alguna conferencia, que alguien me presentara en un evento o simplemente cuando un nuevo jefe quería saber qué había estudiado.


Mi respuesta cada vez más elaborada, pasaba desde cuestionar la pregunta por irrelevante o por discriminar, hasta tratar de maquillar con la maestría en ambiente y desarrollo. Incluso alguna vez adelantándome a la pregunta, dije en una conferencia que la preocupación y la acción ambiental y ecológica no son exclusivas de biólogos, ni siquiera de profesionales...hubo aplausos. 

La verdad, como muchos de los estudiantes de últimos semestres en pregrado o los recién graduados, sentí en esa época de juventud que no había aprendido nada en la universidad y que diseño industrial era un mar de conocimiento con un centímetro de profundidad. Eso si, nunca me arrepentí de haber estudiando diseño. 

Durante los primeros años de profesional la búsqueda de trabajo solo confirmaba mi supuesto, nadie buscaba un diseñador industrial y quienes los buscaban lo que necesitaban era dibujantes o vendedores.

Luego de cortarme el pelo para mejorar mi presentación, logré  ser vendedor y dibujante, los azares del destino me llevarían a la industria de desarrollo de software donde mi primer jefe me presentaba como "el mejor diseñador de interfaces gráficas de usuario del país". Rápidamente autoaprendí a programar, a convertir las necesidades de los clientes en diagramas y diseños lógicos y físicos. Descubrí que tenía una habilidad supuestamente innata para entender los problemas de los usuarios y convertirlos en requerimientos de programación para los ingenieros, al punto que los clientes pedían a mis jefes que yo asistiera a todas las reuniones porque servía de puente. 

Los mismos azares me llevarían al mundo ambiental, ecológico y al trabajo con comunidades. Ahí descubrí una habilidad supuestamente innata de trabajar con comunidades, podía comunicarme fácilmente con campesinos, les podía hablar de ergonomía en las ruanas sin nombrar ergonomía. 

Los azares del destino de estos días me reencontraron con compañeros de hace diez años en el mundo ambiental, también con compañeros de hace 15 en el mundo del software, de hace 20 en el diseño y hace 22 cuando era estudiante en un colegio agropecuario y con mis tíos de esa infancia en el campo. Entonces es inevitable mirar hacia atrás para reencontrar que las habilidades innatas no lo son. 

En el colegio agropecuario además de aprender a sembrar maíz, hortalizas y frutas, vacunar y castrar toros, cerdos y ovejos, aprendí algo que se llamaba Técnicas de Promoción para la Comunidad, a los 15 años ya sabíamos cómo diseñar encuestas sin sesgar la respuesta y también cómo sentarse a hablar con comunidades, al fin y al cabo mis compañeros de colegio eran campesinos hijos de campesinos, aprendimos a movernos en la cotidianidad. 

Reencontré también que las habilidades para entender al usuario y a los ingenieros,  para proponer soluciones independientemente de conocer la técnica para construir las herramientas, de poder trabajar en diferentes sectores, esas habilidades tampoco son innatas. 

Fue justo el estudiar diseño industrial, lo que me ayudó. El enfoque en partir de necesidades y problemáticas para buscar soluciones integrales. No importaba si era plástico, metal o madera, no importaba si era una silla, una lámpara, una cama o un carro, no importaba la industria en la que trabajáramos, debíamos entender la necesidad y la problemática en su contexto, así no supiéramos de física de materiales. Aprendimos que el diseño sin las demás ciencias era vacío, sabíamos que necesitábamos de los demás para poder sobrevivir.

Nos enseñaron a ser críticos y autocríticos, a buscar e investigar, nos planteaban retos sin darnos soluciones, y aprendimos tanto, que incluso fuimos críticos con los profesores que decían que los diseñadores son los amos de la forma. Aprendimos tanto, que hoy es difícil encontrarse con otro diseñador que haga lo mismo que uno, cada quien se ha adaptado a su sector, y en la mayoría de los casos, lo hace bien.

Los azares del destino llevaron a que esta semana una estudiante a quien le dirijo su trabajo de grado, me enviara una imagen por whatsapp sobre la relación que existe entre "tensegrity" resiliencia y adaptación, el ojo se me aguó; en octavo semestre diseñamos con José Luis un sistema de protección de caída de altura para obreros en construcción, nos basamos en tensegrity porque era adaptable y aprovechaba las habilidades de los trabajadores, se apoyaba en las estructuras del edificio.
En octavo semestre no había Google, ni yo sabía qué era resiliencia, ni que trabajaría en ecología, con comunidades o como docente, en octavo semestre con José nos sentimos en el lugar equivocado pues los profesores nos dijeron "muy buena la idea, pero tensegrity es arquitectura".

miércoles, 23 de abril de 2014

Cuando una puerta se cierra, se abren muchas.

No sé si era 2001 o 2002, pero en esa época, el internet como herramienta para encontrar empleo era incipiente. Así que fue la amiga, de la hermana, de la amiga, de la compañera, de una conocida, quien me dio un dato: "necesitan diseñador". 

Del oscuro piso 11 de un edificio en la 72 en el que trabajaba, salí a golpear la puerta de madera de una casa antigua y bien conservada junto al parque Nacional. Se abrió la puerta y entregué mi hoja de vida, sin sospechar, como nunca se sospecha, que en ese momento mi vida tomaría un nuevo rumbo.

Fui seleccionado, inicié en Bogotá como diseñador web de un sitio, luego de otro, y otro más, aprendí de biocomercio, aves, biodiversidad. Los de la casa vieja, aburridos con los diseños de un colega, me mandaron a tres departamentos para diseñar una estrategia de comunicación, aprendí de restauración y paisajes rurales. 

Los de la casa vieja se juntaron con una organización internacional que trabaja en agricultura y alimentos, recordaron que soy diseñador industrial y me mandaron a tres departamentos para desarrollar productos con artesanos, aprendí de mercados, sostenibilidad, lana, negocios, economía campesina. La casa vieja se hizo el destino frecuente durante casi tres años. 

Apareció una nueva convocatoria y un 23 de abril de 2004, la puerta de madera se abrió para recibirme por tiempo permanente. Un equipo de siete personas jóvenes (entre los 23 y los...no sé cuántos años tenía JAG) de diferentes disciplinas, tan jóvenes que nuestros interlocutores no nos creían cuando les hablábamos. Nos hicimos buenos amigos, nos dábamos consejos de mejora, en lo académico y hasta de cocina. Crecimos, matrimonios, divorcios, maestrías, migración.

Recorrí casi los 32 departamentos de Colombia, incluso salí varias veces del país, y aprendí tanto, tanto, que no cabe en este pequeño espacio. La puerta de madera se cerró en diciembre de 2008, pero antes y después de cerrarse me abrió muchas más puertas, una de ellas mi trabajo actual.

Hoy 10 años después de ese 23 de abril de 2004, ninguno de los siete del equipo trabaja en la casa vieja, todos tenemos maestría, más de la mitad hemos vivido fuera de Colombia, todos, somos de alguna forma exitosos, tres viven fuera y una de esas tres personas me escribe justo 10 años después para abrir otra puerta, ¿y ahora?.



martes, 18 de febrero de 2014

Yo también crearé mi secta y la llamaré religión

Y montaré cursos, daré diplomas, graduaré estudiantes y aprenderán de dioses de aquí, de allá y del más allá, pero también de mitos y leyendas, de física, metafísica y filosofía, con los nombres y lenguas de aquí, allá y el más allá. No será tan fácil como en otras sectas en las que solo hay que leer un libro. 

Y hablaré del monte Sin Ahí como metáfora de los no lugares, de la gente sin tierra, de los desterrados. 

Yo también crearé mi secta y la llamaré religión, animales, plantas, hongos, bacterias, piedras, agua, aire, seres vivos y abióticos tendrán derechos y serán respetados, pues la naturaleza será la mayor de las deidades.

Y no habrá uno sino muchos dioses, pues al sol se le agradece que exista el día, la energía y la luz, y como el sol brillan millones de estrellas en el universo. A la luna se le agradecen las mareas y la luz en la noches, y así, a cada elemento de la naturaleza tenemos algo que agradecer.

Yo también crearé mi secta y la llamaré religión, en ella el perdón de los pecados requerirá no solo de recitar párrafos de arrepentimiento, para que dejemos de pecar y lavar nuestras culpas con rezos.

En ella no habrá un mundo nuevo, para ver si cuidamos el que tenemos, tampoco habrá otra vida, para ver si valoramos la que vivimos. 
No habrá demonios ni diablos, para que cada quien asuma la responsabilidad de sus errores.
Y los dioses no harán favores personales, para que cada quien asuma sus responsabilidades

Y en ella el temor a dios no será el impulso, lo serán el respeto, la comprensión, la solidaridad y el amor. Por eso en mi religión permitiremos gais, lesbianas y transexuales, porque en mi interpretación, uno de los dioses dijo claramente "aménse los unos a los otros" y no "aménse los unos a las otras".

Y la fe no será la disculpa de la ignorancia, la calma para los miedos, ni el límite a la inquietud, mucho menos la respuesta a lo desconocido. La fe no será ciega, tendrá ojos, nariz, boca, piel y sobre todo cerebro. 

Y tampoco cobraré diezmo, allá el que pueda ayuda al que lo necesita. Y los milagros no serán multiplicar pan y vino, pues ya somos una sociedad obesa, mal nutrida y ebria. 

En mi religión no habrá pastores, porque los humanos no son ovejas o borregos que necesiten pastor, ni los borregos y ovejas son humanos, que necesitan religiones, pues ya son felices.  Tampoco habrá reyes ni estructuras jerárquicas en las que un dios habló con un humano y lo hizo el elegido; en mi religión con tantos dioses y la naturaleza como la principal deidad todos estamos en línea directa.

Yo también crearé mi secta y la llamaré religión, admitiré que no somos mormones pero si mamones. Acepto que mi religión, como todas las religiones y como todas las creaciones humanas tienen el problema de que al ser el fruto de la visión de una cultura, desconocen las otras visiones, por eso no trataré de convencer a nadie, por eso es mi religión.

Acepto el reto, sé que sería más fácil vender la idea de salvar almas a vender la idea de salvar vidas; sé que sería más fácil ilusionar con un mundo mejor inexistente, que mejorar el que conocemos.