domingo, 25 de noviembre de 2018

La compra del reloj

Aeropuerto de Munich, 25 de noviembre de 2018, seis horas de espera entre mi vuelo de Paris y el que me lleva hacia Ciudad de México, mientras almuerzo, me llaman la atención los gritos de un hombre, me doy cuenta que se trata de una conversación entre dos personas cuya lengua materna no es el inglés, un asiático rodeado de su familia, y un alemán vendedor de relojes.
El vendedor le cuenta las características del reloj, el porqué vale $12.000 euros, le dice que al cabo de 200 años, ese reloj seguirá funcionando, será la mejor de las herencias. El asiático tiene mil dudas al respecto, sobre el color, dorado o plateado, si mejor este o aquel, habla con su esposa y con su padre, les traduce la conversación.
Doy una vuelta por las pocas tiendas de este piso del aeropuerto, somos muy pocos viajeros, debido a lo grande del mismo y a la puntualidad de los alemanes, desde todas las tiendas alcanzo a escuchar la voz del asiático conversando con el vendedor.
Tres horas después sigue la negociación, el vendedor exhibe sobre una mesa de la tienda tres relojes en lujosos estuches, el asiático en una silla tiene a su padre a la izquierda y a su esposa en la derecha, es un hombre joven con jeans y camiseta, zapatos tenis de lujo, su esposa con ropa de marcas reconocidas, su padre pelo blanco. El vendedor de alrededor de 50 años, pelo y barba con canas, hace bromas que los otros tardan en comprender, ya me enteré de los materiales del reloj, que fue hecho a mano, la esposa se mide los relojes. Me voy a dar otra vuelta por las tiendas.
Son casi las 10.00 pm, escucho el llamado de mi vuelo, voy hacia la puerta de abordaje, el asiático, ya solo, está pagando el reloj,  el vendedor sonriente lo felicita por la compra. Soy del grupo 4 de abordaje, veo como el vendedor aún sonriente habla con su compañero de tienda de la venta, se pone su abrigo, su bufanda, cierran la tienda, activan la alarma y se marchan.
Minutos después, justo cuando hago la fila para abordar, veo al asiático que regresa, tiene una duda, al mirar la tienda cerrada mira con cierta tristeza su reciente compra, avanzo en la fila hacia al avión, al tiempo que el asiático se marcha también hacia su vuelo.

miércoles, 26 de septiembre de 2018

La estancia doctoral

No sé si generalizo, pero en América Latina nos forman con la idea de tener que conocer Europa, fue mi sueño desde niño, me llamaba más la atención que conocer los EEUU. Luego, al trabajar en turismo el deseo por este viaje aumentó. Desde hace unos 10 años venía posponiéndolo, "cuando terminé la maestría", "de regalo de tu grado", "de aniversario", "el año que viene".... y así.

Cuando supe de la oportunidad de hacer estancia doctoral fuera, lo primero que se me ocurrió fue ir a visitar mi país, "Cómo se te ocurre, aprovecha y conoces", me dijo un profesor colombiano. Después de tres segundos de pensarlo, me convencí y le escribí a una de mis evaluadoras de tesis que vive en España, es mi oportunidad, me dije y a ella le pareció.

Casi año y medio tomó lograr la estancia, entre convencer a mi director, mi comité asesor, conseguir los papeles, que en posgrado me aceptaran y una beca. Les confieso, la beca es poquito dinero, no alcanza ni para el alojamiento, por lo que hay que tener buenos ahorros y millas acumuladas, si de un viaje al exterior se trata.
Como el presupuesto es limitado, compré los tiquetes aéreos con millas, me alcanzó hasta Paris, por eso resulté dando la vuelta: Tuxtla, Ciudad de México, Munich, Paris, Madrid, Alicante. Sí, cuatro países, cinco vuelos que sumaron 16 horas, casi dos días viajando.

"Uno te escucha y piensa que haz hecho todo lo que quieres en la vida", me dijo Estela la sicóloga, recuerdo que me enojé al escucharla, luego me explicaría que no es que haga lo que quiero sin importarme nada, sino que en realidad, como pocos, he tenido la oportunidad de hacer cambios y decidir en mi vida, con los costos que implica hacer lo que uno quiera.
Así que este viaje es también lo quiero, aunque implica separarme de Rivera de Mar, cuando mejor estamos.

miércoles, 18 de julio de 2018

Reflexiones sobre ser profesor

Ser profesor fue un sueño desde que era niño, gracias a la admiración por mis maestros, que siempre me hablaron de la responsabilidad que tenemos de contribuir en la construcción de un mundo mejor. 
Al comienzo, pensaba terminar la carrera y regresar a ser maestro en el colegio en el que estudié la primaria, luego que debería ser profesor en el colegio de secundaria, luego soñé ser profesor en la carrera de diseño, finalmente hace unos 16 años empecé como docente en temas de sostenibilidad, emprendimiento y turismo. 

Tuve la fortuna de que mis profesores del colegio incentivaron el pensamiento analítico, critico y argumentativo. Asimismo, que nos enseñaban en contexto, en nuestras clases de química explicaban qué era el ph y en el laboratorio hacíamos estudios de ph del suelo para saber cómo debíamos fertilizar los cultivos. Me formé sin saberlo bajo una educación integral e interdisciplinar. 

Por eso quiero iniciar indicando que aunque en la actualidad hablamos de complejidad, posmodernidad, caos, construcción social, transdiciplinariedad, holística, respeto a la diversidad, etc. La educación sigue siendo del siglo XVIII, jerárquica, cartesiana, mecanicista, reduccionista y dividida en cajas del conocimiento, en la que la ética no tiene cabida o es un adorno. Una educación que a partir de la revolución industrial es para el trabajo, no para la vida, ni la felicidad. 

Creo que como docentes a veces caemos en la subvaloración de los estudiantes , en estigmatizar las tecnologías y a las nuevas generaciones. "Ellos no leen", "ellos no pueden". 
En efecto, hoy existen tecnologías de información, redes sociales, Google, etc, hoy los estudiantes están a dos clic de explicaciones en vídeo sobre física cuántica, lo cual para muchos plantea el interrogante ¿qué enseñar si ya se encuentra todo en internet? 

Creo que la respuesta es sencilla, si el enfoque sigue siendo la memoria y dar recetas, no tendremos nada qué hacer como docentes. Pero si queremos ir más allá, incentivar la construcción de conocimiento y de saberes, la investigación, la creatividad, la innovación, pero sobre todo, la felicidad, la humanidad, la empatía y la búsqueda de un mundo mejor, tenemos todo por hacer. 

Ahora bien, el modelo educativo nos sigue pidiendo que evaluemos en términos cartesianos, numéricos y estandarizados, sin entender la complejidad, la diversidad y la diferencia que nos caracteriza. Esto ha llevado a que la meta de la educación sea el pasar las materias, los exámenes y los semestres, no el aprender. 

El modelo además incentiva la competencia entre los estudiantes, no la cooperación. De allí que algunos alumnos me cuestionaran la forma en que los evaluaba o los ejercicios académicos, pues iban en contravía de lo que veían en mis clases. Ese fue un aprendizaje valioso, cómo valorar el trabajo y aprendizaje más allá de lo numérico, cómo incentivar la colaboración y cooperación en lugar de la competencia. Por eso los mismos alumnos me decían que no hiciera debates sino conversatorios, por eso al final hacía parciales en grupo y permitía que se colaboraran. 

Este afán por la nota, por ser el mejor ha llevado a que algunos estudiantes olviden el sentido de la educación y de la vida, y como en los negocios hagan lo que sea necesario pasando por encima de los demás para obtener la mayor rentabilidad en este caso expresada en una buena calificación. 

"Si querían enseñarnos al mundo real, muchas gracias este es el mundo real, un mundo donde no hay humanidad, hay egoísmo, pasan por encima de todos para beneficio individual y los jefes en este caso los profesores los premian". Palabras de un alumno a quien aprecio mucho y quien también me dijo alguna vez que todo eso que yo criticaba en mis clases de la sociedad, pasaba en la educación. 

Son justo estudiantes como él, los que me hacen pensar que lo que hacemos vale la pena, que el cambio es posible. Tuve la fortuna de ver el cambio en varios estudiantes en sus modos de pensar, en su argumentación, no hay mejor momento en la vida de docente que ese en que el alumno es capaz de cuestionarte y defender su postura con buenos argumentos. 

Denle autonomía y libertad a los estudiantes. La educación es tan opresora que la libertad cuesta, recuerdo cuando les decía a los estudiantes que hicieran un ejercicio libre, me respondían ¿cómo quiere que lo hagamos?

Escribí esto el 20 de diciembre de 2015, dos semanas después de haber renunciado como profesor debido a que comenzaba el doctorado.

Pd: en este blog hay una etiqueta para todas las cosas que escribo sobre la docencia 

sábado, 14 de julio de 2018

XLIII

Se llegaron los XLIII, quise no levantarme por el nudo en la garganta que me acompañaba en esa mañana.  Muy temprano recibo los mensajes de mi madre, luego los de mi hermano, así, mi intento por dormir hasta tarde se disipa. Vendrían después saludos de otras latitudes, del resto de la familia, también los de las ahora amigas de aquí pero vienen de los mismos Andes en que nací.
No hubo, como no hay desde hace años, los típicos detalles matutinos; aparte del nudo en la garganta,  la compañía es Kimosabi, el gato. Mi menú consentidor es arepa, tocineta, huevos y café colombiano, quise vino al desayuno, pero los ánimos no me dieron, la botella sigue en la nevera. Empieza luego mi lucha interna por obligarme a salir.
Busco la pinta del día, unas medias de gatos, el resto está jodido, la ropa preferida anda toda en la lavandería.

La ex-estudiante con quien planeamos celebrar pero tuvo un viaje, regresó antes, me invitó a almorzar, ya sabe de mis temores por encontrarme con la brisa del Combeima y junto a ella el viento frío del Cauca bogotano. Sí, hasta el Sur del Norte llegan en verano ventarrones andinos. 

Por el camino una camiseta de monstruos tiernos, se junta a los tres muñecos que serán mis tres regalos. En el restaurante me encuentro con mis primeras clases de género en México que incluyen su marco. Marcela, la ex-estudiante, me regala flechas lacandonas que ella hizo con sus manos, me habla de sus viajes, nos reímos, caminamos por postre, me hace bulling, me promete café colombiano y luego una lagartija es la aclaración. Yo quería vino, así que la invito, allí se nos junta Clara, de nuevo más risas. La brisa me cuenta que me ha visto, sí, la brisa observa.

La noche es joven, Clara me lleva a las famosas quesadillas de Lupita, sorpresa, yo ya había estado aquí hace siete años pero no era aquí, sino más allá. Ahora me presentan dos chilenas con quienes recuerdo a Pao y Valdivia; de nuevo Marcela la estudiante y junto con cinco mujeres voy a la inauguración de una cervecería artesanal. La cerveza mala y el ambiente hippie no aptos para mi edad, ni la de Clara, nos harían escapar, todo cerrado, resultamos en el Puro Mexicano, allí Agnes sorprendida con mi presencia, me daría un fuerte abrazo y un coctel de cumpleaños.

Más conversas, más risas, cada vez temas más profundos, vinos, cervezas, mezcal, las 2.00 am, este ritmo ya no se aguanta a los XLIII. 

En la mañana luego de cantarme las mañanitas por WhatsApp, Clara me había dicho que hoy me dejara querer, así hice o al menos, así lo intenté.


lunes, 9 de julio de 2018

En las previas de XLIII

En esto de vivir solo en otro país los días de celebraciones familiares son de esos momentos que te hacen sentir nostalgia, el saber que ellos se reúnen el día de la madre, la navidad, los cumpleaños y todas esas fechas, en las que mi única participación en el mejor de los casos, son tres mensajes y cuatro fotos por chat.
Mis cumpleaños por su parte, son como ya he dicho aquí, ese único día en el que creo tengo algo que celebrar, pues no soy padre, soy ateo, diseñador ya no me siento, profesor ya no soy, aunque nadie se acuerda de esas otras fechas, la verdad. Ahora, la vaina con mi cumpleaños, es que no me gusta anunciarlo, no me gustan las celebraciones grandes, si al caso la familia cercana y la pareja que tenga en ese momento.
Para este mi cumpleaños XLIII, al igual que siempre procuro no hacerme expectativas, procuro como siempre, pero como siempre me las hago. "La vida no es justa F", después de un hermoso domingo soleado llega un lunes lluvioso, gris, frío, con él las divagaciones de qué hacer en mi cumpleaños retornan al que es también mi plan habitual, aislarme.
La vida me pone el reto de decirle a "amigos y amigas" que quiero celebrar mi cumpleaños porque no quiero estar solo, para quienes me conocen, decir eso, en verdad es un reto. Pero la vida en efecto no es justa, los amigos no están, las amigas no estarán o no podrán estar y no haré una lista de casos que llevaron a que me sintiera de nuevo en soledad.

Pero ando con otro reto, salir; me invento un paseo solo en el auto, la sicóloga y Riv de Mar me dijeron ¿por qué irte solo?, la lista de casos que no les contaré incluyen las varias respuestas a mi propuesta de acompañarme a pasear. Así, reaparecen mis planes de celebración. Bones me lo dijo hace tres semanas "supongo en tu cumpleaños te encerrarás en tu casa o te irás a un sitio solitario, apagarás el celular y no permitirás ni que tu mamá te felicite".

Es el lunes 9 de julio, gris, con ganas de lluvia, un día frío, pongo mi lista de preferidas, no las de darme ánimos, hoy no estoy para eso. Con pocas personas he hablado lo que me cuesta relacionarme con la gente, con menos aún he hablado de estos aislamientos en los que me sumerjo, sea un viaje solo o sea quedarme en casa, el aislamiento es mi forma de escape, la forma en que huyo.

En ese aislamiento he vivido casi desde que llegué a México, aunque de vez en cuando una clase o reunión me saca y también veo ahora que hace seis meses por la vida con sus injusticias también empecé a salir. Una canción colada en mi lista depresiva me pone a pensar en que lo que tengo es miedo, miedo a sufrir, las nubes se empiezan a mover,  los rayos de sol iluminan mi rostro, recuerdo que anoche vi dos estrellas fugaces mientras pensaba en decir algo bonito, algo poético, eso no me salió, pero hay dos deseos que espero sí.



miércoles, 4 de julio de 2018

Mis encuentros con el feminismo

Soy un hombre blanco heterosexual, tengo los ojos azul-verde-gris, sí, soy el estereotipo que se señala como privilegiado del heteropatriarcado. No obstante, siempre me he sentido afín con las causas feministas y también antidiscriminación de cualquier tipo, al igual que siempre he tratado de luchar contra el machismo comenzando por el mío. Uno de mis recuerdos de infancia es cuando a los 7 años un compañero de clase iba corriendo a golpear a una niña, le hice zancadilla, cayó y el niño casi se descalabra, mis compañeritos se solidarizaron con el niño, ¿Cómo le hice eso?, el regañado y castigado terminé siendo yo.

Sí, soy un hombre blanco heterosexual, de ojos claros, pero también soy delgado, de estatura baja, sin músculos marcados, sin pelo en pecho, lo de la barba es reciente y de mis 42 años he tenido el pelo largo alrededor de 15. Soy hombre heterosexual pero por muchos años me han dicho que parezco niña, luego mujer, mona y ahora güera.
Por esa razón, hombres me han cedido el asiento en los buses como acto de conquista, acepto solo por verles la cara cuando se dan cuenta que soy hombre. Hombres me han restregado sus partes, otros me han hecho piropos, me han dedicado canciones, alguna vez un desconocido a la fuerza me abrazó e intentó besarme en una calle oscura, para luego preguntarme cuánto cobraba. Sé que no es lo mismo, pero entiendo a las mujeres que sufren estas prácticas de acoso.
No solo me han acosado hombres que piensan soy mujer, homosexuales me han visto como si me estuvieran desnudando, me han manoseado en fiestas, en buses, alguna vez un policía lo hizo mientras me requisaba a la entrada de un concierto. Siendo niño un hombre me violó. Sé que no es lo mismo, pero entiendo cuando las mujeres sufren esto.

Sí soy un hombre blanco heterosexual de ojos claros, pero también soy "demasiado sensible", con "su lado femenino demasiado desarrollado", soy un hombre al que varias veces le han dicho que no actúa, ni piensa, ni siente como un hombre, sino como una mujer.
Chimamanda Ngozi (*) explica cómo educar en el feminismo a una niña, una de sus recomendaciones es "Enséñale a rechazar la obligación de gustar. Su trabajo no es ser deseable...", no pude evitar recordar la frase de mi madre cuando yo tenía 17, "eres todo lo que una mujer no quiere, flaco, blanco, sensible, blandito".
Entiendo entonces que gran parte de la vida luché contra ese hombre sensible que no le gusta a las mujeres, quise ser otro hombre el que sí gustara y fuera deseable, nunca lo logré.

Escucho a  Hannah Gadsby (*), el humor no permite sanar, el humor solo crea un momento de tensión y luego risas en quien te escucha, pero terminas convenciéndote de que el chiste es la realidad y tu eres el culpable. Entiendo que por años he hecho bromas con lo que pasa cuando me confunden con una mujer o con mi lado femenino, como he hecho bromas con aquella frase de mi madre, y sí, me lo terminé creyendo.

Hannah Gadsby habla también sobre la necesidad que tenemos todos de tener un vínculo con alguien, con un grupo, con algo; describe esa sensación constante de no encajar en la sociedad, sensación que está ligada a la ausencia de vínculo. De nuevo pienso en mi, hago memoria y de niño nunca tuve amigos, y desde chico he sentido que no encajo.
No recuerdo ningún amigo de primaria o secundaria, quizás unos de 11, en la U los amigos fueron muy pocos y todos con el tiempo se fueron, lo mismo ocurrió con las amigas de los trabajos. Sé desde hace unos años que me siento más cómodo con amigas (mujeres) pues las conversaciones con hombres me suelen aburrir, pero socialmente "un hombre no puede ser solo amigo de sus amigas".

Hace un par de meses jugando cartas con Rivera del Mar, me tocó la verdad, me preguntó por algo mío que ni ella, ni nadie supiera, respondí que llevo la vida en una profunda sensación de soledad. Hoy sé que esa sensación de soledad se debe en gran medida a la ausencia de vínculo y al sentir que no encajo.

Soy entonces ese hombre blanco heterosexual cercano al feminismo y las causas antidiscriminación, que lucha contra su propio machismo, pero que nunca se ha considerado feminista. El feminismo es para mí el camino para entender, entender a la sociedad y también entenderme; entender que esa sensación de no encajar está relacionada con el heteropatriarcado, ese que nos dice qué es, qué no es, qué hace y qué no hace, qué siente y qué no siente, cómo piensa y cómo no, una mujer o un hombre.

Y con decir entender quizás me refiero al sentimiento de empatía, compasión, al que me duela lo que pasa y lo que sufren las mujeres. El feminismo es también la forma en que he encontrado vínculos.

Cierro con que Gadsby también habla de la importancia de contar no bromas sobre nosotros, sino nuestras historias no solo por su efecto para quien la cuenta, también como una forma de sensibilización, de búsqueda de empatía. Hace ya 12 años cuento mis historias por aquí, pero hoy gracias al feminismo y en gran medida a las profundas conversaciones con Rivera del Mar, a ese vínculo que hemos construido, emerge una nueva razón para seguir compartiendo lo que sentipienso.

(*) Esta entrada es el resultado en primer lugar de conversaciones y reflexiones con Rivera del Mar, también de varias mujeres feministas a quienes sigo en Twitter, quien recomendó el bello libro Querida Ijeawele, Cómo educar en el feminismo de Chimamanda Ngozi Adichie. Y finalmente de ver el Stant up "Nanette" de Hannah Gadsby.

lunes, 18 de junio de 2018

El chingado Diego

Tarde de lunes del 18 de junio, estoy en mi casa a las afueras de la ciudad, en una colonia a la que no llegan los buses y hay que caminar 1km si no tienes auto.

Se acerca la vecina a mi puerta.

- Vecino en la puerta hay unos jóvenes preguntando por alguien que no eres tú, pero quizás los conoces.

Salgo, me encuentro con una mujer rubia y su novio también güero

- Hi, I’m looking for Diego (me muestran su foto en el celular), he said us this is his address (me muestran google maps y sí es mi dirección) 
- No, this is my address, but I don’t know any Diego 
- ¿Saben el nombre de la mamá? Dice mi vecina 
- Do you know his mother’s name? 
- No, we don’t know 
- Toman el teléfono, lo intentan llamar, no les responde 
- Ok, gracias, thank you

Nos despedimos, la vecina me dice que pobres jóvenes perdieron su viaje, los debió engañar el típico amigo que consiguen y les dice que se pueden quedar en su casa, y les da una dirección mal.

Le respondo, pues si hubiera venido solo la chica hasta hubiera aceptado que me llamo Diego.

Mi vecina, que sabe que llevo dos años y medio viviendo solo en esta casa, se ataca a reír, no para de reírse, “ay sí, por la compañía”, dice para luego seguir riéndose.

domingo, 17 de junio de 2018

Di-versiones

Mi versión

¿Qué soy para ti?, le preguntó a las 4.25 de la madrugada. "Eres la lluvia que me reverdece, como la lluvia que me enseñó mi abuelo a valorar, esa que hasta el olor del campo cambia y con la cual llega más vida", respondió.
Un mes después, entre besos y palabras contemplaban la lluvia en San Juan Chamula. En el vidrio empañado del auto, ella escribió su nombre junto al de él y dibujó un corazón en el medio. En su momento parecía una actividad espontánea, las locuras que se hacen en el desparche.
Días más tarde, mientras él conducía bajo la lluvia, los vidrios se empañaron y el mensaje reapareció. En ese momento lo entendió todo, era un acto poético, ella quería que en adelante, él la recordara con cada lluvia.

Sé que tu versión es diferente

sábado, 16 de junio de 2018

Sobre el insomnio

¿Pudiste manejar el insomnio? me preguntaron dos de mis profesoras de doctorado, su duda no era por ellos, tampoco por mí, sino por su hija de 16 años quien también sufre de insomnio.
La respuesta me tomó 45 minutos, dejaré aquí algunos puntos por si a alguien le sirven.
Sufro de insomnio desde que tengo memoria, los primeros tratamientos fueron cuando tenía 17 años, en ese momento no existía Google y las enfermedades mentales eran aún más estigmatizadas que hoy.
Me dieron unas pastillas para dormir, 10 años después descubrí gracias a Google que ya existía y a que fui a un siquiatra que las pastillas no eran para dormir, sino para la depresión. Sí, el insomnio está asociado en muchos casos a la depresión.

La cosa con el insomnio creo yo, es que quienes no lo sufren no pueden entender todo lo que se siente, ansiedad, rabia con uno mismo, angustia y un profundo agotamiento mental. En mi caso, puedo tardar varias horas hasta dormirme, luego empezar con disco rayado de sueños, despertarme fácilmente y no poder volver a conciliar el sueño.

¿Qué se puede hacer?
He intentado casi de todo, ni siquiera las pastillas me funcionan, ni la idea de la copa de vino, ni la tasa de leche o té antes de dormir, tampoco hacer ejercicio hasta el agotamiento. ¿Finalmente qué hago?

  • Manejarlo, si me duermo a las 2.00 o 3.00 am, dormiré hasta las 10.00 u 11.00 am, sé que me despertaré pero trato de volver a dormir. Si me duermo a las 10.00pm, sé que a las 5.00am ya no podré dormir más.
  • Los tés funcionan, pero no se trata de tomarse uno antes de dormir, deben ser varios durante el día, prefiero los de valeriana, tila y pasifloras. 
  • Quitarse el reloj y dejar el celular lejos de la cama.
  • Procurar que no haya ninguna luz en el cuarto por más pequeña que sea. Preferir cortinas que oscurecen completamente.
  • No levantarme a escribir, a ver TV, o ver el celular cuando no concilio el sueño, si lo hago ya se me pasará el tiempo.
  • El ejercicio sirve, pero no es suficiente.
  • La meditación, aunque tres personas diferentes me han prometido enseñarme a hacerlo para dormir, ninguna lo ha hecho, pero sé que funciona.
¿En qué se me fue el resto del tiempo en la respuesta?

En explicar que el insomnio al estar asociado a la depresión, tanto en mi caso como en el de la hija de mis profesores, requiere un tratamiento más complejo. En explicarles que sí, los padres y la sociedad nos presionan, más cuando somos niños y adolescentes, que sí, eso nos determina la vida, pero que ellos son buenos padres, que le cuenten a su hija de la razón de su preocupación, sus miedos, que le compartan a su hija que tampoco tienen claro qué se puede hacer y por tanto se pueden equivocar. Les dije también que no la dejen sola, y que, aunque algunos recomiendan la marihuana, la verdad no la aconsejo, no solo porque en realidad no soluciona el problema, sino porque en personas depresivas es muy mala combinación.

Esta explicación requirió abrirles mi vida y contarles muchas cosas personales, no hay forma de hablar de esto sin la experiencia y sin compartir los sentimientos. Hubo lágrimas de lado y lado, por supuesto pero me sentí tranquilo, quizás haya aportado a que su hija se sienta mejor.

PD: Alguien a quien quiero mucho me ha dicho que suelo afirmar que la depresión es algo serio, que de ella no se sale solo y que me contradigo pues no busco ayuda sino creo la puedo manejar solo, pues bien, he decidido volver a terapias sicológicas.

domingo, 10 de junio de 2018

Soledad y depresión

“Tengo el mejor trabajo del mundo. Si estoy infeliz es una falla de mi imaginación." Anthony Bourdain

Se suicidó Bourdain y con eso aparecieron los típicos titulares reclamando cómo un hombre que lo tenía todo se suicida, cómo el hombre que cumplía el sueño de todo hombre de viajar se suicida, cómo un hombre que dos días antes estaba feliz en una fiesta se suicida.  
Esta idea de que alguien que "lo tiene todo", no se debería suicidar cae en el reduccionismo de la depresión y de la vida, como si la depresión fuera un simple berrinche y como si "tenerlo todo" fuera el sentido de la existencia. En últimas, esos titulares refuerzan la idea del capitalismo, si estás mal es porque quieres y, la vida y la felicidad es "tenerlo todo", acumular algo, así sean viajes.

Pues bien, si fuera por las ideas culas sobre cuándo deprimirse y cuándo no, no me debería deprimir, "tengo éxito académico". Sin embargo, llevo más de 15 años desde que me diagnosticaron depresión, he tenido varias depresiones fuertes, sufro de insomnio el cual se acrecienta cuando estoy deprimido, sufro de disco rayado, para quienes no lo sepan se trata de una idea que se repite por horas en tu mente y no la puedes dejar, a veces también se trata de un corto sueño que se repite, te despiertas, vuelves a dormir y sueñas lo mismo, y así por horas. 
Hace poco me di cuenta que no es que sea tímido, es que soy introvertido. Puedo pasar días o semanas encerrado en mi casa, sin hablar con nadie, tan solo chats por whatsapp.

Hace ya dos años y medio vivo solo en una casa a las afueras de la ciudad, vivo en un país que no es el mío, estudio un doctorado en el que hago todo solo, poco voy a donde estudio, no tengo compañeros de oficina y hace más de seis meses que mis amigos de doctorado no viven aquí. 
En estos días vuelven a mi vida esas peleas internas, esas divagaciones sobre la vida, el amor, la existencia que hace años dieron origen a este blog,  y pasa también, que vivo emociones que me tocan el corazón.

Sí, todo lo anterior es un caldo de cultivo, pero nunca he pensado en suicidarme. No obstante, cuando veo las noticias sobre quienes se suicidan, en varios de los casos se dice que nunca hablaron de suicidarse y eso me preocupa. He hablado de la depresión con varias amigas y uno que otro amigo, a veces me canso de esa frase cliché "es que no valoras lo que tienes"...también me rayan esas ideas asumiendo que la depresión de la que sufre alguien es la misma de la que sufren todos.

Hoy caí en la cuenta de que la tristeza se me nota en la mirada, malditas selfies, todo porque quité la foto de perfil por la que todos me decían que se me notaba la tranquilidad, no me sentía como esa foto.

Lo cierto es que me he dado cuenta que perdí la habilidad para escribir en este blog, llevo meses tratando de escribir algo, me justificaba en que solo escribía cuando estaba triste o deprimido, pero llevo días triste y con síntomas de depresión, aún así no escribo nada que valga la pena.

No sé, quizás sea que la magia se fue, lo que sí sé y me repito como mantra, es que teniendo en cuenta las condiciones ya escritas en las que vivo, no me puedo dar el lujo de deprimirme, como le dije a alguien, "si yo aquí me deprimo, paila", ya ni para que escriba bien me sirve la depresión.

viernes, 1 de junio de 2018

Vex k'uj - cambio de identidad

Casi 12 años después de iniciar este blog y luego de casi un año sin escribir aquí, una vez más en la vida renazco y me reinvento. Atrás se queda el nombre de los últimos 13 años, aquel que salió de un poema, Vex k'uj el nuevo nombre que mi familia temporal en la selva me ha puesto.
Vuelvo entonces con nuevas experiencias y sentires, con mucho por contar. Ahí nos veremos.