A medida que pasan los años los amigos se hacen cada vez más pocos, el círculo social además de cambiante, disminuye su radio; a medida que pasan los años aumentan las despedidas y cada vez, más amigos parten. Pleno siglo XXI y en medio de la revolución de las tecnologías de información y comunicación, nos vendieron la idea de que cada vez estamos más cerca, que las distancias no existen, que la Internet, el Skype y el chat lo pueden todo; yo la verdad con el avanzar de los años, he ido sumando partidas de amigos, por ende restando conversaciones y créanme eso el chat aún no lo sustituye.
No es que no me guste chatear, que no me gusten las comunicaciones por Internet, es que cuando los espacios que rodean y la vida misma dejan de ser comunes, cuando se hacen extraños, las charlas de otrora pierden actores y verbos, ni los amigos, ni los espacios se comparten ... Podemos pensar que los espacios internos: los de la alegría, la felicidad y los de las tristezas pueden mantener los vínculos, al fin y al cabo son inherentes al ser, o que las metas personales pueden seguir siendo los hilos conductores, quizás, pero el contexto pesa más.
Se fueron pues Zlop, mi hermana, ivdevil, andrenor, male, Camar ... Así mis conversas sobre pendejadas de la vida se han ido limitando... Hoy soy más consiente que con el pasar de los años y a medida que avanzamos en el mundo del conocimiento nos preocupamos más por el trascender, por recordar, vivimos en balances continuos de lo hecho en la vida, como si pudiésemos hacer algo, como si el destino nos perteneciera y la vida sin éxitos fuera vana o vacía.
Ahora las conversas sobre pendejadas tienen apenas pequeños actores y verbos comunes, personajes del pasado, los sueños del futuro, el afán de una nueva vida de quienes se van, y el afán por seguir sus pasos de quienes nos quedamos.






